Priscila Arias, conocida como La Fatshionista, lleva meses siendo señalada en redes sociales por sus actitudes cuestionables durante su participación en el podcast ‘Seis de Copas’. Y aunque muchos de los insultos y el hate que ha recibido viene desde la gordofobia y el machismo que tenemos normalizado, hay algunos señalamientos que ya eran hora de que se supieran.
En los últimos meses, La Fatshionista, nombre con el que se conoce a Priscila Arias, ha estado en el centro de varias polémicas tras su salida abrupta del podcast Seis de Copas a inicios de 2026. Lo que comenzó como una ruptura profesional mal comunicada escaló rápidamente cuando ex amigas, ex colaboradoras y personas cercanas empezaron a compartir experiencias negativas relacionadas con su trato personal y laboral. A partir de ese momento, resurgieron audios, clips y testimonios que apuntan a dinámicas de poder desiguales, conflictos no resueltos y un ambiente que muchas describen como emocionalmente desgastante.
Así era el ambiente tóxico que creaba La Fatshionista
Lo que más se ha repetido en los relatos es la existencia de un entorno donde el personaje estaba por encima de las personas. Ex colaboradoras de La Fatshionista han descrito un ambiente en el que se fomentaba la competencia, se ridiculizaba de forma “graciosa”, se desalentaba cualquier cambio físico que rompiera con la narrativa del proyecto y se castigaba a quien “brillaba más” o cuestionaba decisiones.
Según estos testimonios, había control sobre los cuerpos, las ideas y las posturas públicas, así como una tendencia a victimizarse mientras se ejercía poder sobre otras. Uno de los testimonios más mencionados sobre La Fatshionista es el de una ex mejor amiga, revelado a través de audios filtrados y publicaciones en X, quien aseguró que Priscila la dejó de hablar y la bloqueó después de que bajara de peso.
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En esos audios, se escucha cómo cuenta:
“La Fatshionista es un personaje y Priscila Arias es otra persona; si bajo de peso, ya no voy a poder ser La Fatshionista”.
Ahora resulta que la marrana de la fatshionista no baja de peso, porque si bajaba… se le iba el negocio, hazme el bendito favor…
Aparte de nefasta … ratera, porque también a la gente que entraba a su agencia, le sacaba el dinero… Qué asco de persona!
Eres una lacra… pic.twitter.com/9hHH48e5Un
— ᗪᖇa. Azazel (@tep4tl) January 16, 2026
Para quienes escucharon ese material, quedó claro que para ella, el cuerpo y la imagen no solo eran parte del discurso público, sino una condición para permanecer dentro de su círculo cercano. La acusación apunta a una forma de manipulación donde, si alguien cambiaba física o simbólicamente, dejaba de “servir” para el personaje y era descartada.
A estos relatos se suman múltiples comentarios de ex colaboradoras y personas que trabajaron con ella, principalmente en YouTube y X, quienes describen un patrón similar. Ambientes laborales donde La Fatshionista necesitaba ser el centro, se apropiaba de ideas o recursos, y ridiculizaba a otras bajo la máscara del humor. Varias coinciden en que si alguien “brillaba más”, se volvía un problema.
También se le acusa de ser gordofóbica en privado, pese a su activismo público, y de imponer una “estética gorda” como requisito implícito para encajar en su equipo. Según estos testimonios, cuestionar esa narrativa o tomar decisiones personales, como bajar de peso, podía significar quedar aislada, expuesta o fuera del proyecto. Aunque no existen pruebas legales concluyentes, la reiteración de estas experiencias dibuja un entorno marcado por manipulación, bullying sutil y relaciones atravesadas por el miedo a salirse del molde.
Es importante entender que narrar estos señalamientos no es lo mismo que sumarse al linchamiento digital. Mucho del odio que ha recibido Priscila Arias en los últimos meses sigue viniendo de la gordofobia, el machismo y el castigo social que se ejerce sobre mujeres visibles que incomodan. Eso no se puede ignorar ni justificar. Pero tampoco se puede usar como escudo para invalidar por completo los testimonios de personas que aseguran haber vivido dinámicas de control, manipulación o maltrato emocional dentro de vínculos de amistad y trabajo.
