Si todavía no has visto ‘La Oficina’, necesitas verla YA. Puede que creas que da cringe y que nada supera la versión de EE.UU., pero después de ver la versión mexicana, varias cosas nos quedaron muy claras. Y es que, a diferencia de la versión gringa, el mensaje social está más fuerte y se volvió aún más relevante.
Estrenada hace apenas unos días en Amazon Prime Video, La Oficina es la adaptación mexicana del formato mockumentary que hizo famosa a The Office, pero completamente ambientada en el mundo godín. La historia sigue a los empleados de Jabones Olimpo, una empresa familiar en Aguascalientes donde todo se siente demasiado cercano a la realidad. Al centro está Jerónimo Ponce III (interpretado por Fernando Bonilla), un jefe incompetente que está por nepotismo, y que convierte cada jornada laboral en un caos.
Pero más allá de lo chistoso, hay algo que mucha gente no está viendo, y es que La Oficina tiene un mensaje mucho más turbio de lo que parece. Y puede que te hayas reído o incluso identificado con ciertas situaciones, pero eso no quiere decir que el mensaje que hay no sea de lo más fuerte. La serie no celebra ese tipo de comportamientos, sino que los exhibe. Y cuando te identificas demasiado… quizá hay algo que debas revisar más a fondo.
El verdadero mensaje de ‘La Oficina’ y la turbia realidad de ser un godín mexicano
Lo que hace tan potente a esta versión mexicana es que toma problemáticas muy reales y las exhibe de una manera muy fuerte… cómo el nepotismo que mantiene a jefes incompetentes en el poder, el sexismo disfrazado de “broma”, el machismo normalizado en la oficina, los comentarios homofóbicos que pasan como chistes, el clasismo y racismo que atraviesan las dinámicas laborales, y el famoso “excelente ambiente laboral” que en realidad es puro discurso vacío.
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Todo eso existe en la serie, pero no para glorificarlo, sino para mostrar la realidad mexicana.
Y aunque estos temas también existían en la versión estadounidense, verlos en un contexto mexicano nos hizo darnos cuenta de muchas cosas. Y es que se trata de lo cercano que se siente este ambiente. Se siente literalmente como tu oficina, la de tu amigo o la historia que alguien te contó en una peda.
Es tan específico que termina siendo universal dentro de México. Y en ese sentido, la serie funciona casi como una especie de protesta, una forma de evidenciar lo que muchas veces se vive en el mundo godín sin decirlo directamente.
Tal vez algunas situaciones están llevadas al extremo, ese es el lenguaje de la sátira, exagerar para que veas con claridad. Para que te rías… y luego te quedes pensando. Lo incómodo no es la serie, es darte cuenta de que no todo es ficción.
La Oficina logra hacer comedia con cosas que, en el fondo, no son tan graciosas. Por eso termina siendo una de las propuestas más inteligentes de la comedia mexicana reciente. Porque no hay nada más mexicano que reírnos de nuestros propios traumas… aunque nos duela tantito aceptarlo.

