I’m dying in this fucking country-ass fucked-up town.
-Isaiah Carey, reportero.
Jared Leto aún se mantiene como uno de los pocos actores que lograron una transición perfecta hacia el mundo de la música sin dejar de lado su pasión por la cinematografía. También podemos admirar al joven pálido de ojos azules que conocimos en “Requiem for a Dream” por su trabajo en 30 Seconds to Mars, proyecto que hasta la fecha continúa vigente. Leto es de una especie rara y única que le precede una serie de talentos cinematográficos fracasando vergonzosamente en un aspecto musical, como Kevin Bacon William Shatner y hasta Bruce Willis, pero el nuevo Joker no está solo.
Michael Cera, adorado en el ámbito indie por sus excelentes cintas, en una acción similar a la de Beyoncé, sorprendió a Internet y a los eruditos de la cultura con el lanzamiento inadvertido de “True That”, su primer intento como compositor e intérprete, que posiblemente es uno de los mejores trabajos que se han lanzado en los últimos años.
“Michael Cera nació en Canadá en 1988 a la tierna edad de cero años”, dice la sencilla descripción de Cera en su Bandcamp, el único sitio al que llegó “True That”. No habla de su otra carrera en ningún punto. No hubo un gran anuncio. Michael no realizó entrevistas previas y no hizo un gran escándalo de ello. Los medios, tomando como ejemplo su actitud, recibieron el trabajo con curiosidad e inmediatamente comenzaron a llamarlo una excelente obra. El hecho que más resaltó fue que nadie pronunció una queja y pocos mencionaron la carrera previa del actor, recibiéndolo como un miembro nuevo, a un mundo que apenas comenzaba a conocerlo.
Entre las entrevistas posteriores, Cera afirmó que no hubo anuncio, ni lanzamiento físico, porque su propósito no era entrar “golpeando puertas”, sino simplemente compartir canciones que compuso y produjo con sólo una computadora y unos cuantos micrófonos en sus noches desocupadas. Y a eso suena el disco, a dulce soledad de las últimas horas del día con la absoluta tradición sucia y honesta del género Lo-Fi. Pero el álbum no podría ser de los mejores sólo por eso. Cera le dio un giro increíble a sus influencias y sin notarlo creó nuevos sentimientos con música antigua.
“True That”, en su versión completa, cuenta con 21 tracks. Ya habíamos escuchado algunos como el tema inicial “uhohtrouble” y “Kettle” cuando Cera dirigió, protagonizó, produjo y musicalizó su cortometraje “Failure”, donde también actúa Aubrey Plaza. Desde ese entonces algo nos indicó que el actor era diferente a sus contemporáneos y aunque lo viéramos constantemente en comedias torpes, podía tener una cierta genialidad oculta. Su álbum es un viaje de baja fidelidad auditiva por blues clásico, jazz y folk pasando por nocturnas de piano y experimentación infantil con música electrónica. Sus letras sintetizan un sentimiento de abandono y soledad adolescente que algunos arrastran hasta sus 30 años.
Chris DeVille de Stereogum destaca la forma en que Cera, con una actitud punk rock, creó con sus propios medios un álbum independiente sin vincularlo con ningún tipo de disquera y además, conecta con el escucha a un nivel más íntimo por la suciedad dentro del audio. En nuestras mentes estamos situados junto a Michael y sus decenas de distorsiones de voz cantándonos sobre historias calmas y trágicas. “True That” es indie en su pura expresión. Nos hemos acostumbrado a llamar así solamente a los artistas que no se encuentran en el mainstream, pero si tomamos el término de forma literal (y cómo originalmente fue planteado) recordaremos que esa etiqueta sólo la merecen aquellos que producen una obra con sus propios medios y conocimientos, así sean pocos o nulos.
Michael Cera toca todos los instrumentos que escuchamos desde la guitarra clásica en “uhohtrouble” hasta las baterías arrítmicas de “Cher Holders”. Hace homenaje a sus influencias con dos sencillos covers: “Clay Pigeons”, un clásico folklórico del legendario Blaze Foler, un ícono de la música tradicional norteamericana y “Play it Again” de un prácticamente desconocido Roderick Falconer. Su elección de ambos sencillos le aporta un sentido más poético a la obra. No usa temas famosos ni emula las presentaciones originales para crear una conexión. Cera se arriesga y presenta lo que él considera digno de compartirse. Incluso la fotografía de portada que eligió para el álbum tiene un sentido romántico que empata a la perfección con su espíritu. No es más que una visión borrosa suya compartiendo el rato con la hija del novio de su hermana, pero evoca un pensamiento inocente dentro de la mente del músico.
“Significa mucho que esa pequeña niña esté feliz cuando está alrededor de mi.”
Siendo un actor conocido y cada vez más admirado por su talento en el cine, Cera pudo haber usado su interés musical para encontrar un lugar, especialmente después de que comenzó a tener diferentes espectáculos en Broadway, pero prefirió no hacerlo. Más allá de su mentalidad libre para hacer música –la cual parece inexistente en nuestros días–, las canciones son perfectas representaciones auditivas de pensamientos honestos. No es un sólo género, es una exploración supernatural de lo que significa expresarse. El álbum creó un mito del actor, que probablemente se hará más grande. Cera no tiene interés en lanzar otro álbum próximamente y no podemos evitar enamorarnos de ese tipo de ideas despreocupadas.
“I’m dying in this fucking country-ass fucked-up town”. Aparece la frase del famoso meme que se popularizó alrededor de 2013 justo antes de que comience apropiadamente el álbum con “Moving In”. Es imposible no hipnotizarse después de una breve risa y de ese sentimiento de familiaridad que ofrece Cera. O quizá era una declaración: está cansado y la música es el único escape.
Y así sea con folk, blues o un vals, recibiremos el indie en su plenitud, con su libertad, inocencia, falsedad y búsqueda por historias que nadie ha escuchado y que vivirán eternamente dentro de nosotros.
Referencias: Esquire & Stereogum.
