¿Soy mala persona por no sentirme mal por las celebridades que perdieron sus casas en Los Ángeles?

Los incendios en Los Ángeles han provocado una mezcla de emociones extrañas en las personas.

¿Soy mala persona por no sentirme mal por las celebridades que perdieron sus casas en Los Ángeles?

Los recientes incendios forestales en Los Ángeles han vuelto a pintar un desgarrador panorama de devastación, que se ha extendido por toda la ciudad consumiendo hogares, desplazado a miles y dejado a miles de personas en la incertidumbre.

En un giro inesperado del destino, la ciudad que se ha convertido en sinónimo del glamour y riqueza, ahora está cubierta de cenizas con cielos llenos de humo que nos recuerdan la furia de la naturaleza.

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En medio de este caos, recibimos una carta de uno de nuestros lectores que nos ha dejado con una mezcla compleja de emociones y preguntándonos cuánta empata deberíamos sentir en esta situación.

¿Cuánta empatía debería sentir por los ricos de Los Ángeles?

A la redacción:

Les escribo desde lejos de los incendios que arrasan Los Ángeles y como todos, he visto en las noticias las desgarradoras imágenes de paisajes calcinados, mascotas y animales salvajes huyendo para salvarse, y, sí, esas mansiones multimillonarias reducidas a escombros.

Y, aunque me cuesta admitirlo, mis sentimientos sobre este desastre son complicados.

No puedo evitar pensar en la inmensa riqueza de Los Ángeles y cuando veo la mansión de una celebridad envuelta en llamas, me pasa que no siento inmediatamente el profundo dolor que sé que sentiría si fuera el hogar de mi familia o el de alguien que lucha por llegar a fin de mes.

Estas personas, con sus vastos recursos y acceso a los mejores seguros, probablemente reconstruirán. Tal vez no la misma casa, pero algo igual de grandioso o incluso mejor. Para ellos, esta pérdida, aunque devastadora, no parece permanente de la misma manera que lo sería para alguien sin sus privilegios.

Me siento culpable por pensar así. No es que quiera minimizar el sufrimiento de nadie. Perder un hogar es traumático, seas quien seas, pero mi empatía se dirige naturalmente hacia otros lados: los animales que no tuvieron oportunidad de escapar, los bosques que tardaron décadas en crecer y se redujeron a cenizas en minutos, y las personas comunes que quizás hayan perdido el único hogar que podrían permitirse en su vida.

He pensado en mis seres queridos en este contexto. Si mi familia lo perdiera todo, sería catastrófico. No hay una “red de seguridad” de millones para respaldarnos.

Y tal vez por eso me cuesta conectar por completo con la idea de alguien que puede permitirse empezar de nuevo con tanta facilidad. Sé que la pérdida no es fácil para nadie, pero no puedo dejar de sentir esto.

De todas formas, por ahora solo envío amor y esperanza a todos los afectados (humanos, animales y plantas por igual). Espero que esta tragedia genere una reflexión real sobre el cambio climático y cómo prepararnos para una catástrofe similar en el futuro.

Esta nota fue escrita originalmente en inglés por Celina Lozano.

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