Uno de los mejores placeres para alguien en sus 20’s o 30’s es ir a ver pelis de niñxs y terminar maravillado con las historias que nos cuentan. No teníamos ni idea de qué tanto nos iba a gustar ‘Zootopia 2’ y terminó dándonos TODO lo que necesitábamos: drama, romance/amistad, comedia, conspiración y un mensaje político que hoy más que nunca debería resonar en el mundo.
En esta nueva entrega, Judy Hopps y Nick Wilde no solo regresan como el dúo dinámico que conocimos en la primera película pues ahora trabajan como detectives y deben resolver un nuevo caso que amenaza a toda la ciudad. Y es que sin dar tantos spoilers, lo que parecía un conflicto interno entre Nick y Judy, termina convirtiéndose en algo mucho más grande, una conspiración que involucra a distintos sectores de Zootopia y que solo puede resolverse enfrentando los prejuicios que todavía persisten entre sus habitantes.
La aparición de Gary, una serpiente noble, tímida y emocionalmente compleja, cambia todo el rumbo de la historia. Es él quien detona la reflexión central de la película: ¿qué hacemos como sociedad con quienes hemos decidido etiquetar como “peligrosos” sin realmente conocerlos?
Zootopia 2: Los mensajes políticos que no sabías que tenía
Aunque a simple vista la Zootopia 2 es rápida, divertida y hasta más ligera que la primera, muchos espectadores han empezado a notar lecturas más profundas. Esa tensión entre especies, las leyes que excluyen, los discursos de miedo, la desigualdad institucional, y una ciudad donde lo diferente sigue siendo motivo de sospecha.
Y aunque Disney jamás lo dirá abiertamente, Zootopia 2 funciona como un espejo político. No porque quiera darnos una clase de geopolítica, sino porque la historia está construida de forma tan simbólica que inevitablemente nos lleva a compararla con situaciones del mundo real.
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La más fuerte, y quizá lo más inesperado, es la relación que varios espectadores hemos encontrado con el conflicto en Palestina. Y a ver, no es que la película trate sobre Palestina ni sobre ningún conflicto específico, pero sí toca temas universales: territorio compartido, prejuicios históricos, sistemas de poder desiguales y narrativas que determinan quién es visto como “amenaza” y quién no.
- Territorio y convivencia: En Zootopia 2, distintas especies comparten espacios que no siempre fueron diseñados para todas. Esa tensión por “quién pertenece dónde” es un eco claro de muchos conflictos territoriales, incluido el palestino-israelí.
- Estigmatización y miedo: Así como ciertos animales en la historia cargan con el estigma de ser naturalmente peligrosos, en el mundo real existen comunidades que son demonizadas por discursos políticos y mediáticos. Se trata de convertir la identidad de un grupo en un arma en su contra.
- Instituciones que reproducen desigualdad: La película muestra cómo la ley y la justicia pueden ser manipuladas para excluir en vez de proteger. En Palestina, organizaciones internacionales y analistas han señalado cómo las estructuras de seguridad y control funcionan de manera desigual, reforzando la asimetría entre las partes.
- La esperanza desde la empatía: El corazón de Zootopia 2 es simple, solo cuando dejamos de ver al otro como “peligro” y empezamos a verlo como igual, algo cambia. Ese mismo principio es la base de las demandas globales por una convivencia en condiciones justas, libres y dignas.
Las metáforas de Zootopia 2 también aplican a debates en Estados Unidos, en México, en Europa, en cualquier lugar donde existan grupos marginados, instituciones con poder excesivo o narrativas que buscan dividir. La película habla sobre cómo construimos al “otro” y qué hacemos con él, un tema tan universal que cada espectador puede encontrar su propio reflejo político.
Al final del día, Zootopia 2 no dicta una postura política, pero sí abre una conversación. El arte, especialmente el que se disfraza de comedia para niñxs, funciona como espacio para imaginar mundos mejores y cuestionar los que ya existen.

