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ESTILO DE-VIDA

Coitocentrismo y otras obsesiones que no te dejan disfrutar del sexo

Por: Rodrigo Ayala Cárdenas 13 de septiembre de 2017

¿Qué pensarías si tu pareja te dijera que tener sexo únicamente a través de la penetración es una especie de disfunción sexual? Seguro que no lo creerías y un gesto de consternación se dibujaría en tu rostro acompañado de una risa incómoda.

¿Cómo es posible que si tu pene está totalmente erecto o tu vagina totalmente lubricada y listos para la acción se hable de una incapacidad sexual?

La idea de que sin penetración no hay sexo y mucho menos placer se conoce como coitocentrismo, una discapacidad que limita a sus participantes a negarse a otras probabilidades eróticas y que tal ve sea la principal causa de que millones vivan una sexualidad insatisfecha la mayor parte de las veces.

Si eres de los o las que no sienten placer si no existe un roce total entre tu sexo y el de tu pareja, es tiempo de que vayas reformulando y explorando otras alternativas que pueden ser igualmente deliciosas o incluso más. Un beso, una caricia, una palabra sucia al oído, el sexo oral o el placer a través de otra parte del cuerpo que no sean únicamente los genitales es otra manera divertida de tener relaciones y estimular a tu pareja. No todo el placer tiene que concentrarse en una zona específica: la piel es el órgano más grande del cuerpo y está lleno de terminaciones nerviosas que se transforman en posibilidades infinitas.

Llevar a cabo relaciones sexuales de la mera tradicional una y otra vez —una visión totalmente machista, por cierto—, puede llevar a una pareja a un hartazgo no sólo físico sino al más grave de todos: emocional. Un hombre que crea que la meta de un coito es eyacular y la mujer que espera lo mismo de su pareja como única vía del placer pueden estar limitando demasiado sus posibilidades y recursos sexuales. De hecho, cabe la posibilidad de estar conduciendo a que el hombre se convierta en un eyaculador precoz, algo que nadie quiere ¿no es cierto?, pues el coitocentrismo limita la acción de una pareja a dos puntos: a) cuando el hombre se declara listo para empezar por medio de su erección y b) cuando se declara incapaz una vez que ha expulsado el semen. ¿Qué pasa cuando a la mujer no le bastan los pocos o muchos minutos que el hombre tarda en eyacular?

El coitocentrismo es la primera causa por la que las personas desconocen otras zonas erógenas de sus cuerpos y el de sus parejas. Limitarse a la satisfacción vaginal hace que una mujer se sienta presionada por concebir orgasmos por esa vía; si no es así, entonces comienzan las frustraciones al creer que ella es incapaz de lograr el placer o que su hombre es un inepto en la cama. Recuerda que entre negro y blanco hay una escala de grises que merecen ser tomados en cuenta para tener no sólo una sexualidad diversa, sino una vida guiada por múltiples caminos que nos ayuden a no tomar siempre los mismos.

«La penetración no es la llave que abre el orgasmo ni mucho menos», afirma el biólogo y sexólogo Bennasar. «Y esto parecía superado, pero no. Es como lo de si el tamaño importa, a mí me lo siguen preguntando en seguida». Por supuesto que no se trata de saber penetrar o cómo ser penetrada, sino de saber que eso no representa el total de la sexualidad. Desde la escuela o el hogar, la sociedad ha aprendido que la penetración es la única vía posible para tener relaciones sexuales sin que nadie se preocupe por ofrecer alternativas acerca de cómo abordarlas de una manera distinta. Es bueno recordar las palabras de la terapeuta sexual Chris Donaghue: «Cuando el placer y no la procreación se convierte en el aspecto más importante del sexo, los genitales son ya más irrelevantes, puesto que las erecciones y las penetraciones dejan de ser imprescindibles».

El cuerpo entero es un inmenso mapa de lugares donde el placer puede ser hallado en caso de ser buscado. Tan erógenas como la vagina o el clítoris, otras zonas como la espalda, los muslos, el cuello y los pies de una mujer pueden ser fuentes de donde se obtengan estremecedoras sensaciones para ella. Para llegar a un mismo destino existen diversos caminos, y en definitiva el pene no es el único (ni muchas veces el mejor) “artefacto” para encender el placer supremo de una mujer. ¿Por qué no intentar llegar a la meta con las manos, con la mirada, con las palabras, con la lengua, con una carta, con una canción…? En definitiva, el sexo por la vía tradicional está seriamente sobrevalorado.

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Tener sexo es una necesidad básica para el cuerpo, la mente y para reforzar lazos de unión con tu pareja, definitivamente pocos se pueden sustraer a su encanto, pero también es muy cierto que si no hay una renovación y una manera diferente de hacerlo se corre el riesgo de caer en una rutina que ni siquiera los más ardientes juegos sexuales podrían rescatar. 


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