Hay un fenómeno que se repite en muchos hogares y es que, después de pasar varias horas en clase, llegamos a casa decididos a hacer la tarea y nuestra mente encuentra una solución aparentemente perfecta para cumplir con los deberes, y es irnos directo a la cama, aunque en realidad estamos cayendo en una trampa enorme.
Es que admitámoslo, a todos nos gusta nuestra camita. Suavecita, calientita, que a veces parece que nos susurra para convencernos que todo estará mejor si trabajamos ahí; y después de una jornada larga, lo vemos como un buen lugar para hacer nuestros pendientes del siguiente día.
La trampa de hacer tu tarea en tu cama
El problema de estudiar desde la cama no necesariamente es la cama en sí, sino todo lo que representa. Es el lugar donde dormimos, vemos series, revisamos el celular y nos desconectamos después de un día largo.
Por eso, cuando intentamos leer un capítulo, contestar un cuestionario importante que el profe nos pidió o terminar una presentación desde ese lugar, es fácil que la comodidad gane, la mente se relaje y terminemos dormidos hasta el siguiente día que ya tenemos que irnos a la escuela.
Y no solo eso, también está la postura. Trabajar con la computadora sobre las piernas o con el cuaderno apoyado en una almohada puede ser cómodo durante un rato, pero mantener esa posición durante mucho tiempo no es precisamente la mejor idea para estudiar.
Aquí es donde tener un lugar destinado para las tareas empieza a cobrar sentido. No necesariamente tiene que ser una habitación entera, a veces basta con tener un espacio exclusivo en tu cuarto para que la mente designe un espacio cómodo para abrir la computadora o un libro y ponerse a chambear en matemáticas o historia.
Esa es una de las razones por las que los escritorios de computadoras se han convertido en mucho más que una superficie donde colocar una laptop o un monitor, en realidad pueden convertirse en ese pequeño territorio que dice: “aquí se trabaja”. Y aunque suene muy serio, también puede ser un espacio completamente tuyo.
Lo puedes decorar, acomodar, llenar de stickers si quieres, poner esa taza que te regalaron en un intercambio o el 14 de febrero y llenarla plumas, colores y borradores, colocar una lámpara en una esquina, tus libretas favoritas en otra, o cualquier cosa que haga que sentarte ahí no se sienta como un castigo. Al final, parte de tener un espacio de estudio también está en hacerlo propio.
Porque así como nuestra cama tiene una identidad muy clara que es dormir, descansar, ver el celular y decir “cinco minutos más” unas 17 veces, nuestros escritorios puede tener la suya, estudiar, escribir, hacer trabajos, conectarse a una clase o simplemente sentarse a organizar todo lo que tenemos pendiente.
Ahora bien, cuando uno habla de escritorios para computadora o zonas de estudio, suele pensar casi por inercia en muebles gigantescos, estandartes pesados de madera que ocupan medio cuarto y que, obviamente, no encajan con la realidad de la mayoría. Porque no todos vivimos en lugares enormes ni tenemos la cantidad de metros cuadrados que quisiéramos en la recámara y si tenemos hermanos, el espacio se reduce todavía más.
Por eso hay escritorios de computadoras pensados para espacios pequeños, modelos que aprovechan las esquinas, opciones más compactas e incluso diseños que incorporan repisas o cajones para guardar cosas sin ocupar toda la habitación.
Lo mejor de todo es que en redes podemos encontrar una gran variedad de ideas para inspirarnos y tener nuestro momento study aesthetic, porque obvi, no podemos dejar que nuestro lugar de trabajo se vea tan serio ni desordenado.
Al final del día, armar un rinconcito de estudio en casa, aunque sea con ajustes pequeños, termina siendo una decisión que el cuerpo agradece con el tiempo, algo que muchas familias resuelven poco a poco en lugares como Office Depot, donde sueles conseguir desde tus cuadernos hasta tu tecnología. Es una inversión directa a tu paz mental y física porque tu cuello y espalda lo van a agradecer.
Cambiar la trampa de la cama por la estructura de tu propio escritorio te garantiza hacer la tarea el doble de rápido, cuidar tu salud física y asegurarte de que, cuando por fin te metas entre las cobijas por la noche, sea únicamente para disfrutar de un descanso merecido y sin culpa de sentir que no hiciste nada.
