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¿La corrección política está acabando con la libertad de expresión?

23 de octubre de 2018

Chris Aguilar

¿La corrección política está acabando con la libertad de expresión de la contracultura? El peligro de las redes sociales al pasar de la colectividad al linchamiento masivo.

Hace un par de meses se dio una noticia poco más que indignante, Scarlett Johansson renunciaba a un papel donde interpretaría a un transgénero. Todo ello por la presión de cientos de personas en la red que argumentaban, la otrora heroína de los Avengers, estaba usurpando el lugar legítimo de una persona de la comunidad LGBTTTIQ. Con todo esto sólo algo queda claro: estamos destruyendo la libertad de expresión y el legado que la contracultura nos heredó por la quisquillosa y lacerante corrección política.


Se le debe a la contracultura que hoy la discusión en cuanto a los derechos de la comunidad gay esté tan avanzada; que, por ejemplo, la actriz Daniela Vega fuera premiada en la pasada entrega de los Oscar. Siguiendo la lógica de los indignados en la red, en adelante la chilena sólo podrá interpretar papeles que tengan que ver con su condición transgénero. Absurdo e injusto en ambos sentidos.



La contracultura, esa oposición a los estándares de la sociedad imperante, siempre tuvo como estandarte la palabra libertad ante un entorno generalmente represor por las llamadas “buenas costumbres”. A la contracultura se le debe, por ejemplo, la generación Beat, que inspiró a Dylan y Ginsberg; el movimiento hippie; que vio nacer entre otros a Janis Joplin, Jimmy Hendrix, The Beatles o The Doors con sus revolución sexual, y por último vimos cristalizadas las ideas de McLuhan con la llamada Aldea Global, esa cibercultura de la que todos gozamos actualmente. Todo con el único propósito de la libre expresión, de que nadie hablara por nosotros.


En esta última, en un mundo cada vez más conectado, estamos por encontrar un especie de medievo moderno. Y es que sólo hace falta darse una vuelta en redes para notar que la indignación ante casi todos los temas es generalizada. Al respecto, en su artículo El porno de la indignación moral, Javier Cercas refiere que si bien los opinólogos podrían provocar solidaridad grupal, más bien las redes sirven para entramar venganzas personales, linchamientos en secreto desde la comodidad de un sillón, búsqueda de prestigio social o simplemente audiencia.

 


Por supuesto que quienes consideran que Johansson le arrebató el papel a un transgénero, deben decirlo, sin importar si están o no equivocados. Lo malo viene cuando en honor de esa libertad de expresión la presión es tal que impiden que alguien ejerza su profesión, en ese sentido estamos cometiendo el peor de los errores, irónicamente jugamos en contra, cuartamos los derechos de alguien más; y la contracultura, ya lo vimos, tan necesaria corre el riesgo de entrar en un receso peligroso cuando estábamos tan enamorados de ella.



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TAGS: Internet estilo de vida cultura
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Chris Aguilar


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