
El frío nunca es sinónimo directo del abandono o la pérdida. Mucho menos de la soledad. Si bien se han escrito múltiples poemas sobre la relación intrínseca entre el suave pero potente escozor de la atmósfera gélida y la vacuidad del corazón, este vínculo es tan relativo como mirar un vaso con agua a la mitad.
Pensemos en la escritura de Pablo Neruda; donde el protagonista de los versos vuelve, en su estado invernal, al sendero de lo taciturno mientras agradece a la muerte pura de la tierra su poder de voluntad. ¿Acaso no son estas líneas además de una afirmación personal como estación climática –permeada por lo negativo– un ejemplo de la simultaneidad emocional en algo que se presupone sólo oscuro?
Para mayor claridad, quizá las palabras de Rubén Darío sean más pertinentes –o efectivas–.
“En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.
El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de Aleçón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón”.
Con este fragmento perteneciente a “De invierno”, es sencillo ver que el nicaragüense halla en la temporada anual, en los fenómenos naturales de nuestro mundo, que esos meses tanto finales como iniciales del ciclo humano son la perfecta ocasión no para la melancolía o el ensimismamiento, sino para el goce del ser mismo. Es decir, encuentra el pretexto superficial del frío para el deleite con la delicadeza, exquisitez y fineza que residen en propiedad.
Porque, ¿hay mejor ocasión en el calendario para sentirse en la apacibilidad de nuestro armario para autoseducirse con las telas de nuestro guardarropa? ¿Para enamorarse del buen gusto, tal y como sucede con las evocaciones textiles y orientales del poema? Rotundamente, no. Por seguro, es un periodo primorosamente dispuesto para la aflicción; sin embargo, es también una eventualidad presta al embelesamiento con esa ropa –por cierto fantástica– que no podemos lucir en cualquier día del año.
¿Cuáles son esos looks presumibles durante el invierno para no morir en un escenario glacial y abrazarse al mismo tiempo con todo el estilo del universo? A continuación, siete propuestas para un atuendo que no tenga nada que ver con la depresión, sino el regocijo de los outfits exclusivos del periodo.
Abrigos o chaquetas en verde militar
Quizá también puedas intentar con el verde olivo, son la prenda ideal para no llevar la típica y predecible ropa invernal. Si la temperatura no es muy baja, puedes coordinar con una falda corta.
Suéteres o cardigans oversized con jeans y bostonianos
Intercambiables con unos buenos flats son la base para un juego de accesorios variados (y grandes) que vayan de lo extremadamente urbano a lo english cozy.
Animal print y cuero
Son un dúo para desatar los looks más estilizados de invierno y no morir de frío.
Estilo gent
Es una opción súper femenina de la mujer contemporánea que bien mezcla lo varonil con lo estilizado. Los colores magenta o berenjena pueden ser tu gran aliado en esta elección.
Tonos cálidos con juegos de líneas
Ya sea en blanco y negro es el molde perfecto para crear una estructura abrigadora, reconfortante y cómoda.
Colores terrosos
Volver a los clásicos nunca está de más. Tonos grises debajo de un trench coat o abrigos color marrón es un eterno que nunca morirá en nuestros guardarropas.
Estilo college
Va con lo que sea y con quien sea. No importa la edad o el contexto, un arreglo despreocupado que se cuida del clima como si se dirigiera a la universidad es un must global.
Bonus
En cualquiera de las sugerencias anteriores se puede añadir, para hacer aún más interesante tu presencia, llegues a donde llegues, una maxifalda que retrate tu movilidad y seguridad al andar.
El invierno, como ya dijimos, es en efecto una época en nuestras vidas donde el espacio para la soledad o la reflexión profunda se abre como por arte de magia, sólo no debemos olvidar también que consiste en días privilegiados para lucir el ingenio fashionista que llevamos dentro y las prendas que han aguardado tanto tiempo en el clóset para salir a la vista.
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