A Kim Kardashian le encanta ser controversial y no hay nada de nuevo en eso, pero esta vez escogió una de las peores maneras de hacerlo y decidió jugar con las inseguridades de las personas, haciendo que llegara una nueva palabra a nuestro vocabulario: skinorexia.
Kim lo hizo de nuevo y le dio a Skims, su marca de ropa una nueva adquisición, sin embargo, no todo es bueno pues le han llovido criticas por todos lados. Se trata de la Seamless Sculpt Face Wrap, básicamente una faja moldeadora muy parecida a la que usan las personas después de una lipopapada, está pensada para usarse mientras duermes y promete redefinir la línea mandibular mediante compresión estratégica. Pero aunque suene tentador, hay un lado muy oscuro con el que Kim Kardashian está lucrando y por ahora le llamaremos skinorexia.
¿Qué es la skinorexia?
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La skinorexia es un término no clínico que se ha popularizado sobre todo en redes sociales para describir una obsesión excesiva con tener una piel “perfecta”. Aunque no está reconocido oficialmente como un trastorno mental en manuales como el DSM-5, se relaciona con comportamientos compulsivos y una imagen corporal distorsionada; muy parecido a lo que es la dismorfia corporal.
Estas son algunas de las principales características:
- Obsesión con la rutina de cuidado facial: Uso excesivo de productos, tratamientos y procedimientos estéticos.
- Autoevaluación constante: Pasar mucho tiempo frente al espejo buscando imperfecciones.
- Comparación social: Influenciada por estándares irreales en redes sociales, especialmente filtros y ediciones.
- Ansiedad o frustración: Cuando la piel no cumple con las expectativas autoimpuestas.
Y es que lo peor de la skinorexia es que es cada vez más común, y más si celebridades y referentes de belleza tan importantes en la sociedad como Kim Kardashian lanzan un producto que promete básicamente esculpir tu rostro. Esto, a cualquier persona, tenga o no un trastorno de distorción corporal, podría detonárselo.
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Kim Kardashian y cómo lucra con nuestras inseguridades
Aquí es donde el Seamless Sculpt Face Wrap deja de ser un accesorio “inocente” y se convierte en el motor para seguir alimentando la skinorexia, como si las redes sociales no fueran suficientes. Skims vende la idea de que basta dormir ocho horas comprimida para despertar con la quijada de Bella Hadid. Pero si mañana sigues con tu mismo mentón, sentirás que tú fallaste y no el producto. Esa lógica refuerza el círculo infinito de frustración – compra – frustración que alimenta la skinorexia.
La rutina de skincare ya no es suficiente y ya no acaba en la doble limpieza; ahora “necesitas” envolver tu cara con neopreno. Quien lucha con la obsesión por la textura o simetría de su piel recibe un empujón extra hacia conductas compulsivas (“si una noche funciona, ¿por qué no usarlo todas?”).
El problema sí es que Kim lucre con nuestras inseguridades, pero es aún peor si inventa inseguridades para vendernos algo que no necesitamos.
