Esto es todo lo que pasa en la mente de un abusador

Esto es todo lo que pasa en la mente de un abusador

Esto es todo lo que pasa en la mente de un abusador

Este artículo fue originalmente publicado por Olympia Villagrán el 28 de julio del 2017.

Estaba muy borracho. La forcé a entrar a la recámara. Yo no lo planeé así. Sigo sin entender por qué lo hice…

Esa fue parte de la larga y desgarradora confesión de un hombre que abusó de su novia en 2001. Él se encuentra en tratamiento psicológico ahora después de pasar tres años en la cárcel, luego de agredir física y sexualmente a varias mujeres y desde que él aceptó hablar sobre el abuso que sufrió durante dos años desde que tenía 7, este delincuente –quien también es un ser humano como tú y como yo– comprendió el por qué de su comportamiento.

Después de conocer las razones por las que él y otros abusadores atacan a sus víctimas, ¿podrías entenderlos? ¿Crees que las personas afectadas deberían perdonarlos? ¿Serías capaz de aceptar que si bien no existe una justificación, sí hay una gran explicación detrás de cada crimen cometido?

Es muy complicado, casi imposible para algunos. Sin embargo, saber qué pasa en la mente de un abusador antes, durante y después de cada agresión cometida, definitivamente transforma la perspectiva de los que vemos –desde fuera– a todos estos hombres y mujeres como verdaderos monstruos que no merecen más que sufrir.

El diario The Telegraph publicó el 22 de julio de este año una entrevista realizada a un violador, quien aceptó contar su historia desde el principio. En ella, él relata, paso a paso, qué lo llevó a convertirse en un delincuente y trata de compartir las razones por las que –en su caso– acosó a una mujer. Para empezar, este hombre aclara que no todos tienen el mismo pasado y mucho menos los mismos problemas, cada una de las personas que deciden atacar a otras tienen motivos distintos que los arrastran hasta tal punto.

En el caso del entrevistado, John, además de violación cometió exposición indecente en diversas ocasiones. Primero, en el año 2001, violó a su novia después de una pelea y –sorprendentemente– la sensación que él experimento mientras la atacaba fue una de las mejores de su vida. ¿Por qué? Todo se reduce al poder y el control que el abusador creyó recuperar en ese momento.

Años atrás él sufrió de abuso sexual por parte de un hombre y una mujer que se decían amigos de sus padres. Después del traumático evento, John jamás le contó a nadie lo sucedido y, por lo tanto, jamás recuperó todo lo que los abusadores le arrebataron: confianza, seguridad, amor propio, autoestima y el respeto por sí mismo.

En este caso, el hecho de someter y dominar a otra persona le “devolvió” al violador parte de esa fuerza perdida.

Por otro lado, la educación que John recibió, así como el ambiente familiar en el que se desarrolló y –en general– todo lo que lo rodeó desde pequeño, siempre se relacionó con el sexo, la pornografía y el placer a través de la satisfacción física. Es decir, las personas y experiencias con las que crecemos cada uno nos afectan para toda la vida.

¿Qué pasa si durante la infancia, adolescencia y juventud se sufre de múltiples abusos?

No es una regla, pero muchas personas desencadenan comportamientos y actitudes anormales, nocivas y compulsivas después de sufrir durante su niñez. En el caso de John, quien reconoció el origen e identificó la evolución de su problema a través de un grupo de terapia, recuperar el poder y control que no tuvo mientras lo violaban cuando era pequeño fue lo que lo orilló a lastimar a otras personas cuando se convirtió en adulto.

«Los círculos de terapia me han ayudado enormemente. Creo que si no los tuviera volvería a estar en prisión por los mismos crímenes, porque no habría tratado mis problemas».

Por esa misma razón las víctimas de los abusadores suelen ser personas sumamente vulnerables. De hecho, parte de la terapia de John fue hablar sobre sus exparejas y así fue como él descubrió el patrón de vulnerabilidad que todas cumplían. Es decir, todas las novias de este hombre eran mujeres con alguna adicción o en plena rehabilitación, eso las volvía personas débiles y fáciles de someter; evidentemente eso no es una coincidencia. Los violadores suelen elegir a sus víctimas de esa forma para, como ya lo mencionamos arriba, sentir que son los únicos que poseen el poder de controlar la situación.

«Me condenaron a tres años de cárcel por la violación. Estuve ahí 18 meses, salí por unas dos semanas y me volvieron a encerrar por exposición indecente (…). Honestamente, una parte de mí se sentía como “¡Por favor, enciérrenme de nuevo!”»

En el caso de John hablar sobre su pasado y todas aquellas memorias que lo marcaron de por vida, así como los eventos de los que ahora se siente culpable, fue realmente liberador. Aunque la culpa de haber herido a otras personas jamás se disipará, el identificarse como el único responsable de lo sucedido lo ayuda a trabajar en él mismo para poder seguir con su vida después de lo que hizo y, al mismo tiempo, para evitar una reincidencia.

Además de los eventos traumáticos, la necesidad de atención que personas como John tienen los lleva a cometer cualquier tipo de arrebatos para convertirse en el centro del Universo, sin importar si lo que hacen los perjudica a ellos y / o a terceros. La anormalidad con la que un violador entabla y desarrolla sus relaciones se basa en el incesante deseo de sentirse superior a los demás para jamás volver a ser la pieza vulnerable de la historia.

Perdonar a un violador y comprender qué pasa en su mente antes, durante y después de que comete un crimen que prácticamente le destruye la vida a otra persona es sumamente difícil, pero no imposible. Finalmente todos poseemos un pasado que arremete contra nosotros todos los días y es responsabilidad de cada uno evitar que éste no nos arruine la vida, o bien, que no nos haga causarle daño a otros. Como John lo explica para el periódico, la única forma de entenderse a sí mismo para jamás volver a agredir a alguien más es hablando sobre lo que siente en lugar de perder la cabeza y volver a hacer daño.

«Lo que me impide reincidir ahora es que no quiero ser esa persona que lastima a la gente. He hecho mucho daño y no se siente bien. Ahora soy una persona diferente».

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