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El lado dulce del sicario más sangriento de la historia

14 de febrero de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

«Al Capone me enseñó a nadar, a montar en bicicleta. Solíamos cocinar juntos y cantar. También aprendí italiano con él. Era un hombre honesto y de familia».



A las afueras del colegio sostuvo una pelea con uno de sus profesores que le valió la expulsión del mismo. Tenía catorce años y decidió que era momento de abandonar los aburridos estudios y optar por la vida peligrosa que se vivía en las calles, donde estaba la auténtica realidad. Se unió a las bandas callejeras The Brooklyn Rippers y The Forty Thieves Juniors, con quienes se dedicaba a cometer pequeños asaltos a transeúntes y comercios.

Alphonse Gabriel Capone, el hombre de rostro y cuerpos redondos, era un provocador por naturaleza. Cuando ejercía como camarero en 1917 en un establecimiento de Coney Island, Nueva York, le dijo a una de las clientas que su culo le parecía muy bonito. El hermano de ésta no soportó el insulto y dejó marcado el rostro de Capone de por vida cuando su navaja le trazó tres cortes en la mejilla izquierda. Eso le valió el apodo de Al “Scarface” cuando Capone ya estaba en lo más alto de su fama como mafioso.


Sus primeros pasos como mafioso se dieron en la ciudad de Chicago gracias a Johnny Torrio, quien lo invitó a ser parte de su red de delincuencia organizada que controlaba negocios ilegales como el juego y la prostitución. Al Capone pronto se distinguió por ser uno de los tipos más sanguinarios que la ciudad hubiera visto en su historia y se encumbró como una de las manos derechas de Torrio. Cuando éste sufrió un atentado en 1925 y quedó gravemente herido, se vio obligado a retirarse a Italia.


Entonces el reinado de sangre de Capone comenzó. Con el amparo de las mismas autoridades de los Estados Unidos, el mafioso pudo actuar libremente para traficar con alcohol en plena Ley Seca, instaurada de 1920 a 1933. Sobre ello decía que «todo lo que hago es cubrir una demanda pública» o «sólo soy un hombre de negocios que le da a la gente lo que quiere». El FBI no podía actuar sobre él pues, además del amparo que gozaba de parte del gobierno mismo y la justicia, en aquel entonces los asesinatos no se consideraban delito federal, sino que cada Estado tenía sus propias leyes al respecto.


Además del tráfico ilegal de bebidas alcohólicas, Capone controlaba en Chicago los negocios del juego, el tráfico de armas y la prostitución mediante chantajes y amenazas. Las bandas rivales pronto se vieron disminuidas o nulificadas ante el poder de este nuevo grupo que asesinaba sin misericordia a sus enemigos y arrasaba a quien se pusiera enfrente en un intento por controlar sus negocios.

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El otro lado del sicario que no creerías

Sin embargo, no todo era crimen y maldad. Al Capone era un hombre de familia: gustaba de jugar con su hijo Sonny y con sus sobrinos. Estaba felizmente casado con Mary Josephine Coughlin (Mae Coughlin). «Al Capone me enseñó a nadar, a montar en bicicleta. Solíamos cocinar juntos y cantar. También aprendí italiano con él. Era un hombre honesto y de familia», afirma Deirdre Capone, quien en su niñez se crió con la familia de Al Capone al ser su sobrina nieta.



Capone no sólo fue un devoto de sus allegados sino que también vio por el bienestar de Mary Josephine Coughlin (mejor conocida como Mae Coughlin), con quien se casó siendo muy joven (ella era menor de edad) al poco tiempo de haberse conocido en Brooklyn. Juntos se fueron a Chicago cuando él consiguió un empleo anterior a su carrera al frente de la mafia. Pese a provenir de culturas diferentes (ella era irlandesa, mientras que Al era de familia italiana), supieron evadir las restricciones de su familia.


Cuando el capo obtuvo poder, respeto e influencia en Chicago, Mae disfrutó de lujos, comodidades, una posición acaudalada y de una servidumbre que la atendía como lo que era: la mujer del hombre más poderoso de la ciudad y de gran parte de los Estados Unidos. El enemigo número uno del FBI consentía a su esposa con cartas de amor, regalos costosos y una entrega total que hacía a Mae sentirse amada y deseada.


Capone y Mae en el jardín de su residencia al lado de familiares


Al Capone y Mae


Esta imagen de Al Capone como esposo fiel y padre que siempre se preocupó por mantener a salvo a su familia inspiró al novelista Mario Puzo para definir la personalidad de Vitto Corleone, el líder de una familia siciliana de la mafia que protagoniza su célebre novela The Godfather. La lealtad a la familia era uno de los principios éticos más importantes de la mafia. Aquél que no viera por el bienestar de los suyos era considerado como un hombre cobarde y de bajos principios.


Uno de los momentos más bajos y difíciles para el matrimonio Capone se dio el 24 de octubre de 1931, cuando Al fue condenado a pasar 11 años tras las rejas por evasión fiscal. La separación para ambos fue muy dura y triste. Al final fueron ocho años los que el mafioso pasó en prisión, sufriendo la penuria de ser trasladado a Alcatraz, una de las cárceles de máxima seguridad más duras de los Estados Unidos.


Capone no sólo sintió dolor por la separación con su mujer, sino también por perderse momentos al lado de su único hijo, Sonny, como se puede leer en esta frase extraída de una de las cartas que el mafioso le escribió durante su estadía en Alcatraz:

«Bien, corazón mío, espero que las cosas mejoren para el próximo año, entonces estaré allí en tus brazos».


Capone y su hijo Sonny en un partido de beisbol


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Las infidelidades del capo y su final


Sin embargo, alrededor de la figura del mafioso por excelencia corren historias y rumores que ponen en duda su fidelidad y amor hacia Mae. Se sabe que Capone contrajo sífilis durante su estadía más temprana en Chicago, cuando recién había llegado con su esposa. Por otro lado, se cree que debido al poder que tenía y su influencia en el mundo del juego y la prostitución, vivió rodeado de mujeres con las que pudo haber sostenido relaciones extramaritales.


Mae y Al tenían una lujosa mansión en Miami Beach donde estaban rodeados de todos los lujos inimaginables. Éste fue el sitio donde el jefe de la mafia pasó sus últimos días en compañía de la mujer que lo conoció siendo nadie y lo vio elevarse a la calidad de mito por su papel en el crimen organizado. Capone falleció en 1947 debido a un paro cardiorrespiratorio producto de complicaciones de sus afección de sífilis. Deirdre Capone arroja más luz hacia esas tinieblas que rodearon la vida de este polémico criminal:


«Si lo hubieras conocido, te hubiera caído bien, porque era bueno, cálido, tenía un gran corazón, era honesto y valoraba mucho a las mujeres».


Los monstruos tienen un lado que no es tan terrible como parece. Ser humano finalmente, el gánster más afamado de la historia criminal de los Estados Unidos también tenía debilidades, miedos y amores por los que velaba y a quienes les debía cuidado. El rastro de sangre que dejó en vida y los negocios ilícitos que le dieron fama y riqueza se mezclaba con una vida secreta que pocos creerían, pero que no resulta en lo absoluto descabellada. Al final, los monstruos también necesitan un refugio dónde ampararse de las sombras de su alma.


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TAGS: Historia mundial Datos curiosos crimen
REFERENCIAS: BBC Europa Press

Rodrigo Ayala Cárdenas


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