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La mujer que fue acusada de brujería por salvar a su amante

23 de noviembre de 2017

Diana Garrido

Una de las últimas brujas cazadas en Europa fue condenada por tener un pacto con el demonio, pero su situación era aun más compleja: estaba enamorada del hombre equivocado.



Hace 10 años tuvo lugar un cuento de hadas cuya protagonista era una supuesta bruja. Más de 200 años atrás, la iglesia protestante había condenado a una de las mujeres más bellas de Suiza a la muerte pública por haber amado locamente al hombre equivocado, mismo que se deslindó de sus sentimientos y permitió que la mujer fuera brutalmente castigada y humillada por la comunidad tachándola de bruja asesina y cobarde. Su identidad no tenía mucha importancia, puesto que permaneció sucia por mucho tiempo; sin embargo, este cuento de hadas comienza justo con su nombre completamente reivindicado: Anna Göldin.



La mujer era alta, de belleza incomparable, piel blanca y tersa, cabello hermoso y un candor natural. Como si fuera una princesa, solía ser acechada por apuestos chicos que estaban dispuestos a darle lo que ella pidiera; sin embargo, su familia necesitaba de recursos para sobrevivir. De este modo tuvo que acceder al cortejo de dos hombres que estaban casados, pero que eran los únicos que podían darle un poco de dinero para solventar su casa. Tuvo dos embarazos, los cuales se desarrollaron con complicaciones, pero con todo y la dificultad, nacieron dos pequeños a los que amaba más que a su vida. Sin embargo, ambos bebés murieron apenas dos meses después de nacer. Las personas a su alrededor rumoraban que la mujer los había asesinado para romper relaciones con sus respectivos padres, quienes no podían estar con ella por tener familias propias.



Con ello a cuestas, la bruja no podía seguir viviendo más en ese sitio soportando las habladurías, así que se mudó a Glaris con el fin de encontrar una vida mejor y mucho más pacífica que la que llevaba en su pueblo natal, donde por ser analfabeta le era imposible encontrar un buen empleo. A pesar de que su belleza le ayudaba a conseguir empleos fácilmente, no podía ser la eterna maid, por lo que al mudarse consiguió un lugar en una casona mucho más grande en la que ayudaba con las labores domésticas y alimentaba a la familia, que resultó ser muy bella y encantadora. El padre, Johann Jacob Tschudi, era un novato que incursionaba en la política y en el corazón de Göldin. Al verlo, ella quedó flechada por el porte y la elegancia del hombre.


Luego de que el hombre le correspondiera el sentimiento, la esposa y el propio político la acusaron de haber intentado envenenar a la segunda hija del matrimonio, de entonces ocho años. El resto de la servidumbre le acusó de haber sido la culpable, pues le había puesto alfileres en la leche y el pan, mismos que iban empapados de veneno. Al ser echada de la casa, lloró por días para que Tschudi no la dejara desamparada. No quería volver a vivir una decepción amorosa. No obstante, nadie la apoyó y en cambio tuvo que tolerar las acusaciones de la familia entera, quien la hizo ver como lo peor del mundo y la tachó de practicar magia negra en contra de la niña, quien supuestamente había vomitado alfileres y sangre. Una vez que la detuvieron, la niña mejoró notablemente.


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Anna Göldin tuvo que ver a su amado desde los barrotes de la prisión mientras él ocultaba el rostro. Se dice que cuando las hijas del matrimonio la vieron tras las rejas, se echaron al suelo y tuvieron convulsiones violentas que derivaron en días en cama. Para aquel entonces (1780) ya casi no se acusaba a las personas de cometer brujería, por lo que el caso de Anna Göldin fue altamente sonado y —por fortuna— el último. Al ser cuestionada si había cometido el crimen, no dudó en decir que sí, lo había hecho por amor al incipiente político, quien al haber acusado a "la bruja" era vanagloriado con los votos y aprobación de la gente. Ante semejante acción por parte de su amado, Göldin gritó que en efecto, ella había intentado asesinar a la niña con agujas que le había proporcionado el Diablo en persona. Ante ello, fue agredida, humillada y finalmente torturada.



El 18 de junio de 1782 la Iglesia sentenció a Anna Göldin a decapitación pública. Como era de esperarse, pidió que le dejaran libre porque en realidad sólo había mentido con el fin de que su amado no se alejara de su lado. Nadie la escuchó. En su lugar, la obligaron a decir que el diablo la había seducido y que la tenía poseída. Pero ella sólo estaba enamorada del hombre equivocado y según sus declaraciones, la esposa y el resto de la servidumbre le tendieron una trampa; su cabeza desapareció. En 2007, el parlamento suizo expió públicamente sus culpas y le dio reconocimiento mundial, asegurando que no era una bruja y que, incluso, el propio Tschudi causó los malestares de su hija. Ahora, con un museo en su honor y cientos de personas seguidoras de la "última bruja" de Europa, le rinden culto de tal modo que su memoria se conserva bella, tanto como lo fue en vida.


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Conoce más de las brujas antiguas a través de algunas ilustraciones y cómo es que se vive esta práctica en América Latina.


TAGS: Leyendas Diablo Europa
REFERENCIAS: El Espej Gótico El Super Curioso El Pensante

Diana Garrido


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