
En la longeva y extraordinaria vida de la reina Isabel II, existen un sin fin de interesantes anécdotas de todo tipo, encuentros con celebridades, acontecimientos históricos, curiosidades banales, entre muchas otras, pero nada se compara con el día que conoció de primera mano el folclor mexicano en su primer visita al país.
Fue un 24 de febrero de 1975 a las 9 de la mañana, Isabel II llegó junto con el príncipe Felipe, su esposo a Quintana Roo, para disfrutar de una visita de 6 días en distintos puntos de México. El arribo fue un tanto desastroso, el yate real en el que viajaban tenía planeado desembarcar en Puerto Madero, pero debido a una tormenta tropical fueron obligados a hacerlos en Banco de Playa, en la isla Cozumel. Tras una breve recepción, la pareja real y su comitiva se dispuso a abordar una aeronave que los llevaría a la Ciudad de México para realizar el encuentro con el presidente Luis Echeverría y su familia.
Cuando los reyes llegaron a la Ciudad de México, pudieron apreciar un enorme mosaico interactivo hecho con flores de colores y presentaciones de mujeres vestidas con trajes típicos para darles la bienvenida, en las calles del Centro Histórico se vivió una verdadera fiesta, «Los mexicanos son alegres. Me di cuenta por la forma festiva en que actuaban en las vallas, por la música y por el bullicio» pronunció la reina tras un recorrido por las calles de la Ciudad de México, según el periódico Universal. Esa misma noche, en una cena en palacio nacional la Isabel II se pronunció a favor del discurso del presidente Echeverría, en el cual pedía por la paz mundial, la seguridad colectiva y a la renuncia a los viejos esquemas de dominio territorial, seguridad militar y de preponderancia económica.
Los reyes le dieron como obsequio un juego de Mecano a Adolfo, hijo del presidente Echeverría, un juego completo de escritorio en piel para el presidente; una fotografía de la familia real británica, un lujoso reloj y el libro El Castillo de Windsor o historia de un país, encuadernado en piel, para su esposa, María Esther Zuno, la primera dama.
En su tercer día los reyes viajaron en tren a la ciudad de Guanajuato en donde pudieron recorrer la histórica ciudad y sus sitios emblemáticos, además de comer tlacoyos en el mercado y otros antojitos que le regalaban los ciudadanos de mano en mano, para después dirigirse al estado de Oaxaca en avión. La premura del viaje a Oaxaca se debía a que estaba por iniciar la Guelaguetza, una de las fiestas mexicanas más importantes, la reina Isabel II y su esposo no podían perderse semejante despliegue de folclor, arte, cultura, historia y tradición.
«Nuestro profundo agradecimiento a todos los que planearon y organizaron nuestra visita con tanta meticulosidad e imaginación. Nos llevamos recuerdo inolvidables de las bellezas de su país y del encanto y amabilidad de su pueblo. Yo sé que el calor de la bienvenida que nos brindaron realza la amistad y la comprensión que existe entre México y Gran Bretaña; confío que estos se hayan profundizado por nuestra visita y que en el futuro ofrezcan para nuestro mutuo beneficio. Con este mensaje de agradecimiento a ustedes dos -dirigiéndose al presidente Echeverría y su esposa María Esther- envío mis más sinceros y buenos deseos para la salud y prosperidad del pueblo de México».
Encantada por el país y la alegría de sus ciudadanos, la reina Isabel II decidió realizar una segunda visita diez años después, el 17 de febrero del año de 1985.
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