
Se le conoce como el “hombre del agujero”, el “indígena del agujero” o el “indígena del hoyo” un hombre que, se cree, vive en completo aislamiento y es el único sobreviviente de su tribu, en el territorio indígena Tanaru en Rondonia, en la selva del Amazonas.
El hombre sin tribu
Se sabe de la existencia de este hombre desde el año de 1996, cuando el FUNAI, el departamento de asuntos indígenas de Brasil, que monitorea a los no contactados, intentó comunicarse con él por más de 10 años, sin embargo, él siempre se ha resistido, incluso llegó a disparar flechas a los empleados de FUNAI que se acercaban demasiado, así que los trabajadores dejaron de intentar establecer contacto en 2005. En cambio, desde entonces lo observan desde lejos y, a veces, dejan herramientas y semillas para plantar en las áreas por donde pasa, además de vigilar al hombre a la distancia, los últimos 24 años.
El hombre del agujero
Este hombre recibió su apodo, debido a los enormes agujeros profundos de entre 1.5 y 2 metros de profundidad que ha cavado en la selva, ya sea para atrapar animales o esconderse. FUNAI suele utilizar a este hombre como ejemplo de diversidad y resistencia ante la sociedad.
El hombre tiene el pelo hasta las rodillas en una cola de caballo, únicamente está vestido con un taparrabos, se sabe que vive en una pequeña cabaña en la selva amazónica y que caza con arcos y flechas. Su aparición más famosa es aquella donde fue captado en video, mientras cortaba un árbol con una hacha. Se cree que tiene entre 55 y 60 años y está clasificado como persona aislada, lo que significa que nunca ha hablado con nadie de la civilización dominante.
Pueblos y personas aisladas
Los llamados pueblos aislados son aquellos que «no tienen ningún contacto pacífico con nadie de la sociedad dominante», según Survival International, un grupo sin fines de lucro que trabaja para proteger a los pueblos indígenas. El grupo dice que hay más de 100 tribus aisladas en todo el mundo, y se cree que 80 % de estas tribus viven en el Amazonas, subsistiendo mediante la caza, recolección y pesca. Sus tierras y medios de vida están amenazados por la invasión de la industria y el desarrollo. Además del riesgo que representa el contacto con personas ajenas a su comunidad, ya que estas comunidades indígenas son especialmente vulnerables a enfermedades como el sarampión y la gripe, a las que no tienen inmunidad.
Se ha sabido de ocasiones en las cuales grupos de ganaderos armados han atacado directamente al “hombre del agujero”, el cual ha podido salvarse al esconderse en sus propias excavaciones.
FUNAI monitorea las tierras indígenas con el objetivo de proteger la tierra y garantizar a los pueblos aislados el pleno ejercicio de su libertad y sus actividades tradicionales. Los detractores del trabajo de este departamento aseguran que se dedican a inventar tribus aisladas para aumentar su presupuesto y lograr apoderarse de la tierra.
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