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6 hechos que demuestran que vivimos uno de los momentos más importantes de la humanidad

7 de agosto de 2018

Héctor Sapiña Flores

Estos grandes hechos del siglo XXI demuestran que si los procesos históricos fueran series televisivas, ahorita estaríamos viviendo la última temporada.



Si los procesos históricos fueran series televisivas, ahorita estaríamos viviendo la última temporada de una que empezó en el 68. Así como uno se pone viejo sin darse cuenta hasta que algún amigo pregunta por esa pancita o las arruguitas o la calvita, a los habitantes de la historia se nos pueden resbalar los grandes cambios porque fluyen junto a las labores y la vida diaria. Pero es innegable que un aura nueva se empieza a respirar en la atmósfera del joven siglo XXI. Ante el agotamiento del sistema neoliberal, podemos afirmar que nos encontramos en una transición histórica. Desde nuevas políticas nacionalistas hasta el auge de proyectos colectivos, aquí una lista de fenómenos que reflejan la actual coyuntura y algunas hipótesis aventuradas.


1. Digitalización y democratización de los medios


El último sexenio en México vio el ascenso de los medios nativos digitales y el derrocamiento de la hegemonía Televisa-Azteca. La INEGI indica que la mayoría de los mexicanos acceden a la información por internet, y el Instituto Reuters ha reportado por segundo año consecutivo que Aristegui Noticias recibe el mayor número de visitas entre las plataformas de noticias mexicanas; esto no debe tomarse a la ligera si se considera que el proyecto nació en respuesta a un intento de censura. Lejos de coronarse como el nuevo actor dominante en los medios informativos, el sitio es parte de un mapa periodístico notoriamente diversificado, que abarca empresas tradicionales y emergentes por igual. En conjunto, el panorama muestra una transformación mediática hacia la pluralidad, y ha surgido como antítesis de la antigua colusión entre televisoras y partidos en el poder. No obstante, dos nuevos problemas han alcanzado su madurez: la desconfianza general hacia las instituciones y las fake news, lo que nos lleva al siguiente punto.





2. Consciencia sobre los límites de la libertad de expresión


El año 1968 marcó el ápice de la batalla por la libertad de expresión, medio siglo después debemos luchar por usarla con responsabilidad. Umberto Eco fue criticado por acusar a las redes sociales de haberle dado “el derecho de hablar a legiones de idiotas”. Sin duda, el comentario hirió las fibras millennial, pero detrás de esta feliz expresión del semiólogo se esconde una verdad: el poder de “publicar” algo es poco apreciado. La conquista del espacio público por quienes lo habitan, el pueblo mismo, ha costado muchos siglos de sangre y, hasta el momento, la mayoría lo ha agradecido subiendo fotos de sus pectorales en la playa o, peor, levantando falsos a la menor provocación. Si antes el Estado conspiraba con las grandes empresas desde un rincón macabro para enajenar a las masas, ahora las masas han tomado la batuta para enajenarse a sí mismas en espacios virtuales “privados”.


Algo de esperanza: recientemente se han dado los primeros pasos hacia un mejor control de calidad de las publicaciones sin limitar la voluntad de los usuarios, esto es visible tanto en las producciones individuales como en la iniciativa de los grandes imperios digitales. Por un lado, vemos lluvias de memes del tipo “por favor, no me insultes si no le voy en tu candidato” y, por el otro, Facebook y sus amigos han comenzado a programar funciones que te advierten: “estás a punto de leer una noticia con fuentes sospechosas”.





3. La serialización de lo memético


Entendiendo por “memético” lo inmediato, unitario y efímero, es posible percibir un aumento del gusto por lo serial. Durante un buen rato se consumieron textos cada vez más fugaces, la mayoría de las series televisivas, por ejemplo, mostraban episodios con poca continuidad, independientes uno de otro. Con el avance de los años 2000, los formatos se volvieron tan pequeños que desembocamos en el reinado del meme y el tweet. Se ha hablado de esta minimización como uno de los rasgos más constantes de la posmodernidad, una proyección de la individualidad extrema y el presente perpetuo del consumismo que propicia el sistema neoliberal.


Pero la necesidad humana de contar historias es enorme, las unidades textuales que tanta fascinación produjeron se han ido concatenando hasta lograr narrativas extensas compuestas de varias células y de autoría colectiva. Así, lo mismo puedes ver solamente las tres películas de Avengers que las veintitantas producciones de Marvel, junto con los cómics y los homenajes de los fans. Desde luego que la literatura ya lo había dicho y hecho todo, pero desde acá se está volviendo dominio de los usuarios.





4. Nuevas políticas nacionalistas


A grandes rasgos, el 2016 vio el inicio contundente de este cambio cuando el mundo anglosajón declaró: “quienes forzamos la apertura del comercio internacional, cerraremos la puerta de nuestra casa”. Así, el replanteamiento del proteccionismo, de ciertos controles sobre el mercado, de la guerra económica o el forcejeo por privatizar el agua son todos índices de las nuevas caras del nacionalismo y de una libertad menos desenfrenada que la practicada en las últimas décadas. Bien se sabe que el nacionalismo extremo es peligroso, pero a Latinoamérica no le viene tan mal cuando se trata de reconocer y defender su soberanía. Podremos ser poco competitivos militar o económicamente frente a los grandes imperios bancarios, pero el giro mundial traerá consigo una revalorización de expresiones culturales locales. Entre otras vertientes de este fenómeno, se dará la reinterpretación de las historias de cada país, los ciudadanos redescubrirán su identidad y, si no, se la inventarán otra vez, como lo hizo el Cine de Oro mexicano.


5. Reapreciación de la autenticidad


El valor de “lo auténtico” había salido del mainstream al menos desde los ochenta, y regresó a través de las contraculturas, principalmente a través de los hipsters, que son la contracultura más fresa que existe. En realidad, el argumento hipster es igual de superficial a los demás: su supuesta oposición al sistema no es más que la búsqueda de la ultraindividualización de su persona, es decir, otra forma más de participar del neoliberalismo. Pero el aprecio por la autenticidad ha empezado a cohesionarse de nuevo en diferentes sectores, más allá de los académicos o artísticos, donde se esperaría que fuera una constante. Podemos encontrarlo en microempresas en la web interesadas en rescatar la venta de artículos coleccionables de moda vintage. También en el rechazo al uso excesivo de animación con CGI en el cine de Ciencia Ficción o de fantasía. La preferencia de técnicas plásticas o analógicas manifiesta mayor gusto por sorprenderse con lo producido con trabajo manual, con esfuerzo.





6. El reinado de la paratextualidad


El siglo XX vio la popularización de las relaciones intertextuales, la presencia de un texto en otro —las referencias de Los Simpson a la cultura popular son el caso más evidente. Ahora, gracias a la Web 2.0, el siglo XXI se ha convertido en el paraíso de los paratextos, producciones que rodean y prolongan a un texto principal. El teórico literario Gérard Genette acuñó el término para comprender la función de los títulos, los prefacios, epílogos, advertencias, contraportadas, ilustraciones, presentaciones y promocionales, etcétera. Pero, como observa el profesor Jonathan Gray, en nuestros días los paratextos han llegado mucho más lejos: las series televisivas, los clips musicales, las películas y todos los “textos nucleares” que se consumen masivamente se han rodeado de homenajes, blogs, videoblogs y podcasts, reacciones grabadas, comentarios de colegas, ediciones de bloopers y, por supuesto, memes. A pesar de que una sola de estas pequeñas microproducciones no logra concentrar a la misma audiencia que su referente —un bloggero de Game of Thrones no recibirá nunca las mismas visitas que el total de espectadores de la serie—, el conjunto de paratextos rellena el consumo textual del público mientras espera la siguiente transmisión de un programa o el nuevo éxito de su banda favorita. Este incesante diálogo ha transformado en definitiva los modos de recepción de un texto.


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No es fácil abrirse paso en un mundo laboral cada vez más competitivo, si quieres saber cómo ser un millennial exitoso, checa este artículo. Además, te compartimos este artículo sobre cómo Bob Dylan definió a la generación millennial en una canción.


TAGS: Siglo xxi Historia mundial crowdsourcing
REFERENCIAS:

Héctor Sapiña Flores


Colaborador

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