
Al norte de Petén, en Guatemala, en la parte baja del valle del Río Mopán se puede encontrar La Blanca, uno de los tesoros más grandes que logró esconder una de las civilizaciones más sorprendentes de Mesoamérica, los mayas.
La Blanca
Según los recientes descubrimientos, La Blanca fue una ciudad muy importante que se cree servía como un filtro fronterizo y un centro de comercio dependiente probablemente de las metrópolis de El Naranjo o Yaxhá., debido a su cercanía con el Rio Mopán.
Las investigaciones han señalado que este asentamiento comenzó entre el periodo clásico temprano (del año 250 d. C. a 550 d.C.) y el clásico tardío (300 d. C. – 950 d. C.), cuando los pobladores, comenzando por las elites, se dispusieron a abandonar la ciudad. Los proyectiles encontrados como puntas de pedernal y los despojos humanos encontrados cerca de la superficie, hacen pensar a los arqueólogos que existieron violentos enfrentamientos durante el primer abandono de La Blanca. Para el posclásico la ciudad fue habitada nuevamente por algunos pobladores que vivían en los alrededores, pero era una población muy reducida.
El proyecto de La Blanca
Este proyecto ha trabajado por 15 años ininterrumpidos. Comenzaron trabajando y analizando un mosaico de piedra labrada, de casi 5 metros de longitud y 1 metro con 60 centímetros de altura, que se había conservado casi en su totalidad, a excepción de la protuberante nariz.
«Descubrimos a continuación que estaba flanqueada por cabezas de serpiente de perfil y con las fauces abiertas, y acompañada de otros rostros de personajes sobrenaturales, junto a motivos iconográficos alusivos al ámbito celestial, altamente simbólicos. Nada más verlo, el tipo de trabajo escultórico nos recordó algunas de las fachadas de los edificios de Yucatán, pero nos encontrábamos en Petén, a mucha distancia de esa región arqueológica. ¿Era entonces este tipo de representación originaria de esta zona y no de las tierras del norte como siempre se había pensado?».
Narraron Cristina Vidal y Gaspar Muñoz a National Geographic. Poco a poco continuaron la excavación del basamento y fue apareciendo el resto del edificio hasta encontrar una edificación de gran calidad arquitectónica con una puerta central de casi dos metros de ancho y una pequeña escalera conducía a otra estancia mucho más grande, de más de once metros de longitud.
Hasta la fecha, una de las hipótesis que pudo corroborar el equipo dirigido por Cristina Vidal y Gaspar Muñoz es que La Blanca vivió su apogeo durante el período Clásico y la ciudad controlaba las redes comerciales que ingresaban por los ríos de la cuenca del Mopán, ante el declive del comercio en el siglo IX, la ciudad fue abandonada y sufrió un progresivo deterioro hasta quedar totalmente sepultados por la espesa vegetación, hasta que fue redescubierta por vecinos y exploradores en el siglo XVIII, como Pedro Montañez, capitán español quien pasó por el yacimiento y dejó un grafiti con su nombre y la fecha de 1752.
En portada: Wikimedia Commons
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