
Durante 60 años, las majestuosas dunas que se elevan sobre Guadalupe, un pueblo costero a unos 300 kilómetros de Los Ángeles han guardado uno de los secretos más antiguos y extraños de Hollywood: una ciudad egipcia.
Los diez mandamientos
Cecil B. DeMille, productor y director de cine, considerado uno de los pioneros de Hollywood, eligió este sitio remoto en 1923 para erigir una réplica en yeso del antiguo Egipto y escenificar su épica, gloriosa y silenciosa película: Los Diez Mandamientos. DeMille logró escenografías perfectas en una escala monumental, hasta la fecha sigue siendo uno de los escenarios de películas más grandes jamás construidos.
Cuando las grabaciones de Los Diez Mandamientos terminaron, se empacó gran parte de la escenografía y otra buena parte desapareció sin dejar rastro, corría el rumor de que el director había mandado demoler estas construcciones para que nadie más las utilizara. Luego, en sus memorias, DeMille dejó caer una pista del misterioso tesoro del histórico set. «Si dentro de mil años, los arqueólogos excavan bajo las arenas de Guadalupe espero que no se apresuren a publicar la asombrosa noticia de que la civilización egipcia que está lejos del Valle del Nilo».
El descubrimiento
A principios de la década de 1980, un cinéfilo llamado Peter Brosnan escuchó la historia de la falsa ciudad egipcia, estudió pistas sobre su paradero y localizó el set enterrado en 1983. El interés se extendió y se organizaron excavaciones con arqueólogos profesionales quienes se tomaron con humor y profesionalismo este trabajo, mostrando respeto por la industria cinematográfica y su historia.
El gran tamaño de la producción de DeMille también convirtió este proyecto en una rica cápsula del tiempo preservada en una montaña de arena, con abundantes registros de la vida cotidiana de la década de 1920. No hay que olvidar que entre actores y constructores, más de 4 mil personajes vivieron y trabajaron en estas falsas ruinas por más de 2 meses.
