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La mujer que adoptaba niños sólo para asesinarlos a sangre fría

16 de enero de 2018

Diana Garrido

La tía Toña los protegió de la calle y después los asesinó a golpes.



El Bosque de Chapultepec alberga un zoológico, museos e incluso fauna que hace mucho más divertida una caminata en el principal pulmón de la Ciudad de México. Sin embargo, uno de sus secretos mejor guardados se esconde en lo espeso del bosque donde, según la leyenda, se encuentra una casa embrujada. En 2009, 23 personas cayeron de un barranco de 30 metros de altura intentando encontrar la casa de la tía Toña, como se le conoce al inmueble. Desde entonces, el acceso al sitio es aun más restringido. La casa se encuentra en medio del bosque como si se tratara del escenario de un cuento de hadas. No obstante, este cuento no es mágico y el trasfondo resulta mucho más tétrico que cualquier otro relato.



Muchos años antes de aquel trágico suceso, en el bosque de Chapultepec se escuchaban ruidos nocturnos provenientes de arbustos y senderos perdidos entre los árboles. Nadie sabía qué eran, las especulaciones eran infinitas. Una mujer que vivía cerca del lugar no soportó más la angustia y una noche salió a ver qué era lo que incomodaba a los paseantes, a las parejas que se escondían para entregarse amor y los vecinos temerosos. Esta mujer, de nombre Antonia, se armó de valor y al adentrarse en el bosque se topó con un grupo de niños pequeños que intentaban dormir detrás de los arbustos. Al verlos desamparados y peleando por las pocas cobijas que poseían, Antonia les invitó a su casa a pasar la noche. Los pequeños accedieron y en agradecimiento le llamaron tía.



La mujer se encariñó tanto con los chicos que no dudó en crearles su propio espacio para que pudieran divertirse, vivir dignamente y tener una familia. La voz se corrió y rápidamente llegaron más niños en situación de calle para vivir con la tía Toña. Ella los bañaba, les daba de comer, les lavaba las ropas y les compraba juguetes. Les enseñó a leer y les dio cariño como si se tratara de sus propios hijos. Los vecinos comenzaban a preguntar qué era lo que ocurría en la casa de la mujer y al ver una presencia cada vez mayor de infantes, sospecharon siempre de doña Antonia. Pensaron que tal vez ella estaba secuestrando pequeños o que los empleaba para poder ganar más dinero, algo ilógico puesto que ella era propietaria de una gran fortuna que le habían heredado y, al no tener descendencia, necesitaba en qué gastarla o invertirla antes de morir; ya era una mujer mayor que pronto se iría para siempre.



Así vivieron en su casa por mucho tiempo hasta que se multiplicaron en número. De pronto, la casa estaba llena de pies pequeños, gritos, risas y manitas queriendo abrazar a la tía. No obstante, ella ya no podía con tanta algarabía. La energía de los niños era tal que la desesperaban al grado de encerrarse por horas dejándolos en su “locura”. Ante el claro hartazgo de la mujer, los niños siguieron jugando y gritando, esta vez lo hacían para incomodarla y jugar con su paciencia en protesta por su enojo. La tía Toña intentó perdonar y pasar por alto cada uno de los gritos, insultos y burlas que le hacían, pero su paciencia era poca y llegó a un límite insospechado.



Como si se tratara de una película de horror, la mujer salió de la habitación cargada con palos y se armó con todo lo que halló en el camino dispuesta a callar el escándalo. Su furia era tal que no dudó en agredir a todos y cada uno de los niños que se encontraban en su casa. Sus escuálidos cuerpos cayeron al suelo al ritmo de cada golpe, como si se tratara de una sinfonía de violencia súbita.


Golpe tras golpe acabó con todos los niños ahí presentes y llevó sus cuerpos al río y los arrojó con la intención de no volver a verlos. Regresó a casa y, mientras limpiaba la sangre de los pisos, sintió tanta culpa que entre lágrimas, plegarias y un infinito arrepentimiento se suicidó. Nadie se atrevió a sacar jamás el cuerpo de aquél lugar, ya que el simple hecho de acercarse a la casa provocaba un escalofrío inmenso y un sinfín de preguntas sin respuesta. De este modo, se cree que su cuerpo aún se encuentra en la casa y que no es más que una pila de huesos que siguen en descomposición.



Desde entonces es bien sabido el negocio de distintos tours y excursiones que prometen llevar a los amantes de lo paranormal a la casa y ser testigos de apariciones, escalofríos y un sinfín de temores. Lo cierto es que nunca hubo una casa que visitaran realmente, ya que sólo llegaban a un par de puentes que no se pueden cruzar puesto que se encuentran rotos y en muy mal estado. La casa que se deja ver a lo lejos no es más que el hogar de una familia que la habita y ellos aseguran que no hay nada anormal en su hogar. Por el contrario, se encuentran muy felices viviendo en el misterio que genera su casa. Sin embargo, muchas personas aseguran ver la silueta de la tía Toña en las ventanas de aquel lugar, mientras una sensación de pesadez y miedo se apodera de ellos.


Así, la casa de la tía Toña se ha convertido en una de las leyendas más escalofriantes de la Ciudad de México y es también un misterio que nadie podrá resolver. No hay evidencia de que en verdad exista la casa, tampoco de que la historia sea realidad. Sólo un mito urbano que atrae a miles de paseantes a lo profundo del Bosque de Chapultepec. ¿Te atreves a visitarla?


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Si ya visitaste La Casa de la Tía Toña y quieres experiencias más extremas, puedes visitar los lugares embrujados en México, y si eso tampoco te saca un susto, lo mejor será que recorras estos lugares embrujados por el mundo.



TAGS: Terror historia de méxico cdmx
REFERENCIAS: Leyenda de terror Debate

Diana Garrido


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