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Francisco Villa: el origen de una leyenda

30 de mayo de 2018

Cultura Colectiva

“La tragedia de mi vida empezó el 22 de septiembre de 1894, cuando tenía dieciséis años.” Francisco Villa.

Francisco Villa o “Pancho Villa” como le llamaban, nace como José Doroteo Arango Arámbula, el cinco de junio de 1878. Héroe o villano, mito y leyenda, Villa es probablemente el personaje mexicano más conocido en todo el mundo. Como lo menciona Friedrich Katz, historiador y antropólogo austriaco, Villa fue un personaje polifacético, es a veces el Napoleón mexicano, un Robin Hood, el mujeriego o el asesino despiadado.


El periodista Silvestre Terrazas lo define así:


“Perdonaba y castigaba con mano firme, salvando a reos o ejecutando combatientes en sus actuaciones que las leyes internacionales catalogan como delitos de la humanidad. Era tal su transformación por momentos, que no se le podría aquilatar cuando era el hombre bueno o el hombre malo y su normal modo de ser”. [1]



“La tragedia de mi vida empezó el 22 de septiembre de 1894, cuando tenía dieciséis años.” Francisco Villa.


Su primer acto heróico, como Francisco Villa lo relata en sus memorias, fue al llegar a su casa, escuchó a su madre gritar desconsoladamente y preguntar –¿Por qué quiere llevarse a mi hija? El individuo en cuestión era Agustín López Negrete, dueño de la Hacienda de Gogojito, en la que Villa trabajaba para mantener a su familia, pues su padre murió.


Villa montó en cólera, se dirigió a la casa de su primo, tomó su rifle y disparó a López Negrete en el pie, quien se lamentó y con gritos exasperados pidió auxilio y sus criados armados acudieron a él. El hacendado, a pesar de estar mal herido, impidió que mataran al joven Villa. Después del altercado, Villa tuvo que huir de la hacienda con su caballo, pues bien pudo terminar arrestado.


“Cuando en mi azoramiento me vi libre, monté mi caballo, y sin pensar más que en alejarme, me fui a buscar refugio entre las soledades de la Sierra de la Silla, que está frente a la hacienda de Gogojito. Mi conciencia me gritaba que yo había hecho bien. El amo, con cinco hombres armados, con todo el aparato de su poderío, había intentado imponer a mi hogar con una contribución forzosa a la honra. No le bastaba el sudor de sus siervos, necesitaba también a nuestras hembras”. Francisco Villa. [2]



A partir de ese momento, Doroteo Arango vivió como forajido en las montañas de Durango, se dedicó a los robos, a burlar la ley y a sus perseguidores, al mismo tiempo, cambió su nombre a Francisco Villa. Meses después lo detuvieron y encarcelaron en San Juan del Río. Convencido de que lo matarían, logró escapar golpeando al guardia e instalándose ahora en las montañas de Los Remedios. Otras veces más logró burlar a los que buscaban capturarlo.


Así fue que poco a poco Villa asumió un rol de víctima tanto de los hacendados como de las autoridades porfirianas. Aunque Villa siempre se vio a sí mismo de esta manera, y como un héroe, es cierto que no todas sus intenciones fueron puras. Muchas veces robó a los ricos para dárselo a los pobres (hizo más lo primero que lo segundo).


 


En 1910, después de haber sido ya fugitivo por varios años, estalló la Revolución. Porfirio Díaz, el dictador que ocuparía el cargo en nueve ocasiones, se reelige como presidente ese año. Francisco I. Madero promulga el Plan de San Luis desde Estados Unidos, en el que hacía un llamado a levantarse en armas contra la dictadura. Por su espíritu inquieto y sus ganas de luchar contra lo injusto desde pequeño, Francisco Villa decidió unirse a la lucha de Madero.


Por ser el “héroe” de los campesinos y de los súbditos de los hacendados, y por compartir el descontento general contra el régimen, logró juntar en 1913, un pelotón compuesto sobre todo de la gente del pueblo. El ejército que comandó Villa fue probablemente el mayor ejército revolucionario que ha surgido jamás en América Latina: la División del Norte.



Este ejército apoyó la lucha de Carranza y Zapata contra Huerta, quien se había proclamado presidente, y tras su derrocamiento en 1914, Carranza y Villa se volvieron rivales.


Aunque pocas veces se le asocia como gobernante, y más bien como guerrillero, de 1913 a 1914 Villa fue gobernador provisional de Chihuahua. Tenía 35 años cuando asumió la gubernatura.


Durante este periodo expulsó del estado a los españoles acusados de ayudar a Huerta, imprimió diversos billetes y acuñó la moneda de plata. También decretó el establecimiento del Banco del Estado, sustituyó dueños voraces de las tiendas por “administradores honorables”, hizo más baratos los precios de la carne, el frijol y el maíz y reabrió el Instituto Científico y Literario, además de instalar el primer telégrafo inalámbrico del norte y reorganizar los ferrocarriles, entre otras labores.



El 8 de enero de 1914 deja el gobierno en manos de Manuel Chao y reanuda sus actividades militares. El 20 de diciembre de 1915, Francisco Villa, tras una serie de derrotas por los constitucionalistas en las batallas de Celaya, Trinidad, León, Aguascalientes, Agua Prieta y Alamito, disuelve lo que queda de la División del Norte, se despide de sus hombres, y les ofrece libertad de regresar a sus hogares. Quienes deciden permanecer en la División, junto con Villa se dedican a hostilizar al gobierno de Carranza mediante tomas momentáneas de ciudades.


Cuando Estados Unidos otorgó reconocimiento a Carranza, quien había pactado la entrega de México, Villa, disgustado y enfurecido resolvió el 10 de enero de 1916, en Santa Isabel, Chihuahua, dar muerte a 18 estadounidenses. En la madrugada del 9 de marzo de 1916, en Columbus, Nuevo México, se repitió la historia. Después de este episodio, Villa junto con sus tropas iniciaron una gran batalla contra el ejército americano, fue perseguido y lo eludió por más de 11 meses.


Tiempo después continuó su actividad guerrillera. Al caer Carranza en 1920, el nuevo presidente, Adolfo de la Huerta, le ofreció un rancho en Parral (Chihuahua) y amnistía a cambio de cesar sus actividades y se retirara de la política, trato que Francisco Villa aceptó. El 20 de julio de 1923, tres años después, fue asesinado en Parral por motivos políticos, durante la presidencia de Obregón.


Bibliografía:


[1] Aguilar Mora, Jorge. Una muerte sencilla, justa, eterna: Cultura y guerra durante la Revolución mexicana. Ediciones Era S.A. de C.V.: México, 1990

[2] Katz, Friedrich. Pancho Villa. Ediciones Era, S.A. de C.V., 1998 p.17

TAGS: historia de méxico revolución mexicana
REFERENCIAS: Memoria política de México

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