El caos que se vive actualmente en Medio Oriente ha obligado a millones de personas a abandonar sus países para escapar de la violencia. A bordo de precarias embarcaciones, decenas de miles de ellos cruzan el mar Mediterráneo todos los días en busca de un nuevo comienzo. Europa debería superar sus miedos y abrirles las puertas.
Son muchos los factores que han provocado la crisis actual en Medio Oriente, desde hechos recientes como la ocupación norteamericana de Irak (2003-2011), el estallido de la “Primavera Árabe” o la irrupción en escena del autodenominado “Estado Islámico” (ISIS por sus siglas en inglés), hasta disputas milenarias como la que, desde hace más de mil 300 años, protagonizan las dos sectas principales del Islam: los chiitas y los sunitas. Este choque tuvo su origen tras la muerte del profeta Mahoma, en el año 632, y continúa hasta nuestros días, alimentando el resentimiento entre los líderes del mundo islámico.
Producto de todo esto, la región se ha convertido en un auténtico polvorín. Mientras los distintos bandos intentan imponer su voluntad a través de la violencia, la población civil se encuentra atrapada en el fuego cruzado. Ofrecer refugio a estas personas no sólo es un imperativo moral para occidente, sino que forma parte del compromiso adoptado por 142 países, entre ellos todos los miembros de la Unión Europea, durante la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el Protocolo de 1967.
Dicha convención define a un refugiado como alguien que “abandona su país por la amenaza de persecución y no puede regresar y gozar de seguridad mientras exista tal amenaza.” En su mayoría, quienes llegan a las costas europeas procedentes del Medio Oriente se ajustan a esa definición y deberían, por tanto, recibir protección. Pero, más allá de la ética y las obligaciones de los estados, ¿Es buena idea recibir migrantes o refugiados?
Según un reporte del Centro Europeo para la Investigación Económica (ZEW por sus siglas en alemán), los 6.6 millones de personas de origen extranjero que vivían en Alemania en 2012 pagaron 22 billones de euros más de impuestos que el costo de los beneficios que obtuvieron de parte del gobierno (seguridad social, educación, entrenamiento) ese año. Es decir que abrir las puertas a estas personas fue, de hecho, una buena inversión. Es cierto que los nuevos residentes deben incorporarse al mercado laboral, para lo cual necesitan instrucción y tiempo de adaptación, pero, a la larga, se convierten en un activo para el país que los recibe.
Otro factor a considerar es el demográfico. Las bajas tasas de fertilidad en los países europeos: Alemania 1.4, Italia 1.4, España 1.3 (en contraste con 2.2 de México o 3.0 de Siria) y el rápido envejecimiento de la población, podrían generar un grave problema a futuro. El gobierno alemán pronostica una reducción en su población de 81 a 67 millones para 2060. Sin trabajadores jóvenes capaces de mantener el sistema de pensiones y de salud que la población envejecida demandará, Alemania, y el resto de Europa, tendrán muy difícil mantener su nivel de vida actual.
Si, además de estos pronósticos, los líderes europeos necesitan otro argumento para no sólo aceptar a los refugiados sino promover la migración, basta echar un vistazo a las contribuciones que han hecho los refugiados a la humanidad a lo largo de la historia. Un caso paradigmático es el de Albert Einstein. Nacido en Alemania en 1879, el hombre que sería reconocido como una de las mentes más brillantes de la historia, fue perseguido y acusado de traición por el régimen nazi. Forzado a huir, emigró a Estados Unidos en 1933. Ocupó un puesto en la universidad de Princeton y, lejos de las amenazas del Tercer Reich, continuó poniendo su mente al servicio de la humanidad.
Otros personajes cuyas aportaciones los convirtieron en motivo de orgullo para las sociedades que los recibieron son el célebre fotoperiodista Robert Capa –nacido en Hungría, huyó del régimen fascista y se estableció en Alemania–, el escritor Milan Kundera –originario de Checoslovaquia, fue expulsado del partido comunista por sus textos satíricos y obligado a huir a Francia–, la ex-Secretaria de Estado de EEUU, Madeleine Albright –nacida en Checoslovaquia, huyó del régimen comunista y llegó a EEUU cuando tenía 11 años– y la filósofa y catedrática Hannah Arendt –de origen alemán, huyó del régimen nazi y se asentó en Suiza–. Lejos de ser una carga, estos personajes representaron una inyección de vitalidad para los países que les abrieron las puertas.
Actualmente, cientos de miles de personas se encuentran atrapadas entre la espada de ISIS y la pared de la indiferencia de occidente. Lo mejor que puede hacer el viejo continente es aprovechar la gran oportunidad que toca a su puerta, no sólo porque es lo correcto, sino porque entre ellos podría estar el siguiente Einstein o Kundera.
Referencias:
The Sunni-Shia split at the heart of regional conflict in the Middle East explained, National Post, Adrian Humphreys, noviembre 2015. http://news.nationalpost.com/news/world/israel-middle-east/the-sunni-shia-split-at-the-heart-of-regional-conflict-in-the-middle-east-explained
Preguntas y respuestas sobre la Convención de 1951, ACNUR. http://www.acnur.org/t3/el-acnur/historia-del-acnur/la-convencion-de-1951/preguntas-y-respuestas-sobre-la-convencion-de-1951/
What helping refugees costs Germany, Deutsche Welle, Klaus Ulrich, septiembre 2015 http://www.dw.com/en/what-helping-refugees-costs-germany/a-18693996
Europe needs many more babies to avert a population disaster, The Guardian, Ashifa Kassam, agosto 2015 http://www.theguardian.com/world/2015/aug/23/baby-crisis-europe-brink-depopulation-disaster
Fertility rate total (births per woman), The World Bank, 2015 http://data.worldbank.org/indicator/SP.DYN.TFRT.IN
Refugees who have made a difference, UNHCR. http://www.unhcr-centraleurope.org/en/about-us/unhcr-people/prominent-refugees.html?start=0
