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La razón por la que los mayas tenían tanto miedo a los eclipses

13 de julio de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

La ausencia de luz significaba terribles presagios: la vida comenzaba su descenso a un final inminente.


Hoy sabemos que un eclipse es una consecuencia natural –pero no por ello menos imponente– de los movimientos de los astros. Especialmente el eclipse de Sol, cuando éste queda oculto por la Luna desde la vista de la Tierra, resulta especialmente atemorizante. Cualquiera que haya sido testigo de este fenómeno estará de acuerdo en que el sentimiento que se experimenta es de una profunda sorpresa al mismo tiempo que de un reverencial respeto a la naturaleza.



Ahora imagina lo que las civilizaciones antiguas debieron experimentar cuando presenciaban los eclipses a los cuales se les relacionaba con algo sagrado y peligroso. Los sacerdotes mayas, grandes observadores y estudiosos de los cielos, sabían el momento en que este espectáculo llegaría, pero no por ello dejaban de sentirse atemorizados ante ello. Para ellos, pero en especial para la población en general, resultaba dramático ver cómo la luz se extinguía poco a poco y la fuente de vida máxima se veía interrumpida por la oscuridad.



El sol era el comienzo de la vida y su desaparición era una especie de caos funesto que traía una serie de terribles consecuencias. Por ello es que la mayoría de los sacrificios, especialmente los de culturas como la mexica, eran en honor al sol: esta deidad necesitaba ser alimentada para que sus luz derrotara a las tinieblas y al día siguiente apareciera de nueva cuenta para seguir brindando la oportunidad de vivir.


Los términos mayas que se refieren al eclipse son tupa’an u wich k’in y tupul u wich k’in. Tupa’an significa «borrado, apagado» y tupa’an ich «el que está deslumbrado o encandilado y ciego que no ve». Este fenómeno también era visto como el trágico momento en que peligrosas aves descendían para arrancar los ojos de los hombres, provocando en ellos ceguera. Recordemos que las recomendaciones actuales son evitar ver un eclipse antes de que sea total a simple vista sin el uso de un filtro adecuado. El desconocimiento de ello pudo llevar a muchos pobladores mayas a perder la vista al observar el eclipse de manera directa, aunque se sabe que también usaban baldes de agua para que, a través del reflejo en ella, pudieran ser testigos del fenómeno.


Múltiples leyendas mayas explicaban la causa de los eclipses solares: una de ellas es la de las hormigas xibal o xulab que llegaban para devorar al astro rey. Para ahuyentar las tinieblas, el pueblo se reunía para, por medio de ruidos y cánticos, alejar a las hormigas del sol. Estas hormigas, en términos reales, no son otras que las conocidas como arrieras, las cuales suelen tener una capacidad destructora muy grande.



En el caso de los eclipses de luna eran las mujeres las que se sentían amenazadas al ver a su protectora desaparecer o ser devorada. Los cánticos y ruidos también eran los métodos elegidos para que la luna recuperara su condición normal. No sólo las mujeres temían por ellas sino por sus hijos no nacidos: un eclipse era visto como una fuerza destructora capaz de provocar malformaciones en los recién nacidos.



Entre los lacandones que hoy habitan el estado de Chiapas se tenía la creencia de que en el momento de un eclipse la tierra se dividiría y daría paso a una raza de jaguares que "se comerían a la mayoría de la gente". Este animal era temido y reverenciado como una deidad entre los pueblos mayas. Para los mayas ambos elementos eran dioses que al momento de quedar ocultos recibían una especie de agresión de elementos sobrenaturales. Como ya se dijo, entre los sacerdotes se sabía de la naturaleza de los eclipses, pero el pueblo quedaba atemorizado ante la idea de que uno de los dioses muriera y su comunidad quedara para siempre privada de su luz y cuidado.



Especialmente ante los eclipses de sol había una especie de miedo reverencial, ya que se les tomaba como un presagio de desgracias: la luz había desaparecido, después renacido, pero ya nada sería igual, era una luz corrupta. Los pueblos mayas tenían la certeza de que era el momento en que la vida finalizaría. 


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La maya es una de las civilizaciones más enigmáticas que se hayan registrado en los anales de la historia. Gran parte de esa aura de misterio radica en la manera en que desapareció y todo el legado de preguntas sin aparente respuesta que dejaron. Sus pirámides, sus pinturas, sus enigmas malinterpretados como el del Astronauta de Palenque y otras historias siempre causarán fascinación entre los estudiosos y curiosos de la historia.


TAGS: Universo Datos curiosos historia de méxico
REFERENCIAS: NY Times Revista UCM

Rodrigo Ayala Cárdenas


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