
Si bien en algunos lugares del mundo la mejor forma para despedir a los seres queridos es quemando sus pertenencias y hasta sus hogares como suelen hacerlo los indígenas yumanos de Baja California, México, o desenterrarlos una vez al año para convivir con ellos, en otros lugares del mundo, como Japón, algunas personas han encontrado consuelo en una simple cabina telefónica en el medio de un jardín.
Tal cabina fue construida por Itaru Sasaki en su propio jardín. Allí colocó un viejo teléfono negro de disco analógico, así como una pequeña libreta y lo nombró kaze no denwa que quiere decir “teléfono de viento”. En principio el teléfono era de uso exclusivo para Itaru, quien lo utilizaba para comunicarse con su primo.
No obstante, tras el terremoto y tsunami que azotó a Japón en 2011, cientos de personas perdieron a sus seres queridos, por lo que Itaru decidió hacer público su teléfono de viento y permitir que aquellos que lo necesitaran visitaran su cabina para también comunicarse con sus muertos.
De tal forma, Itaru rápidamente cambió su estilo de vida, puesto que ahora ocupa su tiempo manteniendo en buen estado tanto su jardín como la cabina, además de recibir a los visitantes que se trasladan hasta Otsuchi quienes en ocasiones comparten sus penas con él.
En portada: Alex McBride
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