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¿Es posible una verdadera revolución en América Latina?

November 10, 2017

Cultura Colectiva

La verdadera revolución latinoamericana debe alejarse de ideologías europeas y entenderse desde la identidad del latinoamericano.



El sentimiento revolucionario en América Latina va más allá de una simple camiseta del Che Guevara o un llaverito de los zapatistas del EZLN. Pareciera que la revolución y la lucha se llevan en la sangre de cada latinoamericano, porque a fin de cuentas América nació gracias a las luchas independentistas contra los colonizadores europeos. Pero entender estas revoluciones desprendiéndolas de las ideologías europeas no es tarea sencilla. El problema de las revoluciones en América Latina requiere comprender las diversas vertientes y coyunturas históricas con las que ha convivido el marxismo desde que arribó a estas regiones en las primeras décadas del siglo XX. En este sentido lo teórico-metodológico gira en torno a la pregunta: ¿cómo aplicar el marxismo a la realidad latinoamericana?


La teoría marxista en Latinoamérica puede dividirse —según el sociólogo y filósofo Michael Löwy— en tres periodos. Primero, el periodo revolucionario (1920-1935), cuya expresión teórica es Mariátegui, y considera la insurrección de 1932 en El Salvador. Después, el periodo stalinista (1935-1959), cuando la interpretación soviética es hegemónica, así como la doctrina stalinista de la revolución por etapas. Y por último, un nuevo período revolucionario (1959 en adelante); tras la revolución cubana se consolidan diferentes corrientes radicales que postulan la necesidad de la lucha armada y la naturaleza socialista de la revolución, inspirados principalmente en las ideas de Ernesto “Che” Guevara.





Después de la revolución rusa y la aparición de la corriente comunista, se desarrollan los primeros intentos por analizar la realidad latinoamericana en términos marxistas, y establecer una orientación política revolucionaria. Surgen los primeros partidos comunistas bajo la influencia de la III Internacional (1919); pero tienen dos orígenes distintos: el ala izquierda internacionalista, que adhiere a la revolución de octubre de 1917 y al bolchevismo (Argentina, Chile, Uruguay); y el acercamiento al bolchevismo de grupos anarquistas o anarcosindicalistas (Brasil, México). Para ambos la lucha revolucionaria en América Latina es simultáneamente agraria, antiimperialista y anticapitalista, según la estrategia de fusión o choque de frente de las dimensiones anticapitalistas y antiimperialistas.





Tras la muerte de Mariátegui (1930) y Mella (1929), se inició un empobrecimiento del pensamiento marxista que duró hasta los años 60. A partir de 1936 se completa el proceso de stalinización que había iniciado en los años 20. Se constituye en cada partido un aparato dirigente jerarquizado, burocrático y autoritario vinculado a la dirección soviética, que adopta todas sus políticas y orientación internacional. El resultado de esto es la integración de la doctrina de la revolución por etapas y del bloque de las cuatro clases —proletariado, campesinado, pequeña burguesía, y burguesía nacional— para la realización de la etapa nacional-democrática, antiimperialista y antifeudal. Bajo esta interpretación economicista del marxismo, las condiciones no son suficientemente maduras para la revolución socialista en América Latina.





Después de la revolución cubana (1959) se constituyó un viraje clave en la historia del marxismo en general. Completamente liberada de la concepción evolucionista del proceso histórico y sus etapas stalinistas, la dirección castrista no tuvo miedo de romper con el horizonte democrático-burgués. Mostraron que la lucha armada es una vía eficaz para destruir un poder reaccionario y pro-imperialista; también revelaron la posibilidad objetiva de una revolución que combina tareas democráticas y socialistas en un proceso revolucionario ininterrumpido, que estimulen la aparición de corrientes marxistas inspiradas en Cuba que se alejan del eje teórico metodológico de la URSS.





¿Cómo aplicar el marxismo a la realidad latinoamericana sin caer en un modelo europeísta mecanicista o en un exotismo indoamericano? Löwy sugiere algunos puntos que podrían seguirse en función de no reproducir ideas preestablecidas y ajenas, y principalmente para iniciar un análisis desde la propia realidad latinoamericana. En primera instancia, es necesario criticar al modelo de las etapas históricas del desarrollo social en América Latina y la tesis de la dimensión antifeudal; negarse a considerar las formaciones socioeconómicas latinoamericanas como una versión local del feudalismo europeo; y repensar la desigualdad en función del carácter que el capitalismo tuvo en esta región: primero colonial y segundo dependiente.


Que no empleen sus armas… en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social, sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes. (Lowy, M 1980).





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El texto anterior fue escrito por Martín Caruso.


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Si quieres conocer más sobre la historia de América Latina y México, te recomendamos leer estas 6 novelas. Además, te compartimos este artículo sobre los 5 momentos cruciales que pudieron cambiar a México para siempre.




TAGS: Historia mundial Siglo xx América latina
REFERENCIAS: Lowy, M. “Puntos de referencia para una historia del marxismo en América Latina”, en Lowy M (comp.), El Marxismo en América Latina. México. Nueva Era. 1980.

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