
Los estereotipos son fundamentalmente importantes en la familia de la realeza, pues siempre han mantenido una imagen de la familia perfecta, sin ser involucrados en “escándalos”, pero al parecer la familia real escondía secretos que los rodeaban como que algunos de sus integrantes sufrieron enfermedades mentales.
Es por eso que aquí te dejamos una lista de los padecimientos que tuvieron:
Nerissa Bowes-Lyon
Nerissa fue internada en el Hospital Real de Earlswood a los 22 años. Dicho lugar era una institución para personas con discapacidad intelectual. A pesar de tener físicamente más de 20 años, mentalmente era una niña de 3 años que no podía hablar. En dicho registro se aseguró que las hermanas Bowes-Lyon llevaban muertas varios años; aunque en realidad estaban escondidas en el hospital para evitar la atención mediática.
Lamentablemente, Nerissa murió en 1986, a los 67 años. Debido a que su existencia se mantuvo en secreto, nadie asistió a su funeral, tan solo el personal de la institución.
Katherine Bowes-Lyon
Nunca aprendió a hablar y se le declaró muerta al igual que su hermana, aunque seguía viva. Afortunadamente, la familia real se hizo cargo de pagar la cuota de la institución, en donde la cuidaban de acuerdo con sus necesidades especiales. Katherine murió en el olvido en 2014, a los 88 años.
Las hermanas Fane
Por otro lado, Fenella Trefusis, madre de Nerissa y Katherine, tenía una hermana llamada Harriet. Ella se casó con el comandante Henry Fane y de su matrimonio nacieron 7 hijos. Tres de ellos tuvieron la misma condición mental. Sus nombres eran Idonea, Rosemary y Etheldreda.
Las tres chicas también fueron internadas en el Hospital Real de Earlswood y vivieron el resto de sus días en instituciones mentales. Un especialista apunta a que los problemas de las hermanas Bowes-Lyon y las hermanas Fane se deben a un problema genético, pues todas comparten los genes de la dinastía Clinton, de donde provenían sus madres al ser hijas del barón de Clinton.
Muy probablemente, dicha enfermedad también repercutió en los varones de la familia, quienes morían a temprana edad; mientras que a las mujeres les causaba discapacidad intelectual.
Alicia de Bettenberg
Llegó un punto en el que aseguraba que Dios le hablaba y experimentaba visiones suyas. Para entonces fue internada en un sanatorio en Suiza. El mismísimo Sigmund Freud la diagnosticó, aunque sus tratamientos en lugar de ayudarla empeoraron su estado.
Alicia de Bettenberg no se quedó mucho tiempo recluida en Suiza, logró salir y hasta participó en la Segunda Guerra Mundial. Fue voluntaria de la Cruz Roja, adiestrando a enfermeras en sus labores médicas y fundando refugios para los huérfanos.
Diana de Gales
Todo inició con su tormentosa relación con el príncipe Carlos, pues consumir alimentos y después vomitarlos le ayudaba a aliviar la enorme tensión a la que se veía sometida. Además, la princesa de Gales lidió con la depresión postparto completamente sola.
Tras dar a luz a su primer hijo, William, Diana se dio cuenta de que ya no solo debía de cargar con el peso de ser esposa y princesa, sino también con criar a un futuro heredero al trono.
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