El manual de Carl Sagan que te hará escéptico ante los medios de comunicación

El manual de Carl Sagan que te hará escéptico ante los medios de comunicación

El manual de Carl Sagan que te hará escéptico ante los medios de comunicación


“Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”, afirmaba Newton en una carta destinada a Robert Hooke, parafraseando a Bernard de Charles. A fines del siglo XVII, el hombre que estableció las bases de la mecánica clásica y elaboró una teoría precisa y elegante sobre la gravitación universal, dedicaba gran parte de su tiempo a buscar entre las escrituras bíblicas alguna señal divina que advirtiera sobre el camino que debía tomar el hombre, los riesgos y los eventos venideros.

Newton, como todo buen creyente, estaba convencido que cada uno de los fenómenos que se presentan en el Universo, los distintos tamaños y formas de la materia, eran expresión innegable y parte de la grandeza de Dios; sin embargo, el físico nunca encontró en la religión un tope para hacer a un lado la objetividad en sus observaciones sobre la óptica o el movimiento planetario: a pesar de su devoción, entendió que en el terreno de la ciencia no hay espacio para Dios ni para la fe como prueba inexorable de la comprobación de un hecho.

Por más que miles de millones de creyentes alrededor del mundo, adeptos a cualquier religión, deseen una prueba inexorable de la existencia de Dios como forma de validación de su creencia, los cánones sobre los que descansa la fe les obligan a simplemente “creer” sin esperar una comprobación real, pues –al menos en el caso del cristianismo– la duda constituye una especie de negación. La curiosidad innata del hombre y la búsqueda de la verdad significan para la tradición cristiana una afrenta a la fe.

“Los hombros de gigantes de los que habla Newton, son en realidad las aportaciones de un sinfín de individuos de todas las épocas y tiempos, cuyo conocimiento y la colectivización del mismo ha aportado significativamente a la comprensión del Universo”.

En “The Demon-Haunted World” (1995), Carl Sagan toma como punto de partida situaciones comunes que todos los días enfrentamos para poner de relieve la manera en la que funciona el pensamiento crítico y escéptico. El camino para diferenciar la realidad de la ficción, la apariencia de la esencia o lo ideal de lo material, ha sido arduo desde los albores de la humanidad. Los hombros de gigantes de los que habla Newton, son en realidad las aportaciones de un sinfín de individuos de todas las épocas y tiempos, cuyo conocimiento y la colectivización del mismo ha aportado significativamente a la comprensión del Universo.

El pensamiento escéptico no sólo tiene aplicación en el terreno de las ciencias. En realidad, se trata de una serie de herramientas cuya universalidad puede aplicarse en cualquier aspecto de la vida para diferenciar entre lo real y material de lo aparente e ideal. Cualquier tipo de información falsa puede ser fácilmente descartada a través de un análisis lógico que permita inferir aquellos hechos que disten de la objetividad. Esto es especialmente valioso en el terreno de los medios de comunicación, donde en todo momento estamos expuestos a un cúmulo de saberes e interpretaciones de la realidad que pueden no coincidir con ella. Además de alejarte de los medios tradicionales e informarte por medio del periodismo independiente, objetivo y crítico, estos son nueve principios útiles para someter una idea al rigor científico y desecharla, o bien, continuar trabajando sobre ella:

1. Siempre que sea posible tiene que haber una confirmación independiente de los «hechos»

Una máxima del pensamiento científico está en la universalidad de las leyes enunciadas. En el caso de los medios de comunicación, una noticia que carece de otras fuentes, testigos u observadores, puede ser solamente un argumento mediático o un panfleto hacia alguna de las partes.



2. Alentar el debate sustancioso sobre la prueba por parte de defensores con conocimiento de todos los puntos de vista

Podrá parecer un ejercicio terriblemente ocioso, pero es necesario obtener todos los puntos de vista sobre una idea para enriquecerla o bien, utilizarla como base para futuros conocimientos.



3. Los argumentos de la autoridad tienen poco peso

En la ciencia, como en la producción de conocimiento crítico, no existe tal cosa. Todas las ideas están permanentemente expuestas a su contraste con la realidad, que es el terreno definitorio del poderío de una teoría científica. Cualquier idea, sin importar si proviene de un especialista en la materia (Carl Sagan, peritos investigadores o el presidente de la república) debe ser expuesta al rigor de los hechos para comprobar su validez.



4. Baraje más de una hipótesis

“Si hay algo que se debe explicar, piense en todas las diferentes maneras en que podría explicarse”, afirma Sagan. Se trata de trabajar solamente sobre aquellos elementos de una teoría capaces de resistir a las alternativas y que coinciden con las opciones de la materia en cuestión. Se parte de un hecho comprobado para tratar de inferir un resultado desconocido.



5. Intente no comprometerse en exceso con una hipótesis porque es la suya.

La naturaleza objetiva de la ciencia exige deshacerse de cualquier dejo de afinidad con una idea sólo porque te pertenece. Puede que tu teoría sea sencilla, elegante y explicativa; sin embargo, si existe otra capaz de explicar la realidad de mejor forma que la tuya, será rechazada. Trata de encontrar por ti mismo sus puntos débiles y argumentos que puedan contradecirla para mejorarla.



6. Cuantifique

“Si lo que explica, sea lo que sea, tiene alguna medida, alguna cantidad numérica relacionada, será mucho más capaz de discriminar entre hipótesis en competencia”. A través del análisis cuantitativo es posible llegar a un resultado cualitativo. A través de la lógica, Eratóstenes calculó la circunferencia de la Tierra; sin embargo, fue necesario un cálculo trigonométrico para llegar a la demostración final.



7. Si hay una cadena de argumentación, deben funcionar todos los eslabones de la cadena (incluyendo la premisa), no sólo la mayoría

Un principio básico de lógica. Si algo está fuera de sitio, comprometido o forzado, entonces debe someterse a revisión y en su caso, falsearse.



8. El rasero de Ockham

En palabras de Sagan: “Esta conveniente regla empírica nos induce, cuando nos enfrentamos a dos hipótesis que explican datos igualmente buenos, a elegir la más simple”; sin embargo, no siempre la respuesta más sencilla es la mejor. No hay nada más complejo que la realidad, todas las elaboraciones teóricas a partir de su abstracción en modelos son un reflejo de su interpretación en la conciencia.



9. Pregúntese siempre si la hipótesis, al menos en principio, puede ser falsificada.

Desde el primer momento, al escuchar una teoría o hecho noticioso, ¿algo suena extraño, inconsistente o incongruente con la realidad y el escenario actual? Compara la información recibida con la lógica de todos los elementos que conforman el hecho y comprueba si tiene sustento real.



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