Desde hace años, distintas publicaciones científicas como el Science Journal y el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, han afirmado que el consumo de pornografía ha incrementado los casos de disfunción eréctil en los hombres. Esto no sólo se debe a la desmesurada exposición al sexo, sino al condicionamiento al que se someten las personas, acostumbrándose a la excitación en solitario y enfocada en un placer irreal. Los individuos se alejan de su naturaleza y de la conexión humana. En contraste, cada vez existen más personas que tienen un fuerte desinterés cuando se habla de sexualidad. Ya sea por elección propia, represión o preferencia por otro tipo de satisfacción, creen que el coito es innecesario e incluso ilógico. Mientras eso sucede, el resto de las personas creen que es lo más importante en el mundo y el motor que hace funcionar las relaciones, pero ¿por qué sucede eso? ¿En qué momento el sexo se convirtió en la piedra angular de la vida? ¿Qué tanto daño nos está haciendo?

Esos temas, que incluso en la actualidad son difíciles de abordar, son los protagonistas del filme debut de Steven Soderbergh, por la cual ganó una Palma de Oro en Cannes el año que fue lanzada. Sexo, mentiras y video: tres elementos que fácilmente pueden entrelazarse, también pueden destruir una vida casi de inmediato y es posible notarlo desde las primeras tomas de la cinta. Siguiendo un estilo tradicional, similar al de la ola de cine europeo de fines de los 80 e influenciado en gran parte por Roman Polanski y hasta Pedro Almodóvar, el director toma el papel del voyerista e invita a la audiencia, por medio del morbo, a observar la forma en que la neurosis y la obsesión por la importancia del sexo, no sólo ha provocado una decadencia general en la sociedad, sino también en la psique de los individuos.

Soderbergh se limita a observar a través de su lente la vida de sus protagonistas y sitúa claramente la mentalidad de cada uno. Peter Gallagher es John, un abogado que engaña a su mujer, Ann (Andie MacDowell), con su hermana Cynthia (Laura San Giacomo), ya que su esposa, a quien forzó a abandonar su trabajo para servirle sólo a él, no quiere tener sexo. El escenario podría parecer extremadamente simple y tan absurdo como para ser cualquier otra cinta erótica de bajo presupuesto, sin embargo, el guión del director se encarga no sólo de evitar la exposición del sexo, sino de profundizar en los motivos de cada uno de sus personajes y de cuestionar a la audiencia por medio de la ausencia del sexo.

Sin embargo, Graham es quien revela un lado más oscuro de la sexualidad más allá de las infidelidades. Aunque conoce a John y tiene un trasfondo similar al de él, lleno de sexo y machismo, parece representar una mentalidad diferente. Mientras que su amigo es feliz acostándose con la hermana de su esposa, Graham es impotente y sólo puede excitarse a través de las cintas que graba en secreto. Es entonces cuando la cámara –que carga consigo un papel relevante– entra en juego. John, Ann y Cynthia evitan hablar entre ellos y Graham les facilita una forma de comunicarse: a través del dispositivo. De esa forma, la cinta revela nuestra separación de las relaciones interpersonales y la preferencia, cada vez más común, por la comunicación a través de un dispositivo. Ellos miran a la cámara y hablan, pero no la perciben como una persona, así que pierden el miedo y dejan salir sus fantasmas más oscuros.

Sex, Lies and Videotape muestra en sólo cuatro personajes la angustia de existir enredado en un mundo enfrascado en el sexo. John cree que es lo único que lo hace sentir con vida, Ann lo evita para no imitar a su hermana, y Cynthia lo usa como un arma porque es la forma en la que logra reafirmar su poder entre los hombres. Graham sirve como un catalizador para que todos enfrenten sus miedos y acepten que su vida se reduce sólo a la importancia de una actividad carnal.
Soderbergh no escatima ni una sola palabra en los diálogos y permite que sean estos y los personajes los que encaucen la cinta. En lugar de dejar que las imágenes hablen más sobre la naturaleza de los hombres y mujeres, permite que las palabras y el filme, a cada escena, sirvan como una revelación para la audiencia. Su crudeza hace que sea inevitable identificarse, ver un reflejo de la realidad y cuestionar la relevancia del sexo en nuestro contexto actual.

Con uno de los trabajos más minimalistas y sutilmente experimentales, Sodenbergh influyó a toda una generación de cineastas, ofreciéndoles opciones para crear historias congruentes con elementos de bajos presupuesto y con usos técnicos distintos a los tradicionales, pero además, tuvo el valor de plantear preguntas sobre sexualidad en una época en la que el daño de la popularización del tema había obsesionado permanentemente a toda una población. La manera psicológica en la que abordó el tema, sin exagerar ni especular con vagas teorías la cuestión del comportamiento humano fue tan honesta que era imposible dejar de mirar la pantalla y observar los efectos del sexo en nuestra propia psique. A la fecha sigue siendo su obra máxima que cambió el género del drama indie para siempre.

La visión de Soderbergh en Sex, lies and videotape motiva a reconsiderar nuestro comportamiento en el ámbito sexual. Cada vez más personas prefieren pasar horas viendo pornografía que lidiar con la realidad, mientras que otros se enaltecen o se preocupan porque no los desean con tanta vehemencia como nos ha enseñado la cultura popular. Es de esos títulos de culto que definieron la historia del cine usando el sexo y las mentiras para cambiar la forma en que pensamos, y apreciar al cine por esa ventana que, a cada minuto, puede transformar nuestros deseos.
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