
La historia pudo haber nacido como una pregunta de un adolescente, y sólo Danny Boyle pudo transformarla en algo más grande… pero no tanto como esperábamos. Yesterday nos da la siguiente premisa: un músico casi en sus 30 despierta un día, siendo la única persona que recuerda que existieron los Beatles. Su siguiente paso es tratar de recordar todas las canciones y comenzar a darlas al público con la esperanza de que sea famoso, sin embargo, en el camino se encuentra distanciado de la mujer que lo apoya, y se siente culpable sobre lo que ha hecho.
Por ejemplo, la cinta nos muestra el rápido ascenso del protagonista como cantante y supuesto autor de las canciones de los Beatles, pero pasa por alto la importancia de las voces de Paul, Lennon y Harrison, las armonías que lograban y su experimentación en el estudio. El guión reduce las crisis del personaje a tratar de recordar las letras de las canciones, pero no nos dice cómo sufriría buscando un sonido similar al que llegó a hacer tan grande a los Beatles. Se pasa por alto la relevancia del proceso de producción dentro de la historia del cuarteto, y el papel que tendría actualmente frente a otros fenómenos pop como Ed Sheeran; asimismo, evita las preguntas ¿de verdad sonarían “modernos” los Beatles? o ¿cómo es posible que Ed Sheeran exista en un mundo donde los Beatles no?
Por otra parte, Sheeran –a pesar de interpretarse a sí mismo– nos convence de que está comprometido con ese universo alternativo y da una buena actuación, pero resulta siendo un desperdicio de personaje. Al inicio creemos que servirá como una especie de némesis para nuestro héroe, sospechando sobre su proceso creativo; incluso en cada escena parece estar más intrigado y molesto con él por ser un “mejor compositor”. Sin embargo, no pasa nada más. De pronto Sheeran pasa a segundo plano y regresamos al romance.
Musicalmente hablando, la cinta no es decepcionante. Es un mundo sin Beatles, entonces sólo escuchamos poco de las versiones originales y vemos a Hesh Patel entregar todo en cada interpretación. Cumple para aquellos que se complacen con covers simples, pero en realidad no destacan demasiado. En cuanto al aspecto visual, es el Danny Boyle más relajado que hemos visto en años: no toma riesgos, no hace algo complejo, y usa recursos que parecen demasiado caricaturezcos en momentos clave, alejando a la audiencia de lo que sucede en el subtexto. Es un Danny Boyle comercial nada cercano a Trainspotting o hasta Steve Jobs, y resulta extraño, considerando que este proyecto era un poco pasional. Su falta de atrevimiento la hacen mediocre y olvidable.
La obra se siente lenta, e incluso desperdicia la música, repitiendo temas, en vez de usar otros para llevar adelante la historia. Al final parece demasiado apresurada y no ofrece nada distinto a lo que hemos visto antes. Se siente más cómo un episodio de una serie de antología a una película; si provoca algo son ganas de correr al auto o encender el celular para poner las canciones originales, porque la nostalgia hace eso.
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