“Abrimos los labios genitales menores y le decimos a la chica que tosa. En la primera relación sexual, el himen siempre se rompe entre las siete y las nueve de las agujas del reloj. Por lo tanto, es fácil saber si la joven era virgen o no”, inicia un reportaje de El Mundo donde retrata la manera en que las mujeres son obligadas a confirmar su “pureza” en Kabul.
Esta práctica puede parecernos no sólo extraña sino misógina. La sentimos totalmente alejada de los conceptos occidentales de la sexualidad femenina, podemos incluso sentirnos indignados por ella. Sin embargo, olvidamos las censuras que también en nuestra sociedad imponemos al disfrute abierto del erotismo en las mujeres; ver el goce exuberante, abierto e impúdico de ellas, es algo que se tiene, generalmente, en la oscuridad.
Mostrar el erotismo femenino se vuelve entonces algo fundamental; en la cama, en la ducha, mirando pornografía, y hasta en la oficina, las mujeres retratadas por Cheksea Zahara Shaw, retan a sus observadores con imágenes llenas de lascivia y voluptuosidad. Aquí te presentamos algunas de ellas acompañadas por fragmentos de poemas eróticos elaborados por mujeres escritoras de diversos tiempos y latitudes. La combinación logra un resultado explosivo:

“Amigo mío, decídete
ven a tomarme ahora
bésame la boca,
apriétame los pechos,
junta ajorca y arracada.
Mi marido está ocupado.
Mi amigo Ahmad,
sube conmigo a la cama,
vidita mía,
acuéstate desnudo”.
Anónimo

“Mi clítoris destella
en las barbas de la noche
como un pétalo de lava,
como un ojo tremendo
al que ataca la dicha,
al que el placer ataca
y contraataca
con zumos delicados,
enfebrecidas salamandras.
El útero olvida
su suave domicilio. Desata
las cuerdas del espacio.
Varón, que te recorre
mi pubis, fuego y raso”.
Ana Istarú

“El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.
Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.
Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote,
te gózame, me amándonos, decíamos.
¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quién pega de alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?
¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano?”
Márgara Sáenz

“Déjame que esparza
manzanas en tu sexo
néctares de mango
carne de fresas;
Tu cuerpo son todas las frutas.
Te abrazo y corren las mandarinas;
te beso y todas las uvas sueltan
el vino oculto de su corazón
sobre mi boca.
Mi lengua siente en tus brazos
el zumo dulce de las naranjas
y en tus piernas el promegranate
esconde sus semillas incitantes.
Déjame que coseche los frutos de agua
que sudan en tus poros:
Mi hombre de limones y duraznos,
dame a beber fuentes de melocotones y bananos
racimos de cerezas.
Tu cuerpo es el paraíso perdido
del que nunca jamás ningún Dios
podrá expulsarme”.
Gioconda Belli

“Me dejo tocar por ti
en las calles
enfrente de todos
semi-desnuda
oprimes alguna parte infinita de mi orgasmo.
Y una vez más
tu sexo afilado
está aquí
abriéndome los labios”.
Frida Varinia Ramos

“Flores, pedazos de tu cuerpo;
me reclamo su savia.
Aprieto entre mis labios
la lacerante verga del gladiolo.
Cosería limones a tu torso,
sus durísimas puntas en mis dedos
como altos pezones de muchacha.
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja
y es una caracola.
Ella sabe a tu leche adolescente,
y huele a tus muslos.
En mis muslos contengo los pétalos mojados
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo”.
Ana Rossetti

“Cuando te pienso se desatan atractores extraños,
mi cuerpo se desplaza,
se hace trizas en todas direcciones para encontrarte.
Y así vuelvo a nacer cuando te abrazo.
En el microclima de tu piel
mis briznas se conjugan con verbos desconocidos,
se recomponen
lejos de las palabras párvulas y huérfanas.
Así vuelvo a nacer
con los poros imantados de ti.
Tu piel tira de ellos en la distancia.
Hundo mis pies en tu océano,
me abandono a la química de las pasiones,
y a un solo movimiento tuyo
se ordenan mis hormonas, mis células, mis glándulas,
en el concierto del deseo sin ataduras
ni sintaxis”.
Amalia Iglesias

“Te doy mi alma desnuda,
como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Desnuda con el puro impudor
de un fruto, de una estrella o una flor;
de todas esas cosas que tienen la infinita
serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas esas cosas,
frutos, astros y rosas,
que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena
¡que tuviera una intensa blancura de azucena!
Desnuda, y toda abierta de par en par
¡por el ansia del amar!”
Juana de Ibarbourou

Salvajes, impúdicas, atrevidas, fuera de sí, las mujeres aquí expuestas se manifiestan en toda su pasión. No hay preocupación por las formas, por los “buenos modos” o lo “correcto”. El erotismo es un acto que se elige libre de prejuicios y etiquetas. Si estas ilustraciones te resultaron incómodas, probablemente se debe a la falta de apertura en la expresión femenina sobre el sexo.
La obra completa de esta artista radicada en Canadá puedes encontrarla en su página oficial y en su cuenta de Instagram.
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Si te interesa sumergirte en el mundo de la ilustración, te recomendamos revisar las ilustraciones que sólo entenderás desnudo frente a un espejo y mira éstas de todo el deseo y la magia que escondo detrás de la piel.
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Referencias
El Mundo
Fátima Frutos
Escritoras y pensadoras europeas

