Religión y ciencia, dos opuestos que a través de los años han intentado encontrar un equilibrio. Esta relación de cordialidad es tan absurda para la ciencia, como tan hipócrita para las doctrinas religiosas. Sin embargo, la medicina ha dejado un campo abierto a aquello que no precisamente se basa en la fe, pero sí en la sugestión. La mayoría de los medicamentos homeópatas trabajan con placebos, el activo más poderoso de todos. Un frasco con chochos de azúcar y unas gotas de nada, son tan eficaces como una caja de aspirinas. Entonces, ¿es posible curarnos a partir de una idea?
De acuerdo con algunas filosofías la mente es tan poderosa como para salvarnos de la peor amenaza o sanarnos del mayor dolor. Un claro ejemplo son todas esas alternativas que nos aseguran mejorar nuestra salud a partir de unas gotas de agua azucarada, ¿por qué funcionan? Porque nuestro cerebro liga el pensamiento de “estoy tomando medicina, entonces me voy a curar” con todos los neurotransmisores de nuestro cuerpo. De esa forma una creencia se vuelve una orden que nuestra mente le comunica y exige al resto de nuestro organismo.
Con el karma sucede lo mismo, la idea que gira alrededor de una mala acción está basada en la expresión: “la vida me la va a regresar”. No obstante, además de sugestión y de acuerdo con Budismo, las leyes del karma surgen de algo más sólido que un pensamiento. Éstas son partes de una filosofía que nos ayuda a convertirnos en seres más consecuentes de nuestros propios actos.
La preocupación primordial de cualquier budista, y en general de cualquier ser humano, es encontrar un estado mental óptimo. La tranquilidad espiritual y la focalización positiva son parte de quienes practican esta disciplina, misma que permite una mejor conexión con las emociones y por lo tanto una mayor estabilidad. Las leyes del karma plasman justamente esa relación entre nuestros actos, el universo y la armonía. El término karma proviene de la raíz “kri”, que significa “hacer”. Por ello los budistas afirman que cualquier acción trasciende en forma de energía, misma de la que es imposible escapar pues todos somos y formamos parte de la misma fuente de poder.

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12. Ley de la inspiración
Cuanto más esfuerzo, energía y valor dediquemos a nuestra vida diaria, mayor será el mérito de nuestros triunfos.
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11. Ley de la paciencia
Cuanto más dedicados estemos a las labores que nos ocupan, mayor será la felicidad al recoger la recompensa.

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10. Ley del cambio
El cambio se logra con base en los conocimientos y experiencias adquiridos, todo depende de la forma en la que apliquemos ese nuevo aprendizaje a nuestra vida.
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9. Ley del presente
Vivir pensando en el pasado, en lo que pudo haber sido y no fue, es una manera de desbaratar nuestro presente y truncar nuestro futuro.

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8. Ley de la generosidad
Vivir en un estado mental de respeto y compasión hacia los demás nos conecta con nuestra condición de seres humanos, la cual merece dar y recibir generosamente.
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7. Ley de focalización
No somos capaces de acceder a niveles altos de sabiduría sin haber atravesado antes por estadios intermedios, debemos enfocarnos en alcanzar nuestros objetivos poco a poco.

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6. Ley de desarrollo
Estamos en constante cambio, en un permanente fluir y somos soberanos de nuestro destino. Para guiar nuestro camino debemos evolucionar espiritualmente.
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5. Ley de conexión
Cada acto, por intrascendente que pueda parecer, está conectado con muchos otros elementos del universo. Debemos ser conscientes de que todas nuestras acciones tienen un eco en el futuro.

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4. Ley de la responsabilidad
Si nos pasan cosas malas a menudo, es posible que estemos actuando de manera negativa. Todo acto conlleva consecuencias, aprendamos a asumirlas y afrontarlas.
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3. Ley de humildad
Todo aquello que negamos influye negativamente en nuestras vidas. La virtud de crecer moral e intelectualmente llega con la humildad de aceptarnos tal cual somos y de no rechazar a lo demás.

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2. Ley de generatividad
La misión de todo ser humano es ser partícipe de la vida y eso implica crear. Somos parte inseparable del universo y por ello debemos dedicarnos a generar, sólo así encontraremos nuestro lugar en este mundo.
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1. La ley esencial
Recibimos lo que damos y recogemos aquello que hemos ido sembrando. Nuestra vida está regida por la relación “causa-efecto”, todo lo que hagamos retornará a nosotros.

El Budismo es una religión no teísta, puesto que para esta doctrina no existe ningún dios omnipotente o creador. Es decir, para esta filosofía lo más importante es creer en el poder de uno mismo y de cada acto. Las 12 leyes del karma confían en la libertad de cada ser humano para decidir lo que mejor cree para sí mismo, sin hacerle daño a los demás. Causa y efecto, así es como el mundo gira, como el universo se conforma y como nosotros encontraremos la armonía que tanto buscamos.
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Referencia:
Psicología y mente
