México se convirtió con los años en un país exótico para los extranjeros; el punto de encuentro de los sueños y los gratos momentos porque se vive con el corazón contento y la barriga llena. Un día el fotógrafo belga Annick Donkers viajó a la capital para trabajar, recorrió las calles de la ciudad y a la hora de la comida entró –por recomendación de un colega mexicano– a un mercado . Al llegar al área de comida su asombro fue incontenible y lo único que pudo hacer para comprobar que sus ojos no le mentían fue tomar la cámara y disparar.
No, no era un engaño. En los mercados venden animales muertos. la fotografía de una ternera despellejada lo confirma.

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. El cuadro se volvió todavía más intenso cuando una persona pidió la pierna de la cabra y el carnicero la cortó de un corte abrupto sin dar muestra de incomodidad. Al contrario, en su cara se dibujaba una sonrisa de satisfacción mientras el filoso instrumento rebanó un poco de músculo.
La repulsión en Annick se hizo evidente. La náusea le nubló la razón y salió del lugar. En ese momento formuló su primera impresión de México: es un lugar violento. Él es de Bélgica, de un cultura totalmente diferente a la de México. Ahí la dieta se basa en semillas y plantas. Algunas personas ingieren productos lácteos y un poco huevo, pero nunca se observa a un animal despellejado sobre la mesa.

Al pasar más tiempo en México, Annick entendió la importancia que tienen los mercados para la sociedad. Él no acostumbra comer carne, pero la cultura a la que se internó es completamente carnívora. En esta gran encrucijada, el fotógrafo belga sólo podía hacer dos cosas: alejarse de aquellos ritos salvajes o redescubrir el significado de los alimentos y su relación con la cultura mexicana.



Con la experiencia antropológica que tienen los fotógrafos documentales, Annick realizó un extenso trabajo de campo y recogió suficiente material para reflexionar. Durante sus viajes encontró carne de conejo, res y pollo. También presenció la decapitación de un pez que se transformaría en el platillo principal de una cena romántica.



Al reunir las fotografías construyó un rompecabezas antropológico-culinario. México es un país carnívoro donde se sacrifican cientos de animales para alimentar a sus habitantes. Matar a otro ser vivo pasó a ser una necesidad de sobrevivencia y no de barbarie, como en un principio pensó Annick Donkers.
Las fotografías ahora forman parte del proyecto documental “Carne Trémula”, el cual demuestra a través de imágenes que la carne es omnipresente para el mexicano. Al no ser partícipe de la dieta, Annick Donkers expone la brutalidad que se adscribe al acto de comer. Expone lo agresivo que puede ser matar a un animal para después venderlo en partes. Ésa es la brutalidad que un hombre vegetariano no puede soportar.


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“Carne Trémula” es una serie modesta sobre los viajes de un extranjero por los mercados de México. Destaca el contraste de ideologías, el asombro que se crea al observar lo desconocido y la agresividad intrínseca en el acto de comer carne. El trabajo de Annick revela lo que otros no perciben de la cotidianidad, así como hacen los artículos: “25 fotografías que demuestran lo absurda, surrealista y curiosa que es la vida” e “Imágenes de la destrucción cotidiana en el mundo para no quedarnos con los brazos cruzados”.

