Escuchar a tu corazón significa seguir tu instinto aun cuando éste contradiga las conclusiones racionales, y el significado de esta frase se prueba a sí misma. Hoy sabemos que el corazón no siente, que todas las emociones y sensaciones provienen y son filtradas por el cerebro. Esto significa que sentimos en todo el cuerpo, sentimos donde el cerebro quiere que sintamos, pero aun así, seguimos confiando en el corazón a la hora de tomar decisiones difíciles.

Rastrear los orígenes de este icono no es tarea sencilla y aún hoy no estamos seguros de dónde proviene. Uno de los antecedentes más antiguos son los egipcios, quienes usaban la palabra Ib (que significa corazón) en conjunto con otras para denotar emociones. Por ejemplo, utilizaban la conjunción Awt-ib (literalmente “grandeza de corazón”) para decir “felicidad”, otro ejemplo es o Xak-ib (literalmente “truncado del corazón”) para decir “separado”.
Podemos encontrar otros antecedentes en los científicos y filósofos clásicos, como Aristóteles, quien otorgó al corazón el trono del pensamiento, al considerarlo la fuente de la razón o las emociones.

Al corazón lo relacionamos con la fuerza vital, con el poder y con las emociones profundas, pero sobretodo con el amor. El corazón parece ser la esencia irremplazable, se ufana de ser puro, si amas a alguien de manera pura solamente te fijas en su corazón, pasando por alto todos sus defectos… tener un buen corazón redime muchas cosas.
Es por esto que enviarle tu corazón a alguien es el máximo símbolo de afecto. En estos días hemos traducido este significativo gesto en emojis de corazón que enviamos a nuestros seres queridos de manera digital. Pero esta tradición tiene sus orígenes en la Edad Media, cuando la realeza europea enviaba su corazón a los suyos.

La práctica de enviar o sepultar este órganos vital tuvo su mayor auge durante los siglos XII y XIII debió a diferentes factores, el principal fue la falta de espacio en las criptas de las iglesias y las cruzadas que reclamaban la vida de muchos lejos de su tierra, así que su corazón se removía y enviaba de regreso a sus familiares para que lo enterraran. El órgano se enviaba como muestra del coraje, valor y amor que el caído en batalla sentía por su familia.
Parece que esta práctica estuvo cargada de simbolismo desde sus orígenes. El máximo ejemplos es el de Ricardo I de Inglaterra, mejor conocido como Corazón de león, se rumora que este apodo se le otorgó al haber arrancado y consumido el corazón de un león para obtener su coraje; más tarde, el corazón del monarca fue embalsamado en especias y enterrado en Rouen, Francia.

Un ejemplo más espeluznante es la tumba de René de Chalón, príncipe de Orange, de quien se hizo una estatua en la que podemos ver su cadáver en descomposición con el brazo derecho levantado hacia el cielo y en su mano yace su corazón.

Conforme paso el tiempo, esta costumbre se fue perdiendo, aunque podemos encontrar algunos ejemplos interesantes en el siglo XX. Como el del poeta Thomas Hardy, cuyo corazón fue enterrado separado de su cuerpo; sin embargo, existe una leyenda que cuenta cómo el doctor que removió el órgano decidió guardarlo en una caja de galletas en su casa, más tarde y por falta de buena suerte, su gato encontró la lata y devoró lo que había dentro, por lo que se dice que en la tumba está enterrado el corazón del gato.

Hacer una revisión de sepulturas en las que el órgano vital juega un papel importante nos tomaría demasiado tiempo, pero con las anteriores hemos dejado claro que el corazón dice muchas cosas. Ya sea por la importancia de sus funciones, o por encontrarse en el pecho, donde se reflejan las emociones más fuertes, lo más probable es que siempre esté atado a lo que sentimos y no podemos explicar.
A pesar de que el corazón no sienta, lo más importante es lo que significa.

