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Home Arte Letras

Caníbal

by
octubre 24, 2014
in Letras
Caníbal

Caníbal

Howardschatz e1414167311849 - caníbal
Foto de Howard Schatz

El primer día de cualquier empleo la expectativa es incierta.

Toqué el timbre de la puerta.

-¿Si?- Me abrió un tipo delgado.

-Hola, soy el nuevo asistente.

-Ah sí, te espera, segundo piso de lado izquierdo puerta roja.

Seguí las instrucciones.

Toqué dos veces.

-¡Pase!

Entré.

Una mujer con lentes, clavada en el escritorio me hizo un ademán con la mano para que me acercase. Me senté frente a ella. El mueble nos separaba. Mientras ella seguía en lo suyo, admiré su semblante. Piel morena brillante, cabellos negros también relucientes. Sus piernas estaban cubiertas por unos “jeans”. Jugueteaba con ellos en el aire.

Regresó al momento. Levantó la vista.

Ojos penetrantes, mirada cachonda. Ella sería mi jefa.

-¿Eres?

No contesté. Me quedé clavado en sus ojos.

-¡Hey! Te hice una pregunta.- Se ofuscó.

-Soy el nuevo, comenté.

-Ahh mi asistente. En mejor momento no pudiste haber llegado.

Se levantó de su asiento para tomar unos papeles. Allí el sol iluminó el área por completo. Pantalón entallado, culo bien delineado, cintura ligera, senos bien dibujados. Me aventó unas hojas.

 -Revisa esto. Tenemos que sacar costos de producción para un comercial que se rodará mañana.

 Hice como que veía los detalles. Mi atención estaba puesta en ella.

 – ¿Cómo te llamas?

– Alberto. ¿Usted?

 – Sofía.

 – ¿Y bien, qué esperas? A darle. Revisa los costos.

 Me levanté de la silla en trance. Cerré la puerta con sigilo. Puse un poco de música de un reproductor que estaba en un estante.

 -¿Quién te ha dado permiso?

 – Me gusta trabajar con música.

 Regresé a mi lugar, tomé las hojas y las tiré al piso.

 -¿Qué haces?- Se exasperó mi jefa. 

– Busco un aumento, respondí.

 Sin dejar que reaccionara la tomé de la cintura, la volteé hacia mí, le hice a un lado su cabello. Comencé con chupetones discretos, proseguí con lamidas completas. Gritó fuerte. Le tapé la boca con la mano izquierda mientras lamía la espalda alta.

 Introduje mis dedos en su boca esperando que los mordiera. Así lo hizo. Me los quiso arrancar. Me excité. La acerqué más hacia mí. Apreté sus senos. Tiré de su blusa, la giré en torno a mí y sin pensármelo dos veces arranqué su prenda. Se quedó en sostén.

 ¡Qué vista! ¡Qué carne!

 Sus ojos estaban asustados. Su cuerpo se sentía caliente. Me abalancé a sus pezones duros, marrones claros, ricos.

 Succioné a la par que buscaba el seguro para desabrocharle el brasier. ¡Al diablo con eso! Me paré y se lo saqué como una playera se le quita a un niño. Alzó los brazos.

En el reproductor se escuchaba “ Beyond” de Daft Punk. Eso me inspiraba … “Be your dreams, be your life, you will find…”

Caníbal - caníbal
Foto de Ruth Bernhard

Apreté sus senos desnudos, sublimes. Ella jadeaba con ritmo. De alguna forma sintonizaba con la melodía. Con cadencia comenzó a desabotonarse su pantalón entallado.

Lamí desde su nuca hasta su pelvis. Aventó las cosas que tenía en su escritorio. Se arrojó al deseo. Se quedó en bragas. Que piel, que piernas, que belleza de vagina: depilada, húmeda, sonriente, dispuesta. De su ombligo hasta sus pies toda la saboreé. Su aroma era exquisito. No pesado, no embriagante, aroma fresco, simple: fragancia a sexo. Abrió sus piernas, me invito a pasar. Lo hice con fuerza y delicadeza. Recorrí, succioné, besé el clítoris. Acaricié con suavidad su entrepierna. Con profunda sutileza introduje un par de dedos en el ojo de su culo. Allí se contoneo como una potranca en libertad.. Ahhhh que postal. Degusté a placer, bufet completo. Ella, mientras tanto viajaba en el laberinto de su pasión. Tocaba sus pezones, metía sus dedos en su boca. Suspendí un poco mi placer, bajé mis pantalones y me arranqué también la trusa. ¡Cómo no! En pelotas estábamos, el medio día nos alumbraba con rayos que penetraban entre nosotros. Comencé a estimular mi deseo. De arriba a abajo. Se percató de mi movimiento.

-¡Permíteme! Expresó.

 Regresó de su trance individual. Comenzó a succionar con inocencia curiosa. Sus ojos brillaban mientras su boca accionaba. Mi placer era su complacencia. Con gracia acarició su clítoris lubricado. Me puso al punto. La cargué hacia mí. A manos libres nos fundimos. Sus brazos circulaban mi cuello. Sus piernas apretaban mis costillas, sus cabellos escondían nuestras miradas. Ardíamos sintiéndonos. Las pieles chocaban, nuestros olores provocaron una atmósfera exquisita. Sudábamos libertad. Cambiamos de enfoques, encuadres, ambientes en aquel estudio.

 Las hojas de presupuesto humedecían. La música ya era nuestra. Entre vaivenes y aullidos me estaba despidiendo: No puedes volver acá con esa actitud. ¡Ay! Yo le susurraba que estaba todo bien. Pondré mi renuncia. Ella me agarró con más fuerza. Nos besamos sin tregua, con afán genuino. Despojados de todo prejuicio nos perdimos en nuestras propias cuentas, el presupuesto era compartido, todo en un día cualquiera.

 – Además de esto, ¿qué sabes hacer?- me dijo.

 – Contrátame de nuevo y ponme a prueba, respondí.–Sonrió-

 Rendidos nos postramos en el suelo.

 Me volteé a verla. Después de aquel encuentro lucía espléndida, su belleza opacaba el día. Risueña estaba mientras yo admiraba el brillo de sus ojos. Los anteojos estaban rotos, nuestras prendas desgarradas, los papeles hechos trizas. Todo en armonía. Sin locura y pasión la vida no tiene sentido.

 

 


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