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Home Entretenimiento

Lizzie Borden: el crimen que nadie pudo resolver en 130 años

Irinea Funes by Irinea Funes
septiembre 17, 2026
in Entretenimiento
Lizzie borden: el crimen que nadie pudo resolver en 130 años

Hay crímenes que el tiempo no borra, sino que pule hasta convertirlos en obsesión colectiva. El caso de Lizzie Borden es uno de ellos: ocurrió en 1892, en una casa de Fall River, Massachusetts, y más de un siglo después todavía no existe una respuesta que satisfaga a todos. Ryan Murphy lo sabe, y por eso eligió este misterio para la cuarta entrega de su antología Monstruo, disponible ya en Netflix con Ella Beatty en el papel protagónico.

Pero antes de ver la serie, vale la pena entender por qué este caso sigue siendo tan perturbador, y por qué la figura de Lizzie Borden se convirtió en algo mucho más grande que una acusada de asesinato.

Un verano de 1892 que cambió todo

El 4 de agosto de 1892, Andrew Borden y su esposa Abby fueron hallados muertos en su hogar de Fall River. Ambos habían recibido múltiples golpes con un hacha. Lizzie, hija de Andrew y quien se encontraba en la casa ese día, fue la principal sospechosa desde el inicio. La investigación policial de la época fue, por decir lo menos, caótica: evidencias mal manejadas, testimonios contradictorios y una presión social enorme sobre las autoridades para cerrar el caso rápidamente.

Lo que siguió fue uno de los juicios más mediáticos del siglo XIX en Estados Unidos. Lizzie fue absuelta en 1893 tras apenas una hora y media de deliberación del jurado. La razón oficial: falta de pruebas concluyentes. La razón no oficial que muchos historiadores han señalado con el tiempo: era difícil que un jurado compuesto exclusivamente por hombres condenara a una mujer de clase alta, soltera y aparentemente respetable.

Por qué Lizzie Borden se volvió un símbolo cultural

La absolución no cerró el caso en el imaginario popular. Al contrario, lo abrió. Lizzie Borden se convirtió en un personaje que la cultura ha reinterpretado decenas de veces: desde una canción infantil escalofriante que los niños cantaban en los patios de recreo —«Lizzie Borden took an axe, gave her mother forty whacks»— hasta películas, obras de teatro, musicales y ahora una serie de streaming de alto perfil.

Lo que hace tan fascinante su historia no es solo el crimen, sino lo que dice sobre su época. Lizzie era una mujer con deseos propios en una sociedad que no le dejaba espacio para tenerlos. Dependía económicamente de un padre descrito como austero y controlador. No tenía autonomía legal ni social real. El juicio, en ese sentido, no fue solo sobre si mató o no: fue un espejo de las tensiones de género, clase y poder que definían el Estados Unidos victoriano.

Lo que Ryan Murphy hace con el material

La antología Monstruo ha demostrado con sus entregas anteriores que a Murphy le interesa menos resolver el misterio que diseccionarlo. Su aproximación es psicológica y dramática: ¿qué convierte a alguien en monstruo? ¿Es el acto, el contexto, o la forma en que la sociedad decide narrar esa historia?

Con Lizzie Borden, el terreno es especialmente fértil. No hay una verdad oficial que defender ni una condena que justificar. Solo hay preguntas que llevan más de cien años abiertas, y una mujer cuya versión de los hechos nunca fue escuchada del todo. Eso le da a la serie una libertad narrativa que pocas historias reales permiten.

  • ¿Actuó Lizzie sola o hubo alguien más involucrado?
  • ¿Existió un móvil claro o fue un estallido de violencia sin planificación?
  • ¿Qué habría pasado si el juicio hubiera ocurrido hoy, con pruebas forenses modernas?

Ninguna de esas preguntas tiene respuesta definitiva. Y eso, paradójicamente, es lo que mantiene viva la historia.

El crimen como conversación que no termina

Hay algo que los casos sin resolver hacen mejor que cualquier historia con final cerrado: nos obligan a tomar partido. A decidir qué creemos sobre la culpa, la inocencia, la justicia y los sistemas que se supone deben garantizarla. El caso Borden no es la excepción.

Que una serie de Netflix en 2025 pueda generar la misma discusión que generó un juicio en 1893 dice algo sobre el poder de las historias que permanecen inconclusas. Y dice algo también sobre nosotros: seguimos necesitando respuestas que quizás nunca lleguen.

La pregunta no es solo si Lizzie Borden lo hizo. La pregunta es qué dice de nosotros que todavía no podamos dejar de preguntarlo.

Tags: netflixseries

Irinea Funes

Irinea Funes

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