El tour por el techo y campanario de la Catedral Metropolitana en la Ciudad de México es un paseo poco conocido por sus habitantes y millones de turistas. Por un módico precio, el amante de las vistas urbanas puede conocer la historia de las campanas que componen la sinfónica de la catedral, además de apreciar la Ciudad desde el que fuera por muchos años el punto más alto de la misma.
Abajo, en el mundo terrenal, quien visita la Catedral debe emprender una verdadera aventura. Para llegar hasta su interior, debe abrirse paso entre los vendedores de hierbas con uso medicinal, trabajadores que buscan una oportunidad laboral, masajistas, policías y hasta manifestantes. Una vez en la relativa calma del atrio, custodiada por una reja que aísla el mundo político del religioso, el visitante puede asomarse a través de un par de cristales a un viaje hacia el mundo prehispánico y colonial que vive a los pies de la Catedral.
Ya dentro, al cruzar el umbral, el visitante pedirá por indicaciones para comprender el recorrido a seguir en un sitio que es tanto lugar turístico como punto de encuentro de la fe. A la par que se aprecia el paso del tiempo en los niveles de hundimiento de la Catedral, quien visita encontrará a feligreses que rezan en silencio, otros más que buscan nadar en el agua bendita, turistas extranjeros que llenan sus memorias de fotografías y connacionales que hacen su visita anual.
Quien admira la arquitectura de la Catedral, fijará sus ojos en las columnas, en las bóvedas, en los ventanales y en cada elemento que compone la magistral ingeniería colonial. Y probablemente lo haga cientos de veces en cada edificio que visite, quizá con ansias de saciar su instinto de curiosidad y la necesidad de racionalizar aquello que se ve. Pero si tuviera que hacerlo, ¿podría fotografiar la majestuosidad en una sola fotografía? No lo sé.
Después de haber viajado alrededor del mundo, el fotógrafo Richard Silver encontró una forma original de fotografiar los cientos de iglesias y catedrales que ha visitado. Buscando romper con el paradigma de la foto tradicional del altar frontal o con un encuadre directo sobre el techo, el fotógrafo comprendió que para apreciar la belleza de los templos, debía de realizar algo diferente. Por ello, tomó su cámara y comenzó una serie de 6-10 fotografías que después juntaría en una composición digital panorámica en sentido vertical. La secuencia fotográfica comienza desde la entrada de las iglesias, se proyecta en los techos y domos para concluir finalmente en el altar.

Las imágenes de Richard Silver, cuyo formato quizás no puede apreciarse en todo su esplendor en un formato digital, permiten adentrarnos en la majestuosidad de la construcción humana. Un viaje, que como todo aquel que rompe con los caminos tradicionales, causa estragos en nosotros: un ligero mareo. Pidiendo tomes tus consideraciones para el viaje que estás a punto de perder y que jugarán con tus sentidos, te compartimos el resto de las fotografías de Silver.
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