La indignación ante un crimen y la falta de confianza en las autoridades, aderezada por la normalización de la violencia se convierte en una combinación peligrosa cuando hay un grupo de personas reunidas que comparten el enojo y lo enfocan contra un solo individuo.
Las autoridades llevaron al adolescente al recinto policial y antes de que terminaran de recoger su declaración los pobladores de Toro Toro acudieron al lugar para hacer justicia por su propia mano, sin saber realmente si él era el responsable del asesinato.“Cuando se estaban tomando las declaraciones a los testigos en la localidad de Toro Toro, las personas que llegaron agredieron a todos los que estaban al interior del recinto policial, sacaron al joven detenido y procedieron a quemarlo en las puertas de la unidad policial”, narró el comandante de la Policía en Potosí, Marco Encinas.
Además explicó que la fiscal del caso, el médico forense y los policías del pueblo no pudieron hacer nada para rescatar al joven debido a que la turba estaba “completamente enardecida”, por lo que tuvieron que mantenerse al margen de los hechos.
Los casos de linchamientos en las zonas rurales de Bolivia son relativamente habituales, debido a que las personas que cometen este tipo de actos se justifican por la “justicia comunitaria”, la cual está reconocida en la Constitución boliviana de 2009, aunque las autoridades han explicado en repetidas ocasiones que ese sistema judicial no admite castigos brutales ni pena de muerte.
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