Obras de arte que despiertan el erotismo
Adulto

Obras de arte que despiertan el erotismo

Avatar of Julieta Sanguino

Por: Julieta Sanguino

4 de octubre, 2015

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Por: Julieta Sanguino

4 de octubre, 2015



El erotismo se expresa en el arte de muchas maneras, libros, pinturas, grabados y esculturas de todos los tiempos, nos muestran la belleza de un mundo real, donde las poses y los cuerpos dicen más que cualquier palabra. Los más grandes pintores reflejan no sólo un cuerpo físico, sino que a través de sus pinturas esbozan el alma de quienes pintan en el lienzo, y esto es lo que hace que sus pinturas permanezcan en nuestra memoria.

La gran mayoría fueron censurados y criticados en su tiempo, puesto que retratar los cuerpos desnudos llenos de placer y excitación, nos parece un tabú que la sociedad calla deseosa de que su sexualidad no sea descubierta.

A pesar de los impedimentos de los tabúes propiciado sobre todo por el cristianismo, muchos pintores retrataron la sensualidad y el erotismo es sus lienzos. Las mujeres fueron sus musas, su tema predilecto; el desnudo, su medio para comunicar un estado puro y bastante real; los colores, aquellos que resaltan con grandeza los focos de la pintura.

Desde el Renacimiento hasta la actualidad, encontramos ejemplos de erotismo en la pintura. Te presentamos las mejores pinturas eróticas de la historia del arte.



Odalisca Morena, Francois Boucher, 1745

odalisca morena

En esta obra, Boucher nos muestra un desnudo femenino alegre, pícaro y sin complejos. La luz y los colores claros convierte a la obra en una exuberancia pictórica. Los Goncourt, escritores franceses del Siglo XIX pertenecientes a la corriente naturalista, llamaban al estilo de Boucher vulgaridad elegante.



La maja desnuda, Goya, Francisco de Goya, 1800

la maja desnuda

Un cuadro de desnudo en el que una mujer, recostada sobre un lecho, mira directamente al observador. Es una nueva venus, una venus española que con la misma sensualidad que las anteriores, posa sin vergüenza al pintor. En 1814 el Tribunal de la Inquisición consideró a la pintura obscena, pero se ha convertido, junto a La maja vestida, una de las obras más exquisitas del autor, que retrata fielmente su estilo dieciochesco.



Olympia, Édouard Manet, 1863

olympia manet

A través de esta pintura, Manet logró reinventar el desnudo femenino. Con grandes referencias de la pintura de Tiziano y Goya, Manet logra darle su toque al brindar al espectador un contexto sobre lo que ocurría en la época a través de una imagen. La Venus se convierte en una prostituta que desafía a quien la mira, el espectador se vuelve parte del cuadro. Esta obra fue una de las más polémicas de su tiempo, pero su más ferviente defensor fue el escritor Émile Zolá.


El sueño, Gustave Courbet, 1866

el sueno, courbet

Este cuadro fue un encargo del diplomático turco Khalil Bey, en el que Courbet representa una de las primeras escenas lésbicas de la historia. El pintor decide representar a las mujeres como en realidad son, sin una idealización de su cuerpo. Ellas duermen entrelazadas en un sueño profundo. La luz es el elemento central de esta obra, pues hace que los cuerpos resalten y acentúa el erotismo de la composición. Courbet fue uno de los pintores más polémicos por sus desnudos en el arte, como su pieza El origen del mundo, en la que una vagina ocupa todo el cuadro.


El beso en la cama, Henri Toulouse Lautrec, 1892

El beso en la cama lautrec

El pintor de burdeles y la vida nocturna parisina, Henri Toulouse Lautrec pintó su serie En la cama para adornar el prostíbulo de la rue d’Ambroise. En esta serie pinta a mujeres lesbianas que tienen consuelo unas con otras en lugar de con quienes están obligadas, los hombres con los que todas las noches deben acostarse.


Judith, Gustav Klimt, 1901

judith klimt


Esta obra es considerada la primera del periodo dorado de Gustav Klimt. Pinta a la hermosa Judith, una heroína bíblica que salvó a su pueblo de la opresión del malvado Holofernes, cuya cabeza sostiene con la mano izquierda. En su obra, Klimt la utiliza como metáfora de la peligrosidad de la seducción femenina, capaz de mellar cualquier otra fuerza. Judith es una mujer fatal, seductora pero sin escrúpulos


Las señoritas de Avignon, Pablo Picasso, 1907

picasso avignon


Es uno de los cuadros más famosos de Picasso, en 1912 André Salmon aseguró que con esta pintura nacieron las vanguardias. En el lienzo se observan las influencias de la pintura africana y las tradiciones prehistóricas que en ese momento fueron reconocidas como “arte primitivo”. En la obra se aprecian cinco mujeres que lucen sus atributos en un prostíbulo para que los clientes o el espectador puedan verlos.


La esposa del viento, Oskar Kokoschka, 1914

la novia del viento kokochka
Dos amantes, completamente desnudos, descansan después de hacer el amor. Ella reposa apasiblemente en su hombro, mientras él permanece inmóvil. El viento parece haber acabado con toda emoción. Las pinceladas se dirigen hacia todos lados, pero los protagonistas permanecen impasibles y rígidos, como si ninguna emoción estuviera en sus corazones. Este cuadro pertenece al expresionismo de Viena. Está pintado con colores suaves, sobre todo el azul, característico del grupo El jinete azul, fundado por Wassily Kandinsky.


El abrazo,
 Egon Schiele, 1917

el abrazo schiele
Los cuerpos desnudos de dos amantes se fusionan en un intenso abrazo. Schiele siempre fue el protagonista de sus pinturas, por lo que, con tonos ocres, amarillos y terrosos, podemos verlo fundirse con su amante. Es parte de los expresionistas, por lo que, en sus obras, siempre busca explorar la mente humana, su intensidad y pasión.



El gran masturbador, Salvador Dalí, 1929

el gran masturbador


El pintor surrealista realizó este cuadro erótico de una manera bastante peculiar. Utilizando elementos que podemos ver en toda su obra como lo blando y lo duro, a través de masas viscozas entrevemos una cabeza recostada que es la imagen del pintor y de la que se desprende el busto de una sensual mujer y la parte baja del cuerpo de un hombre. Ella, muy cerca de sus genitales, parece lista para entregarse a él, que sin ningún atisbo de humanidad, espera de pie.

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Referencias: