La pasión por el anime y los mangas japoneses llevaron a Takashi Murakami a cumplir con una de las fantasías más recurrentes de todo aquel que se diga artista: crear su propia corriente estética. Ésta combinó sus dos pasiones primarias, la cultura japonesa y el pop art.
Murakami, como cualquier otro chico nipón, tenía cierta fascinación por las caricaturas de su país, mismas que han tenido un impacto social muy grande en el todo el mundo. Se postraba por horas en un viejo sillón leyendo mangas y viendo caricaturas. Cierto día, analizando la situación actual de su país, cayó en cuenta de que la cultura nipona se estaba hundiendo lentamente en superficialidad y careciendo de profundidad. Entonces, preocupado por la falta de interés de sus compatriotas, se propuso cambiar esta visión del Japón y su arte, ya que lentamente se convertía en un producto para ser consumido masivamente.

En la actualidad, la música, los productos audiovisuales, juguetes y demás souvenirs son la base que justifica la pérdida del valor artístico de las piezas, ya que los juguetes o esculturas que llevan la imagen de Hello Kitty o Doraemon son la fachada estética y artística del Japón contemporáneo. Entonces, al ser personajes y objetos provenientes de la cultura popular, no se toman en serio, de hecho son parte de la comercialización masiva. Esto fue precisamente lo que hizo que Murakami decidiera actuar.
Murakami era un ávido creador de historias que contaba a través del diseño y la pintura. Para él, el arte siempre jugó el rol principal en su vida. Entonces, con el talento de su lado, comenzó a pintar sobre sus problemas y lo que veía al rededor, hasta que se vio pintando algunas piezas que más que una pieza al estilo Da Vinci o Caravaggio, era una mezcla entre sus aficiones y sus saberes. Creaba dibujos de colores y formas híbridas, fusionadas con pinceladas y técnicas clásicas. Murakami mezclaba el arte típico de su generación y el pop art que tanto admiraba.


Ese arte típico al que nos referimos es a lo que en occidente se denominó como otaku. De hecho, Takashi Murakami nació en esa generación, en 1962. En la actualidad, ese término está completamente desviado. En nuestros días se usa para definir una persona que ama la cultura japonesa o asiática, haciendo énfasis en la comercialización masiva que mencionamos antes, no como el movimiento sociocultural que era en un inicio. Aún con ello, el artista decidió aprovechar el auge del mismo y regresarlo a sus orígenes, combinándolo con las ideas de Andy Warhol, su ídolo, para crear así la corriente llamada Superflat.
Entonces, con la fusión de la pintura tradicional japonesa y los estilos gráficos contemporáneos, igualmente nipones, agregó un poco de la influencia occidental que siempre ha habido en su país y un poco de crítica social; dando como resultado piezas coloridas y llamativas que aunque nos recuerdan cualquier anime, tiene evidentes referencias a la cultura tradicional nipona.


Murakami ha intentado unir varias ideas mezclando el pensamiento clásico y old school perteneciente a aquellos puristas del arte que no permiten la inclusión de nuevas corrientes, con la forma de pensar contemporánea de aquellos que se dicen otakus y que al parecer, poco a poco van dominando el mundo. Murakami se ha dispuesto a ser un libertador, ese que rompe la tensión entre varias corrientes y limitaciones; no obstante, él mismo ha sufrido de desplantes por parte de de la comunidad artística, quien piensa que sus obras no son kawaii, ni otaku o innovadoras. Ante esto, Takashi Murakami se ha propuesto demostrar que no es así. Él ha hecho campañas para Louis Vuitton, pero aunque fue para promocionar la marca, en realidad la destrozó imponiendo sus diseños y formas. Lo que terminó por convencer a unos y alejar por completo a otros.
Murakami se ha dispuesto a demostrar la habilidad que tiene en el uso de los recursos digitales y por supuesto, manuales, para crear obras realmente llamativas y con mensajes de solidaridad y anti políticos. Así, con una línea de juguetes de diseño y obras que circulan en las galerías más importantes del mundo, el superflat de Murakami ha hecho del mundo un espacio libre para crear y combinar tendencias que den como resultado la recuperación de la cultura nipona. Trayéndola al presente con obras digeribles y divertidas, características del artista que comparte su apellido con otros dos grandes de arte:
Haruki y Ryū, quienes han hecho algo similar con la literatura, enaltecerla con lo tradicional, agregando un poco de su originalidad.


**
Razones para amar Takashi Murakami hay muchas, pero sin duda las más importantes es que retoma sus ideas de la vida diaria, agregando su propia visión y sentimiento, al igual que estos otros artistas que son poco conocidos, pero que merecen un poco más de tu atención.

