Arte

¿Cómo distinguir entre erotismo y pornografía en un trabajo artístico?

Arte ¿Cómo distinguir entre erotismo y pornografía en un trabajo artístico?


Un secreto:

Existe una poderosa fuerza de gravedad en el cuerpo humano. Por cientos de años, esta frenética atracción ha capturado a los hombres en la fascinación de sus formas. Líneas y curvas constituyéndolo como un conjunto de abstracción, incomprensible para la ciencia, pero mágico para el arte. Esta fuerza gravitatoria, hecha de enigmas y provocaciones, se llama belleza.

El pintor impresionista Auguste Renoir solía realizar una breve examinación antes de comenzar uno de los tantos cuadros en los que se precisaba una modelo. Ésta consistía en colocar a la mujer bajo la luz del sol. Recorría, entonces, la claridad de su piel con la insistencia de su mirada, siempre en silencio. Al terminar se limitaba a decir: “su piel no rechaza la luz del sol” y sólo entonces comenzaba a pintar, de lo contrario se deshacía de la candidata.

A lo largo de la historia del arte, abundan las anécdotas como ésta. Pasajes donde las formas del cuerpo humano son consideradas artísticas gracias a la armonía de sus rasgos o incluso por ser un enloquecido conjunto de piezas sin aparente atractivo. No obstante, existe una línea muy tenue entre convertir lo mirado en una pieza de arte o una caótica escena del instinto.

Por esta razón, es necesario plantear un par de preguntas que nos permitan esclarecer la cuestión. ¿Dónde comienza el arte y dónde el erotismo?, ¿quién y cómo lo decide?

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Durante mucho tiempo se ha discutido acerca de la posibilidad de la pornografía de una expresión artística.
En la antigüedad los griegos otorgaban un valor singular a la belleza. Para ellos, la belleza debía reunir aspectos armónicos. Sin armonía, los estímulos visuales, incluyendo las expresiones artísticas, resultaban insulsas, caóticas y sobrecargadas. Un ejemplo de la armonía tan procurada por los griegos puede observarse en la simetría. 

El cuerpo humano tenía que cumplir con rasgos simétricos para que fuera considerado hermoso. Sin embargo, no era el único elemento contemplado. Los contrastes atraían su interés gracias a la profundidad que otorgan a las imágenes y a los cuerpos porque realzan los contornos de las siluetas, añaden perspectiva en los relieves y ordenan los colores de acuerdo con la composición de lo que aprecian nuestros ojos.

Aun así, con el paso del tiempo las concepciones de lo bello, y todo lo que gira en torno a ese concepto, se han adecuado a estándares cada vez menos estrictos. La sensualidad femenina, por ejemplo, fue entendida por Descartes como ese deseo originado por la admiración, pero sin afán alguno de posesión o dominio. En ese sentido, una mujer sensual es aquella que, en la armonía de los elementos que la integran, provoca la contemplación y detona el anhelo de quienes la rodean sin la intención de violentarla o complacerse con ella.

La sensualidad no tiene que demostrar nada en lo absoluto. Su explosividad y encanto radica en la sofisticación de su atractivo. Una insinuación sutil, casi nunca explícita, con una carga psicológica implícita en ella. De esta manera, la imagen sensual raras veces tendrá que ver con desnudos, y aunque éstos aparezcan, se juega con la idea de una mujer desde contraste entre las luces y las sombras proyectadas a partir de un fragmento de su feminidad. El cuerpo sensual posee, ineluctablemente, una riqueza psicológica que roza el plano de lo artístico.

No obstante, los efectos causados al contemplar una imagen son muy diferentes. La sexualidad, por otro lado, es más explícita. Una escena o una fotografía dotadas de un carácter sexual (como en el caso de la pornografía) tiende a despojar la imagen que muestra de su contenido psicológico hasta reducirlo tan sólo a ilustrar partes específicas del cuerpo que se refieren a un contacto explícito, y hasta cierto punto crudo, entre dos o más personas. 

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En películas como "Renoir" (2012) o "El artista y la modelo" se alude al binomio creativo del artista y su obra, posible gracias a la correspondencia entre los dos. Una relación rebosante de destellos sexuales por ser inherentes a la naturaleza de los hombres pero siempre desarrollada en el ámbito de lo sensual. Para las modelos, en ambos ejemplos fílmicos, se trata no sólo de adoptar una postura frente a los ojos de los artistas, sino una actitud que revele la naturaleza de su encanto sólo para quien presta atención, pues al hacerlo participa en él.

La belleza, entonces, aparece como esa dinámica armónica de formas y simetrías que vuelven 'bonitas' a las mujeres de la escena, pero sólo la personalidad de sus atributos físicos, ese chispazo de más, las transforma en el motivo perfecto de la sensualidad.

¿Puede ser una imagen sensual y sexual al mismo tiempo? Sí, y no sólo una mujer, también un hombre, porque de la misma forma que la carga psicológica encuentra motivos en lo femenino, los atributos físicos de lo masculino poseen un atractivo y encanto más allá de lo simétrico de los cuerpos o la virilidad. Sin embargo, en el terreno de lo erótico o lo pornográfico, la diferencia siempre será ese juego sutil, imperceptible, entre lo que se observa y lo que se entiende. Por esa razón, las imágenes sexuales no pueden ser sensuales.

La línea que media entre lo pornográfico y lo erótico es delgada, y la fascinación causada por una y otra no es la misma. Entender e identificar esta cuestión no es del todo sencillo, pero lo practicamos a diario, de manera inconsciente la mayor parte del tiempo. ¿Por qué nos resulta más atractivo y sin ningún rasgo de vulgaridad un cuadro del español Romero Vicente Redondo? La sensualidad sólo está reservada al discreto placer de la insinuación sofisticada. Un destello. 

Referencia: FineArt








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