El artista que se viste como puta para mostrar el significado de la humillación
Arte

El artista que se viste como puta para mostrar el significado de la humillación

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

14 de abril, 2016

Arte El artista que se viste como puta para mostrar el significado de la humillación
Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

14 de abril, 2016



Para el año 2015 estaba programada en México una exposición a cargo del artista austriaco Hermann Nitsch en el Museo Jumex; a las pocas semanas de haberse anunciado dicho suceso, a través de una petición extendida masivamente por Change.org, ésta fue suspendida, lo que marcó un momento tanto de promoción como de censura en este país. Argumentos hubo demasiados –tanto en contra como a favor– y posturas se extremaron; lo único que resultó de todo esto fue un sentimiento de doblegación ante la opinión simplista del espectador y, paradójicamente, una proyección de mayor éxito para el nombre del artista.


Probablemente lo que muchos detractores de Nitsch desconocen se puede resumir en dos puntos: 1) No tienen ni la más remota idea de los procesos que conlleva cada producción del austriaco y 2) su trabajo obedece a las consecuencias de un desarrollo histórico y personal que no son para nada ajenos del mundo, ni son extraordinarios o sorprendentes si se les considera como algo normalizado en nuestra realidad. Con estas palabras no se busca un convencimiento ramplón (porque a final de cuentas cada quien puede creer y escandalizarse con lo que quiera) o una expiación para Hermann, sólo poner sobre la mesa que frenar una propuesta en el ámbito del arte no disminuye significativamente la violencia en la Tierra.

Si creemos que Nitsch es uno de los artistas más escandalosos en nuestro relato como humanidad, por una puerta, demuestra que nos faltó experimentar el sufrimiento de otras maneras, el retrato vil de lo supuestamente civilizado y expandir nuestro análisis de la revolución más allá de México. Durante 1968 y las estupideces de Díaz Ordaz, el mundo entero era sacudido por los movimientos juveniles de anarquía, hedonismo y utopía no sólo en el campo de lo político, sino de lo artístico; la agitación estética en lugares como Francia, Alemania o Nueva York buscaba una liberación en cuanto a aparición, representación, educación, pero también en torno a la ira y negación contra la sociedad establecida.


Entre estos grupos pioneros en la acción estruendosa y polémica que rompía con la estructuración dominante de un mundo obtuso a partir de la profanación nihilista más transgresora que pudieron imaginar: la manipulación, deterioro y aniquilación del cuerpo, se encontraba un especial colectivo formado por nombres como Brus, Mühl, Schwarskogler y el mismo Nitsch. Sujetos que quebraron la psique humana desde suelos vinieses y pusieron a prueba el estómago del público en relación.

El llamado happening que explotaba la desnudez, el excremento, la orina, la sangre, el vómito, el ritual pagano, la burla humana y otros elementos que el espectador no estaba dispuesto a soportar, pronto marcó las bases y el seguimiento para acciones que cruzaban fácilmente los límites de lo permitido. Sus consecuencias más notables, sin importar la masturbación pública o la anatomía cercenada, fueron aquellas que permitieron años más tarde una apropiación de los espacios en pos del arte hecho vida –y viceversa–.



Stuart Brisley es un artista británico que, en 1972, tras la irrupción foucaultiana o bourdieuna de los círculos vieneses, decidió transgredir el habitáculo museístico y las figuras del creador al presentar su acción “El artista como puta”. En la Gallery House de Londres se presentó por días vestido y maquillado como una prostituta sobre un colchón lleno de heces, salpicaduras y mugre. No en una actitud humillante hacia las mujeres que a esto se dedican, sino a las personas que, en su miseria, intentan la conmiseración del vidente.


Stuart Brisley


En una búsqueda por la relación con su cuerpo a partir de la inmundicia, su trabajo se muestra proféticamente como el retrato de un artista débil, miserable e incapaz de sobrevivir sin el ofrecimiento de su carne, sin la subasta vil de sus partes más íntimas.

Con la mirada puesta un tanto en el futuro, Brisley personificó a la puta del arte que se debe al mercado, que si no tuviera sus piernas siempre abiertas, moriría de hambre o desolación; el británico no por no jugar con la sangre o la tortura fue menos violento, a comparación de Nitsch (su precursor) no requirió de la tortura para ofendernos. Sin embargo, esto no le resta lo grotesco ni lo sincero. Parece que aún nos dejamos llevar por la aparición de las cosas sin prestar atención en el qué hay detrás.


Stuart Brisley

Stuart Brisley


Por ejemplo, este acto de Stuart no se aleja en demasía de eso que tantos aman –o amamos– ver en los reality shows: una degradación, un acercamiento a lo grotesco y una prostitución. Todo por unas cuantas monedas y el reconocimiento de los otros. Las excentricidades del arte que nacieron en la década de los 60 o 70 y han sobrevivido hasta ahora, podemos aceptar que han perdido radicalismo y degradación; ya no es necesaria su ejecución como protesta cuando han sido asumidas cordialmente cual cotidianidades. Hemos abrazado la humillación y lo que previó el europeo de nuestra sociedad.


Stuart Brisley


Sea desde un Nitsch en pleno ritual sanguinario o Stuart Brisley vendiendo su ser artista, la transgresión de sus producciones se ha visto neutralizada por la industria del entretenimiento que recrea, narra, estudia y muestra lo criminal, así como lo agresivo. Si se tiene un “Big Brother”, un noticiero de las 10 p.m. o un corrido, qué más importa si un hombre se baña en la sangre de una res muerta o se viste de puta con intenciones artísticas o no, cuando estamos llenos de otra violencia muy bien asimilada e individuos que no necesitan estar en una esquina para demostrar en quién se han convertido.


***
Te puede interesar:

Y en la muerte de una obra perfecta, alguien encontró vida

6 artistas que fueron perseguidos y acusados por herejes






Referencias: