“La complicidad es el principio y, su ausencia, el fin del amor”. SM
La historia de amor del maestro Guillermo en México, un pueblo al norte pero céntrico en sus costumbres, virtudes y negación de sus errores. Verona, el pueblo donde el principio fundamental de las historias de amor se concibe, desarrolla y caracteriza por un obstáculo infranqueable, un impedimento del orgullo y una violencia en la interpretación del prejuicio y el honor como confirmación del mismo. La venganza como constante y la muerte como la única coincidencia, generacional, de la familia Capuleto y la familia Montesco.
La morgue.

Dos cuerpos tendidos en dos planchas. Romeo y Julieta, dos jóvenes, dos almas nobles y un mismo espíritu en sus corazones.
—Las flores son iguales a los hombres, unas curan, otras matan y otras la cabeza te maltratan.
El amor y el odio, y su relación como negación o contradicción en el equilibrio, cambio necesario o lo mutuo definitivo. ¿Hay en el amor-odio o hay odio en el amor? ¿Cuál es su trascendental comunión? ¿Cómo puede el odio ser contexto del amor? Sólo si se le engaña, tal vez, y éste surge sin prejuicios de nombre, oficio o material físico, y sólo los ojos como cristales en los que aparece por momentos la verdadera naturaleza del alma, la que nos habla y nos desengaña de los juicios de los otros y acaece entonces una ontológica alborada. La voz interior a través de la mirada y la voz que se asoma por los ojos gritando amor desde una instancia más allá del ser y la nada.
¿El origen del conflicto? Nadie lo sabe, ni siquiera la nana, quien sólo está segura que la más reciente venganza comenzó en aquella fiesta, el inicio de otro ciclo de más y más y más consecuentes desgracias.
La fiesta.
Romeo Montesco en la fiesta Capuleto, buscando, encontrando. La fiesta es de máscaras y ello lo oculta y trasciende el prejuicio, la idea previa y su nombre como castigo.
Julieta.
Hermosa, como siempre, belleza inmaterial, espiritual y de la escena una gloria existencial. Fluidez en el sentimiento de su rostro, voz y acción, y expresión corporal. Es una niña. Lo manifiesta con el movimiento de sus pies, levantando los talones y juntando las rodillas. Adolescente y niña, ¿dónde termina una y comienza la otra? El baile en sus ojos es dialéctica, la decisión en sus cejas y su boca espiritualmente ingenua. ¿El amor es frágil? No, el amor no es frágil.
Romeo es real y auténtico, la credibilidad de sus emociones y temores nos convence y lo acompañamos hasta el final de su vida en esta trágica herida.
El argumento principal: el amor imposible, el que se intercala con el argumento secundario de la investigación del caso, y en ambos la reciprocidad dramática es fluida, clara y bicondicional, i.e., ambos argumentos se preguntan y se contestan el uno al otro. Los cambios de tiempo son fluidos para ambos tiempos.
Romeo y Julieta se buscan y se encuentran en la fiesta, se pasean y se miran, se buscan y se encuentran. A través de los antifaces, misterio previo al encuentro de sus sensibilidades.
—Qué luz más poderosa que todas las antorchas.
Tocan sus palmas, la fuerza se siente y la energía recorre sus nervios abruptamente. Un beso. Sólo un beso. Tan sólo eso y mucho más que un beso. Labios, labios libres de pecado. Tu pecado está en mis labios. Devuélveme mi pecado. Se besan con devoción y se sumergen, finalmente, en un beso de amor trascendente.
Sin embargo, la nana está borracha y le informa a Romeo que su amor es Capuleto. El amor y la desgracia en un instante. Amor nacido del odio… ¡Demasiado tarde te conozco!

El balcón.
—Júrame que me amas —dice ella— y dejaré de ser Capuleto.
—¡Te tomo la palabra! Desde ahora sólo llámame ‘amor’. Más peligro hay en tus ojos que todas las espadas juntas. Bendita, bendita noche. Un sueño demasiado encantador para ser cierto.
Empero, el matrimonio espanta un poco a Romeo, sólo un poco, tan sólo un poco.
—Si no tienes serias intenciones no me busques y me abandones.
Ríe, ríe el amor.
—Quién fuera paz y sueño —dice Romeo.
El amor está en sus ojos. En secreto un matrimonio y Dionisio como intervención de la nana y Lucca como testigos. Julieta camina dando pasos como boda en una iglesia, les dicen que se den la mano y se saludan como cuates. Son dos menores, chicos apasionados por el lenguaje de sus cuerpos y motivados esencialmente por sus más puros sentimientos. La pasión que ciega y la ceguedad de la pasión, la locura entre ambas y la razón como su justificación. La nana quiere el ramo pero se lo ganan.
Entonces las contradicciones latentes, la plaza se tiñe de sangre y todo es rojo a la distancia. Baile rojo y la noche que mata, el pretexto está puesto con elegancia para la futura señora venganza. Romeo huye antes de que llegue la policía y los peritos de la PGR. ¿Qué hay que hacer para terminar con toda esta violencia? Ve a la escuela, es la sentencia.
—Soy un asesino —se lamenta Romeo—. Mi secreta esposa de mi amor desecho, ¿qué sentencia me han dado?
—¿Cómo puede alojarse un demonio —se pregunta Julieta— en cuerpo tan hermoso?
Cinco años de arresto domiciliario, por ser menor, delinque por primera vez y en defensa propia. Apenas inician su amor y no pueden estar juntos. Ambos lloran, sufren y los atraviesa el cuchillo de la separación en el alma. Deprimidos, angustiados y asustados, y toda su energía desbordando y especulando.
Amanece y la realidad vuelve a golpearlos. Qué triste serán los pasos de Julieta sin los pasos de Romeo, y besos y besos y besos para despedirse. Julieta llora, llora por Romeo y por el matrimonio que sus padres le arreglaron. Paris Cravioto será su esposo.
—Pero apenas lo conozco. No es lo mismo la pasión que una orden autoritaria del falso amor.
Su padre no es tolerante. Manifiesta la maldición de haber tenido una hija cuando ésta le afirma que no quiere seguir sus dictatoriales reglas, está a punto de pegarle y la corre de su casa pues él es un hombre de palabra. La madre interviene y Julieta recurre a ella para aplazar la ceremonia, sólo una semana.

— O será el sepulcro.
Julieta, Julieta… La nana le dice que se rinda y después, en los interrogatorios, se arrepiente de no haberla comprendido.
—Adiós, mi confidente —dice Julieta a su nana—, desde ahora mi corazón y tú se separan.
Julieta recurre al maestro Lucca. Sus padres le piden algo imposible y su sabiduría es su última esperanza, no cuenta con nadie y hasta su nana le ha dado la espalda. El maestro le dice que tal vez exista una solución, una solución desesperada para una desesperada solución. Atreverse a simular la muerte, desafiarla, y él le dará el remedio si ella se atreve a enfrentarla.
—Antes de casarme a la fuerza, haré lo que sea.
Una pócima que le detendrá el pulso, sofocará su aliento y la darán por muerta.
—Espero no equivocarme —dice el maestro, a toro pasado, lamentándose.
Julieta bebe el elixir y comienza a desvanecerse. Siente un frío que la recorre y se marea, se derrumba, su aliento se extingue y estira su cuerpo en defensa, alucina y sonríe diciendo:
—Romeo, pronto volveremos, volveremos a vernos.
Él se entera de su muerte por televisión, la causa fue un ataque al corazón, y desafía a las estrellas con impotencia en su dolor. No obstante, Julieta no está muerta, pero le llora la nana, sus padres y un empelado.
Y llora más la nana que la madre.

Padre y madre se culpan mutuamente, culpan al dinero y ella se derrumba; él la abraza en un consuelo que parece primigenio. El cuerpo queda solo y Romeo la observa. La despedida de la vida por la despedida del amor, él toma un brebaje y muere cuando ella comienza a despertarse, atestiguando el posterior y mortal instante. Descubre el veneno y quiere beberlo, pero él se lo ha bebido por completo. Lo besa para compartir un poco y descubre sus labios tibios, los labios tibios de su esposo. La decisión es una daga en el abdomen, y todo se vuelve rojo, rojo y rojo. El maestro los descubre, la impotencia, reflexiona y amargamente se lamenta.
—No tuvieron la paciencia para vislumbrar otras puertas.
El jefe de la policía lo acusa de encubrimiento, complicidad, fraude penal y homicidio imprudencial en segundo grado. Ya los jueces se encargarán de absolverlo o condenarlo.
—O usted dice cómo nos arreglamos.
Aplausos a los actores, a la dinámica dirección de Sandra Félix y su excelente adaptación en colaboración con Berta Hiriart y Ángeles Hernández. Aplausos a la producción.
El trabajo de Ana Isabel Esqueira es mágico, vivo y estéticamente preciso. David Calderón nos muestra con empatía el mundo interior de Romeo, intensidad y equilibrio. Carlos Orozco y Rodrigo Alonso vuelan auténticamente de un personaje a otro, de Jefe de la policía al Señor Capuleto y de Agente a Mercuccio. Israel Islas proyecta dos formas con personalidad y fuerza, y Andrés Weiss como contraparte de la timidez y la benevolencia. Mariana Giménez muestra enfática la presencia de la madre, una señora implacable. Teresa Rábago, la Nana, es natural y sensacional como siempre. Y Marco Antonio García asume la voz primera, moral, experiencia y ciencia, de la evolución dramática de esta extraordinaria puesta en escena.
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El caso Romeo y Julieta se presenta del 18 de junio al 26 de julio (jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19h y domingos a las 18h) en el Teatro Julio Jiménez Rueda, avenida de la República 54, colonia Tabacalera, Ciudad de México, a un costado del Monumento a la Revolución. Entrada Libre.
Informes: publicos.cnteatro@inba.gob.mx
Las tres fotografías que acompañan esta reseña fueron tomadas por La Jornada Semanal.
