Hablar de Art Déco es hablar de los años 20, pues fue a partir de la Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes de París en 1925, que surgió la corriente que tocaría cada disciplina del arte revelando a “la generación perdida”. París reconoció el estilo por vez primera, ya que los artistas pioneros de este movimiento lograron unir, mezclar y fundir influencias del art nouveau, constructivismo, cubismo y hasta del futurismo. Esto provocó la difusión y aceptación de la corriente a nivel internacional.

Así fue como en los años 30 tuvo su más grande auge en Estados Unidos, consecuencia de la Gran Depresión de 1929. Pero su llegada a este país no pudo ser más reveladora que en la ciudad de Miami, pues hoy es la ciudad con la concentración más grande de edificios Art Déco en el mundo, que se encuentra protegida por Miami Design Preservation League. Incluso se organiza el Art Déco Weekend todos los años, en aras de preservar y difundir el patrimonio arquitectónico.
La ciudad se apropió de la corriente en formas inigualables fundando el denominado Tropical Déco, que no sólo le es fiel al uso de colores pastel, líneas rectas y figuras geométricas en la arquitectura, sino que adoptó las palmeras y las luces neón. En conjunto, refleja completamente el objetivo intelectual de la corriente.

Para entender esto, debemos remontar al periodo entre guerras, tiempo en que la sociedad fundó un nuevo grito a la vida, debido a que la desesperanza de los enfrentamientos había también traído una revolución intelectual en que las pautas dictadas por los padres y abuelos ya no valían, donde la industria prometía brindar nuevas formas de vida y donde había que construir una sociedad del cambio. El Art Déco está plagado de mensajes; sus formas y elegante respuesta a una época donde todas las cosas parecían estar rotas, son espejo de la realidad. La corriente esperanzaba la búsqueda de una sociedad próspera, en cuyo núcleo se encontraba la fe en el cambio social; es la corriente del jazz, del glamour, del lujo.

Quien visite Miami deberá caminar en la cercanía de South Beach sobre Ocean Drive para tener un museo arquitectónico al aire libre. Miami es un distrito de luz, playa y vida nocturna, es lugar de lo auténtico, pues ha hecho suyas las figuras geométricas, los colores pastel, las luces neón, las palmeras y lo tropical para mantener viva una joya arquitectónica vigente a nosotros, que invita a hacer con el arte una nueva forma de ver al mundo.

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