¿Qué tanto significa desnudarse? Desnudarse es dejar atrás la vergüenza para ser libre por fin, para sentir que nada más importa. Estar desnudo en soledad o en compañía de alguien que amas con todas tus fuerzas es uno de los actos más puros y entregados.

Cuando estás con quien amas, no se necesitan palabras, le estás mostrando todo tu cuerpo para que intente, sin siquiera la más remota duda, poseer todo lo que hay en él.

Las parejas se desnudan al hacer el amor y cuando no lo hacen, saben con antelación que algo se ha perdido. Ya no son los mismos, ya no disfrutan el cuerpo del otro. No intentan penetrar la piel para mirar el alma. La magia se ha escapado.

Y de igual modo, desnudarse a solas es estar contigo, sin prejuicios, sin necesitar ropa para ocultar las imperfecciones; sin maquillaje que intente disimular las líneas torneadas ni la incómoda molestia que a veces sientes al mirar el espejo. Desnudarse es un acto de rectificación, de plena confianza y libertad.

Mario Benedetti sabía la importancia de una mujer desnuda al recitar:
“Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda”.
*Si quieres conocer más lecciones de Mario Benedetti sobre el amor, da click aquí

Y la ilustradora Adara Sánchez Anguiano, nacida en Sevilla en 1987, sabe lo hermoso que es desnudarse. Con una serie llamada “Take Off Your Clothes” y dibujos que retratan la sensualidad de quitarse la ropa poco a poco, el acto de desnudarse la sorprende. Un romance, asegura, con el cuerpo humano, una flecha de Cupido que siempre contempla ese gesto de intimidad que siempre ha querido guardar.


Gestos cotidianos de intimidad y sensualidad de un movimiento casual y efímero. Los individuos se exponen a desnudarse como si se tratara de un acto de rebelión, del ascenso de esa piel sobre la tiranía de la ropa, un acto de total libertad.

Y es que tal vez, la desnudez, como asegura Roque Dalton, es aquella que parece abrir todos los caminos imposibles:
“Tu desnudez derriba con su calor los límites, me abre todas las puertas para que te adivine, me toma de la mano como a un niño perdido que en ti dejara quieta su edad y sus preguntas”.
*Roque Dalton fue un gran poeta. Conoce su muerte trágica aquí.

Bocetos bien trazados que nos recuerdan a artistas como Egon Schiele, los torsos de sus personajes se doblan, se disfrutan entre las rosadas pieles que parecen haber acabado un tanto golpeadas por el roce propio. La ropa es casi inexistente, pero ahí está, sin dejarnos ver la gratificante figura desnuda de hombres y mujeres que se hacen líos mientras quieren salir de las ataduras que les ha impuesto la tela que los cubría.

Esas líneas de grafito parecen ser la encarnación de las venas y las arterias que existen detrás de lo que más que un dibujo, parece nuestro retrato mental de las horas de libertad listas para desnudarse. Y al final, las imperfecciones no importan. Los huesos que sobresalen se olvidan, esos excesos de piel ni siquiera se notan y lo que verdaderamente es relevante es por fin estar como llegamos al mundo en un acto de volver a los orígenes. ¿Quién necesita ropa cuando se posee el espíritu más fervoroso del planeta?.










Las señoritas ya no somos tal y por supuesto, nos encanta nuestra desnudez. Las fatalidades de las curvas femeninas en las ilustraciones de Giuseppe Cristiano son un ejemplo, pero si quieres adentrarte en los dibujos más eróticos en la historia del arte, conoce a Egon Schiele.

