El artista que redefinió la fuerza y la violencia de las mujeres heridas
Arte

El artista que redefinió la fuerza y la violencia de las mujeres heridas

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Por: Carolina Romero

5 de septiembre, 2017

Arte El artista que redefinió la fuerza y la violencia de las mujeres heridas
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5 de septiembre, 2017

“Mujeres condenadas”


En la arena tumbada, cual recua pensativa,

hacia los horizontes del mar sus ojos vuelven,

y con los pies se buscan y sus manos cercanas

desmayos dulces tienen y temblores amargos.


Unas, almas prendadas de largas confidencias,

en el fondo del bosque donde arroyuelos cantan,

de niñeces medrosas el amor deletrean

y graban en el tronco de verdes arbolillos;


las otras, como monjas, marchan lentas y graves

a través de las rocas de apariciones llenas,

donde vio San Antonio surgir sus tentaciones

con los pechos desnudos y purpúreos, cual lavas;


las hay, que al resplandor de chorreantes resinas,

en el mundo agujero de los antros paganos,

te llaman en ayuda de sus aullantes fiebres

¡Oh Baco, que los viejos remordimientos duermes!


Y hay otras, cuyo cuello ama el escapulario,

que, escondiendo el cilicio bajo sus largas ropas,

mezclan en los boscajes, las noches solitarias,

la espuma del placer y el llorar del tormento.


¡Oh mártires, oh vírgenes, oh demonios, oh monstruos,

cuyas almas tan grandes la realidad desprecian,

satiresas, devotas en busca de infinito,

ora llenas de gritos, ora llenas de llantos,


a vosotras, que mi alma persiguió en vuestro infierno,

amo, pobremente hermanas, y a la par compadezco,

por vuestras tristes penas, vuestra sed insaciable

y las urnas de amor que vuestros pechos colman!


—Charles Baudelaire


Hay mujeres que están condenadas, que nacieron malditas. Mujeres a las que el amor las llevó a un abismo sin salida, que perdieron la cabeza, que enfermaron y murieron por ser presas de una obsesión. Esas mujeres han existido siempre y en las pinturas de John William Waterhouse aparecen todas ellas. Éstas son sus historias:


"La dama de Shalott" pertenece a una trilogía sobre esta mujer a quien su amor imposible por Lancelot le trajo desgracia. Encerrada en una torre, Elena se encontraba tejiendo todo el tiempo sin mirar a otro lugar. Una maldición le habría advertido no mirar hacia Camelot, de lo contrario, caería sobre ella un terrible presagio. Sin embargo, un mal día, vio el reflejo de Lancelot, de quien cayó terriblemente enamorada. Elena baja de la torre y va en su búsqueda.


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En la primera pintura podemos ver a Elena aún en el telar, viendo de reojo hacia el espejo. Ya en la segunda se encuentra en la barca y parece estar en una especie de trance; está completamente vulnerable, parece un poco temerosa. También se ven las telas que ha tejido, una vela a punto de apagarse y un crucifijo.


A Circe, diosa y hechicera de la mitología griega, la vemos completamente absorta mirando la poción que tiene en sus manos. Se encuentra envenenando el agua para convertir a Scylla en un monstruo. No es la única vez que esta figura aparece con una poción en la mano, otra representación de La Odisea la muestra mientras ofrece a Ulises una poción. A lado de ella yace un cerdo haciendo alusión de los tripulantes que convirtió en ese animal. Poderosa y vengativa, la personalidad de Circe se muestra de manera indómita.


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Enamorada de Hamlet, Ofelia es una mujer cuyas emociones y decisiones son manipuladas por su hermano y padre. Tras la muerte de este último, derivada de una confusión de la que ella formó parte, cae en una especie de locura.  Vemos cómo Ofelia yace en el piso en una especie de desmayo, tocándose la cabeza como señal de desconcierto. Las flores alrededor indican la fragilidad de la mente de la mujer, que ahora se encuentra extraviada en sus propios pensamientos.


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 Desde niña su rebeldía la hizo ir contra las leyes; debido a protestar contra la prohibición del cristianismo, fue torturada. Por ello se convirtió en una mártir religiosa que fue reconocida como Santa Eulalia. Vemos en la pintura cómo la nieve blanca va cayendo sobre la escena, signo de purificación divina. Ella no se muestra ensangrentada ni lastimada, probablemente fue la intención del pintor para escenificar la fe inquebrantable de la joven que, pese a las torturas, no desistió de su fe.


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La enamorada Julieta, protagonista de la consabida historia de William Shakespeare, es escenificada por Waterhouse con una extrema sencillez que no le hace perder significado y profundidad. Mirando hacia la nada, perdida en sus pensamientos, Julieta toma con fuerza su crucifijo, probablemente temiendo lo que vendrá.


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El amor por Teseo la llevó a seguirlo, sólo pare descubrirse después abandonada por él. Ariadna aparece con una túnica roja —señal quizá del deseo que la llevó a cometer tal acto amoroso— y con un seno al descubierto. Debajo de ella dos leopardos; uno dormido y otro que parece acecharla. El barco de su amado traidor zarpando al fondo.


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 Tisbe se enamoró de Píramo desde que eran niños aunque sólo se podían comunicar por una grieta en la pared. Cuando ambos deciden escapar de sus casas para encontrarse, él halla el manto de su amada manchado de sangre y asume que un león la ha devorado. En realidad ella estaba escondida. Ignorándolo, Píramo se da muerte y al encontrarlo, ella también lo hace.


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Pese a la diferencia entre sus historias, todas estas mujeres comparten algo en común: son presas de un destino siniestro que les ha impedido la felicidad. El amor y la traición son para ellas un par indisoluble, casi sinónimos. Se trata de mujeres quienes han amado lo suficiente como para perderlo todo; se han entregado por completo para caer en la locura y la muerte.


También todas son hermosas y, aunque extraviadas en el infortunio, tienen una fuerza absoluta con la que se han quedado para siempre incrustadas en la historia, no sólo de la literatura sino en el ámbito emocional.


A diferencia de otros pintores, Waterhouse no tuvo mucho problema para vivir de su arte. Gozaba de cierto reconocimiento y desde niño —pues sus padres eran artistas— vivió rodeado del ambiente. Sin embargo, pese al prestigio de sus obras, luego de la Primera Guerra Mundial su fama cayó con el advenimiento de las vanguardias.


Si bien es cierto que su carrera artística estuvo llena de evoluciones —desde el neoclasicismo victoriano hasta su desenvolvimiento en el simbolismo—, la mayor parte de sus obras son pinturas inspiradas en mitología clásica y literatura británica. Su técnica principal fue óleo sobre lienzo. 


Luego de diez años de matrimonio conoció a la musa más famosa de sus pinturas. Aunque no hay una manera de comprobarlo, se dice que era una estudiante de enfermería. Su nombre era Muriel Foster, con quien se dice mantenía un idilio secreto. El amorío sería un escándalo pues, además de que él estaba casado, ella tenía sólo 15 años. ¿Sería Muriel una mujer cómo éstas?, ¿también ella habría estado loca por amor? Probablemente, quizá de ahí el éxito sobre sus lienzos.


Si quieres saber más sobre pinturas, descubre a los pintores que no recordaríamos sin el escándalo y mira cómo los dragones también forman parte de la historia del arte.


Referencias: