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La belleza de lo cotidiano en el arte de Norman Rockwell

Arte La belleza de lo cotidiano en el arte de Norman Rockwell


Subestimamos el día a día, tal vez. Estamos tan acostumbrados a la vida en familia, al trabajo; a veces agotante, al camino de vuelta a casa atorados en el tráfico o sentados en el autobús frente a la misma mujer gorda y mal encarada. Todos nuestros días parecen ser iguales.

El inicio de prácticamente todo es bello, desde la vista plagada de edificios que adorna nuestra habitación a través del ventanal, hasta el rostro con el que nos topamos al despertar. Pero con la costumbre… ¡Qué con la costumbre todo lo vuelve hueco! Lo nuevo es emocionante, envuelve en una incertidumbre que nos mantiene al filo de la navaja, con los ojos siempre bien abiertos y a la expectativa. ¡Cómo cautiva lo desconocido! ¡Y cómo nos va desencantando conforme lo vamos conociendo! Pero por más que nos enfrasquemos en esa idea de tener una vida repleta de novedades y de primeras veces, y aunque las películas y las series no se cansen de mostrarnos vidas plagadas de experiencias increíbles, la existencia, por mucho que nos pese decirlo, es lo cotidiano. Y nos acostumbramos tanto a los acontecimientos que llenan nuestros días que olvidamos ver la belleza en ellos: en las cosas de nuestra pareja esparcidas a lo largo y ancho de nuestra habitación, en la mamá móvil que carga con las discusiones inocentes de tres niños de seis años, en los ojos de un abuelo mientras cuenta sus historias pasadas, quién sabe, en todo lo que a diario vemos y olvidamos observar.

Norman Rockwell, el ilustrador Neoyorkino, era un verdadero especialista en la labor de captar lo hermoso dentro de lo común, de lo imperfecto: desde un viaje en tren, hasta un ojo moreteado.

“Cuando voy a granjas o a pequeños pueblos, me sorprende encontrarme con tanto descontento. Y Nueva York todo el tiempo ha mirado al otro lado del océano intentando imitar a Europa. Y todos nosotros, que nos concentramos en lo que no tenemos, estamos perdiéndonos de vivir”.

Teenage mom

El personaje principal de este artículo nació en 1894 y se despidió del mundo casi 90 años después, en 1978. Un hombre que ganó el afecto de su público por retratar lo habitual con un toque de sarcasmo. Un cínico, humorístico. Tras una larga carrera como el ilustrador principal del Saturday Evening Post, Rockwell se convirtió en el símbolo clásico del ilustrador norteamericano.

 “Mi objetivo era el de interpretar al Americano típico, contar una historia”.

Un artista prolífico. A lo largo de su carrera realizó más de 4,000 obras e ilustró más de 40 libros, incluyendo Las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Pintó también seis imágenes para la publicidad de Coca-Cola. Sí, el famosísimo Santa Claus fue ilustrado por él. En fin, de todo: panfletos, catálogos, posters de películas, portadas de libros, estampas, tarjetas y murales.

Strong

Al inicio de su carrera su sello personal fueron las emociones infantiles. En sus obras destacaban siempre detalles propios del carácter de los niños: juegos, discusiones, comida, risas, lágrimas. Todas esas emociones que ellos viven en magnitudes exponenciales.

Su temática, en su mayoría, fue tierna y amable, algo que normalmente no es de mucho agrado por parte de la crítica. Familias reunidas, viajes en convertibles, parejas de enamorados, niños a punto de ser inyectados por el médico. Todo esto siempre mostrando personajes con expresiones exageradas, lo que le da un toque jocoso a su visión de la sociedad estadounidense. Este observador parecía estar realizando de manera perpetua un estudio del mundo en el que vivía, pero siempre en modo de burla.

  Train

“Me encanta cuando recibo cartas de admiradores. Y, claro, también me encantaría que por una vez los críticos se fijaran en mí”.

Como todo lo que se vende en masas, el arte de Rockwell jamás gozó del agrado de la crítica. Lo cual derivó al adjetivo Rockwelesco: una imagen idealizada y poco verídica. Por lo que no fue considerado un artista serio por sus contemporáneos; lo bautizaron ilustrador en lugar de artista. Denominación que a él jamás perturbó.

“Muchas personas han sido lo suficientemente amables como para llamarme un buen artista. Yo siempre me he considerado un ilustrador. No sé cuál sea la diferencia. Lo único que sé es que, lo que sea que hago, intento hacerlo lo mejor posible. El arte se ha convertido en mi vida”.

The problem we all live with

Ya para los años sesenta y setenta Rockwell retomó su visión crítica y mordaz del mundo y lo reflejó en su arte. Denunció principalmente el racismo y abogó por la inclusión de las minorías. Fue así que comenzó a ganar atención por parte de la crítica con The Problem We All Live With (El problema con el que todos vivimos), que trata de la desigualdad de razas a raíz de la integración racial en las escuelas elementales. El cuadro enmarca a una niña de raza negra, Ruby Bridges, siendo escoltada por tres federales en su camino a la escuela y pasando frente a un muro con grafiti racista. La obra fue expuesta en la Casa Blanca cuando Bridges conoció al Presidente Obama en el año 2011.

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 “Nunca tendré el tiempo suficiente para ilustrar todo lo que me gustaría ilustrar”.

 Su manera, tan cínica y audaz de retratar lo cotidiano lo convierte en un ilustrador que logró trascender las barreras del tiempo y el espacio para enseñarnos a mirar los pequeños detalles del día a día. Esos que la costumbre nos impide ver con nitidez, pero que le dan a la vida ese saborcito, distinto, agridulce.

Norman Rockwell   


Referencias: