La representación del infierno, la muerte y la podredumbre humana han sido visiones recurrentes en la producción de artistas de todos los tiempos. Sin importar la corriente, vanguardia o técnica, los grandes artistas dejan escapar a sus propios demonios en una reinterpretación de los escenarios más oscuros que inquietan las mentes de los mortales.
Según The guardian, a través de su sitio de Internet, estas son las mejores pinturas de miedo en la historia del arte:
1. Infierno, Hans Memling, c1485

Un demonio andrógino aparece en primer plano, también, es un dragón y un perro. Es una criatura que danza mientras se quema en el fuego eterno del infierno. Memling ofrece una visión de quienes lo habitan, y deja leer, en una bandera que sostiene el demonio: “En el infierno no hay redención”. Una tajante aseveración que sacrifica la esperanza.
2. La pesadilla, Henry Fuseli, 1781

También conocida como El íncubo, esta obra del pintor suizo es la más famosa después de varios intentos de Fuseli sobre la misma. La pintura muestra a una mujer dormida poseída por un demonio íncubo, un tipo de demonio que se presenta en los sueños eróticos; de frente aparece la cabeza de un caballo que observa el acto. Es la pesadilla más popular en el arte, pues conjuga las insinuaciones de violación, bestialidad, el vouyerismo y un sacrificio.
La mujer, se sabe, es una representación de Anna Landoldt, la gran pasión del pintor.
3. Silla eléctrica, Andy Warhol, 1964

Una pieza del célebre artista pop, fabricada en 1930, simboliza la idea de la muerte sobre la que Warhol se inspiraría para crear una serie de obras alrededor del tema. Es un modelo que emula el popular instrumento de tortura. Fiel a su personalidad excéntrica, el artista vio en la silla un objeto creativo de “humor negro”, y la usaría años más tarde en su película Flesh for Frankenstein (1973).
“Todo lo que hago está relacionado con la muerte”, comentó Warhol.
4. El Fantasma de la Pulga, William Blake, c1819-20

El poeta y pintor inglés William Blake deja en claro sus visiones fantásticas en una obra protagonizada por una especie de coloso mitad humano, mitad bestia, acompañado por una pulga que camina entre sus pies y es, se piensa, la encarnación del coloso.
Una estrella puede verse en la composición de esta extensión del pensamiento de Blake, la que perdió su color original, un brillante azul, y se ha pintado de un amarillo más opaco.
Según Blake: “los seres humanos a veces son confinados al tamaño y forma de insectos, pues están tan sedientos de sangre que si tuviesen el tamaño de un caballo beberían tanta que despoblarían a una gran parte del país”.
(The Guardian, 19 abril 2003)
5. Saturno devorando a su hijo, Pedro Paul Rubens

Considerada el antecedente de la pintura del español Francisco de Goya, Rubens representa a Saturno, quien para evitar que se cumpliera la profecía, según la cual sería derrocado por uno de sus hijos, devoraba a todos los que nacían de su unión con Rea. Sin embargo, ésta logró dar a luz en secreto a Júpiter quien más tarde consiguió derrotar a su padre en una larga contienda, sucediéndole en el reino y convirtiéndose en señor de todos los dioses, devorando a su propio hijo arrancando, no la cabeza, sino el pecho tierno del bebé a mordidas. Un canibalismo de los dioses.

