En un diálogo de luz y sombras, de movimientos electrónicos que permiten la visibilidad de lo orgánico —o viceversa–, se encuentra uno de los nombres más significativos para el campo de la innovación tecnológica en el mundo, ese que encuentra en el arte, el diseño y el espectáculo sus formas e inspiraciones: Moritz Waldemeyer. Un artista londinense que a través de los años ha sabido adueñarse del espacio y, a partir de los rastros de luz, demostrar que éste es tan permeable e infinito como se pretenda; un hombre que hoy se alza como el personaje de mayor trascendencia para el cruce entre ciencia, estética y medios.

De impresionante currículum, podemos resumir que tuvo su debut en el diseño produciendo un candelabro interactivo para Swarovsky y Ron Arad, además de haber colaborado para Hussein Chalayan y Zaha Hadid. Una de sus piezas forma parte de la colección permanente en el MoMA y ha contribuido a un sinfín de proyectos (tanto artísticos como mediáticos) alrededor del planeta; sus instalaciones han sido objetos de exhibición y publicidad para Audi, Bombay Sapphire y Microsoft, no sin antes mencionar que sus creaciones lumínicas también se han utilizado para shows de U2, Rihanna y los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
“Los humanos han tenido luz para llenar ese vacío que significa la oscuridad desde hace mucho tiempo. Antes estaba el fuego, después llegaron otras tecnologías que nos han permitido escapar de lo oscuro y quizá de ahí nuestra fascinación por ella. Somos los únicos seres vivos que lo pueden hacer”.
—Moritz Waldemeyer
Los intereses y visiones interdisciplinarias que Moritz ha desarrollado desde sus inicios, los cuales se han nutrido en todo momento por el fashion, la industria, la experimentación artística, los comportamientos del hombre y la diversificación de la cultura, emplazan la respuesta adecuada para las urgencias creativas del siglo XXI en un lenguaje tan complejo, pero a la vez tan natural, que su artificialidad pierde protagonismo ante nuestros ojos.


En conversación con Cultura Colectiva, cortesía de Johnnie Walker, Moritz nos platica de sus principios y narra el primer acercamiento que tuvo con dos tecnologías en las que rápidamente vio un potencial extraordinario para la creación: luces LED y microcontroladores. Dos instrumentos que en conjunto asombraron al artista con los grandiosos efectos que se despliegan al jugar con ellos; lo que ha supuesto un esfuerzo constante de su parte para desarrollar y aprender de los softwares indicados, además de contribuir al perfeccionamiento de este avance científico.
“La gente reacciona ante la luz. Sobre todo ante esa que se mueve, porque lo estático ha quedado atrás”.
—Moritz Waldemeyer
Waldemeyer no titubea al decir que en ese paso de descubrimientos e innovaciones, él fue lo suficiente afortunado como para encontrarse con esa posibilidad antes que muchos y destacarse como el primero en producir luces animadas, instalaciones de luz móvil, entre otras cosas, gracias a su visión siempre oscilante entre la electrónica y arte.


Ante la pregunta por la luz y su conexión con la oscuridad, como esa antítesis necesaria que permite cualquier teoría, Moritz expone su particular punto de vista al respecto y se refiere a la primera como esa probabilidad de llenado, de erradicación, frente a lo tenebroso. Su fascinación con ella es una herencia del fuego, de la capacidad humana por generar el escape no sólo físico, sino estético e intelectual de la noche. Como un hombre de la caverna –en la alegoría platónica–, el espectador se asombra ante la aparición de la luz porque gracias a las sombras provee de apariencias sensibles, de engaños, si se le quiere ver así, pero también muestra atisbos de iluminación, de realidad completa.
Waldemeyer reconoce en el ser humano una conexión emocional con la luz sin comparación, un afecto con ese sentimiento de seguridad y huida, que a la vez se une en extremo con otro de los conceptos básicos para su obra: el movimiento. El cual hace que lo lumínico sea aún más importante (o impresionante) cuando se traslada; el vínculo anímico y sensitivo del hombre se aumenta al percibir no sólo a una claridad, sino a un fulgor que se desplaza.

Punto de especial consideración, ya que al tomar estas nociones en el pensamiento creativo de Moritz es que Johnnie Walker lo invitó por un periodo a México, para colaborar en una de sus campañas y crear los anuncios panorámicos que hoy hacen del horizonte urbano una alternativa estética, mas no una exclusiva tarea de mercado.
“Es increíble lo que logras cuando amas lo que haces”.
La importante firma de whisky que nos incita a nunca quedarnos estáticos, a siempre seguir adelante, encuentra lazos primordiales de su filosofía con las inquietudes artísticas de Waldemeyer; por esa razón, lograr una fotografía publicitaria que capturara la energía y el movimiento en el trabajo del inglés para los estándares de belleza en la marca, fue primordial en la trascendencia de Johnnie Walker como un sello empresarial a verle como lo que en realidad es, una fusión de placeres, sentimientos y satisfacciones.

El anillo que creó Moritz para la experiencia mexicana de lo que significa beber whisky, es una figura lúdica que se remonta a la época en que el John original, en una de sus largas caminatas, era rodeado, incluso invitado podríamos imaginar, a jugar por los prados con una vara que empujara alegremente un aro hacia delante. Con el mismo enfoque, añadiendo luz y renovaciones técnicas, Waldemeyer logró un proceso de continuidades y pasiones que enaltecen la satisfacción de mantenerse en el camino, de ubicarse como el movimiento en sí y de disfrutar el ponerse metas para tener senderos por recorrer.
Cada vez más plataformas y disciplinas se integran a la nueva campaña de Johnnie Walker México, como Co-creation Studio, cuyo objetivo es mostrar a la gente que sin importar a lo que se dedique o el ámbito de desarrollo personal que elija, logrará cosas increíbles si disfruta al máximo cada paso en el camino. Mediante la exposición prolongada de la toma, las luces que emite el aro al ser girado dibujan en el lente de la cámara la inconfundible figura del caminante que ha distinguido a Johnnie Walker por casi 200 años. La campaña Co-creation Studio mostrará en diversas plataformas el trabajo realizado por Moritz para demostrar a las personas que el mejor camino al éxito y la satisfacción personal es disfrutar lo que hacen y seguir sus pasiones.

