Tocar fondo a veces es necesario, olvidar los “yo nunca”, recurrir a quien menos imaginabas, perderte en el silencio de tus propias palabras, odiar tu reflejo en el espejo, olvidar quién eres. Todo eso es necesario cuando no encuentras la forma de volver a la realidad. Sentir, tocar, disfrutar y provocar son parte de la vida, pero hay quienes confunden el hecho de respirar con el de vivir. El sexo por ejemplo, además de ser una forma de conservarnos como especie, es una fuente de múltiples recursos; los cuales son más importantes de lo que crees. Energía, poder, satisfacción, plenitud, paz, relajación, amor, equilibrio y placer son algunos de los motivos por los que las relaciones sexuales son tan poderosas, por lo menos cuando son parte de un compromiso verdadero. Sin embargo, forzar a tu cuerpo a desear, a tu mente a fantasear y a tus sentidos a complacerse es prácticamente imposible. La satisfacción llega de estímulos sexuales inesperados, con las expectativas se viene abajo el placer y sólo a partir de lo inexplicable, poco convencional, nuevo y desconocido se reinventa el gozo que la rutina y la normalidad arrincona.

*12 dramas mexicanos que puedes ver en NetflixDe esos estímulos sexuales inesperados trata “Afternoon Delight”, la película de Jill Soloway, quien se encargó de retratar de una manera muy limpia y fluida el hartazgo de una mujer que no encuentra razón alguna para entregarse físicamente a su esposo. Jeff y Rachel son los integrantes de una familia, bastante normal, que nadie imaginaría que está a punto de quebrar. Pero la realidad es que Rachel no siente nada más que un impresionante aburrimiento que la lleva a buscar una motivación para volver a intimar con su esposo. Ésta surge de la forma más impensable posible.
Para salir de la rutina esta pareja, junto con otro matrimonio, deciden visitar un centro de entretenimiento nocturno donde algunas bailarinas danzan. Casi al final de la noche, Rachel acepta un baile privado que su propio esposo le regala. Sorprendida y paralizada por lo que una adolescente semidesnuda le hace sentir durante un baile sin casi ningún contacto, sale confundida y desesperada del lugar. A la mañana siguiente, lo que pudo haber quedado en una mala noche, se convirtió en el inicio de una obsesión con McKenna, la bailarina de 20 años que excitó a la protagonista de este filme.
*Películas que pondrán a prueba tu amor por el cine porque duran más de 200 minutosLastimosamente, como suele pasar cuando uno se enfrenta a algo nuevo, no pasan muchos días para que la situación se salga de control. McKenna tiene relaciones sexuales con el esposo de una de las amigas de Rachel y nadie deja de culparla por haber sido capaz de darle asilo a una prostituta. De ese evento parten otros que disuelven su matrimonio por completo. Entonces, la frustración que el inalcanzable placer le provocaba a Rachel se vuelve tristeza y el aburrimiento se convierte en soledad.La pareja decide separarse momentáneamente y durante ese tiempo de resignación Rachel descubre algo nuevo. La tranquilidad también es parte del placer y la satisfacción; ahora que se encuentra en paz, después de ponerle fin a sus experiencias con la adolescente y mientras su esposo y ella se alejan para poner sus ideas en orden, todo se esclarece en la mente y el alma de Rachel. Después de algunas semanas separados ambos se dan cuenta de los errores cometidos debido a sus imperantes ganas de sentirse satisfechos sexualmente.
No sólo esta pareja, sino varias de las que vemos a lo largo de esta cinta, muestran la facilidad con la que el deseo carnal y la estimulación se malgasta con el paso de los años, se pierde en la nada, se olvida en un rincón y se descuida sin dosificación alguna. Contrario a lo que se piensa, la cotidianidad de una familia modelo es lo último que rescata a una pareja del hartazgo emocional y por supuesto del estancamiento sexual.
La realidad que “Afternoon Delight” nos muestra no es más que la verdadera esencia del ser humano en pleno desarrollo. Lo que muchos considerarían inconveniente, morboso, innecesario, exacerbado, obsceno o indecente, para otros es lo único que faltaba para completar la dicha de sentirse y saberse libres. La incitación sexual aparece de múltiples formas, tamaños y colore; los límites de la excitación son subjetivos y la intimidad es tan personal como el propio pensamiento.
Lejos de sentirnos culpables porque un escalofrío recorrió nuestra piel al vivir una experiencia totalmente nueva – y que en otro momento habríamos desaprobado-, debemos prestar atención a todo lo que despierta a nuestros sentidos genuinamente. Los estímulos sexuales son inesperados, únicos y efímeros, no hay que desaprovecharlos.
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