En la década de los 50 había más de 200 mil leones en todo África, hoy sólo quedan 25 mil. En los últimos 21 años se han perdido el 42 % de los ejemplares del Rey de la selva. Tan sólo el año pasado el león Cecil, una de las principales atracciones turísticas del Parque Nacional Hwange de Zimbabue, fue cazado por dos norteamericanos. Walter Palmer, uno de los verdugos del animal, dijo que no cree haber hecho algo malo pues tenía los permisos necesarios para matar a uno de los animales que pertenece al grupo de los big five.
Un cuidador del parque comentó que al matar a Cecil “no sólo se acaba con el líder de una manada conformada por tres hembras y cachorros, sino también con la mitad de su familia, porque su descendencia no sobrevivirá a la llegada de un nuevo macho”.
Así terminó otro caso de impunidad animal que seguirá vigente hasta que se extingan los animales, porque al parecer, los humanos nunca cambiarán.

Después de saber la historia es normal que tengan sentimientos de furia o que la palabra “venganza” retumbe en sus cabezas. Es natural porque nosotros sí somos conscientes de la importancia de la vida y naturaleza. Por eso y para tratar de calmar aquellos sentimientos sin llegar a la frase “sangre por sangre”, te contamos sobre una película donde los animales se cobraron un poco de todo los males que le han hecho.
El largometraje “Roar” (1981) se jacta de ser el rodaje más peligroso y sangriento de la historia porque más de 100 leones casi le quitan la vida a 70 personas.
La historia de la filmación de “Roar” es casi una leyenda. Todo inició cuando Noel Marshall, productor de “The Exorcist”, viajó a África durante el rodaje de una película. Él y su esposa, la actriz Tippi Hedren, participaron en varios safaris sin imaginar que quedarían enganchados con la belleza del paisaje y, sobre todo, con la fuerza de los felinos. Cuando vieron un santuario de leones surgió la idea de rodar una cinta con el animal más feroz de la sabana como protagonista. Así emprendieron una odisea salvaje que duraría 11 años.
“Todos los involucrados sufrieron algún ataque sangriento por parte de los leones y tigres —sí, también tuvieron la grandiosa idea de criar a tigres, jaguares y panteras—. Poco más de 70 zarpazos, mordidas o persecuciones que terminaron con una herida casi mortal”
Cuando regresaron a casa comenzaron a planear la forma de rodar con aquellas bestias sin morir en el intento. Descubrieron que los grandes felinos son extremadamente territoriales y nunca se llevan con otros humanos excepto con sus criadores. De modo que comenzaron a adoptar y criar leones en su hogar y durante seis años la familia compartió comida y lecho con una creciente manada de leones.
Con el paso de los años, la familia llegó a tener más de 100 ejemplares, por lo que decidieron dejar su mansión de Beverly Hills y mudarse a una reserva natural a 40 millas de Los Angeles. Ahí comenzaron a rodar su anhelada película.

Como el proyecto consistía en grabar de manera íntima la vida de los felinos, muy pocas personas aceptaron trabajar con Marshall, excepto un director de fotografía europeo que acababa de llegar a Estados Unidos y necesitaba alguna forma para sostenerse. Aquella decisión le costaría casi la vida.
Así fue como “Roar” tuvo de elenco a la familia de Noel Marshal y Tippi Hedren. Lo que siguió fueron los 5 años de rodaje más aterradores y peligrosos que se haya observado en Hollywood. Todos los involucrados sufrieron algún ataque sangriento por parte de los leones y tigres —sí, también tuvieron la grandiosa idea de criar a tigres, jaguares y panteras—. Poco más de 70 zarpazos, mordidas o persecuciones que terminaron con una herida casi mortal.
El director de fotografía, Jan de Bont, recibió un zarpazo en la parte trasera de la cabeza que casi le arranca el cuero cabelludo. Recibió 220 puntos.

Tippi Hedren, la actriz principal, se fracturó una pierna y recibió varias heridas profundas en la cabeza. Melanie Griffith, quien en ese entonces era una joven actriz emergente, fue atacada por un león, tras lo que debió recibir 100 puntos en la herida y una cirugía reconstructiva. Por su parte, el director y protagonista Noel Marshall fue herido tantas veces que terminó hospitalizado con gangrena.

Las dificultades de controlar a tantos animales en un espacio reducido comenzó a costar demasiado dinero. Los inversionistas se retiraron y la pareja tuvo que invertir 5 millones de dólares de su propio bolsillo. Finalmente, “Roar” se estrenó en 1981. El presupuesto total fue de 17 millones de dólares. En la taquilla recaudó sólo $2 millones.
Aunque el material fílmico no fue tan popular en su estreno, por la odisea que hicieron sus participantes y todas las cruda escenas de violencia humana, “Roar” se convirtió en un largometraje de culto. El año pasado se reestrenó en salas norteamericanas y se hizo una gran campaña publicitaria para tratar de remendar un poco todas las heridas y experiencias cercanas a la muerte.
–
Después de ver los infortunios de Noel Marshal y su familia, queda claro que también hay personas que aman tanto a los animales que arriesgan su vida.
El caso de “Roar” y la caza de Cecil son los polos opuestos de la convivencia salvaje. Lo mejor es estar en el punto medio, donde ambas especies se respeten a sí mismos a pesar que de la arraigada idea de que la maldad es parte fundamental del ser humano.

