Si tienes un poco de dinero extra y te gustaría tener una sala de cine únicamente para ti, tus amigos, familia o pareja, o si disfrutas ir al cine solo, quizás este sea el sitio ideal que buscas. No es un espejismo, es en realidad un cine abandonado al aire libre “en medio de la nada”, y más en específico en algún lugar remoto de la Península de Sinaí, en Egipto, colindante en el norte con el mar Mediterráneo, al este con la frontera de Israel, al sur con el mar Rojo y al oeste con el istmo de Suez.

Esta sala de cine se construyó hace aproximadamente 15 años por iniciativa de un francés anónimo, quien fue interrumpido por las autoridades de Egipto justo cuando el autor de este proyecto había regresado de París a Sinaí con más recursos para completar su excéntrica construcción. En efecto, consiguió más fondos para el proyecto, al igual que alrededor de 150 butacas y el equipo necesario desde el Cairo, por ejemplo, un descomunal generador de electricidad que pondría en función la gigantesca pantalla.

Después de la fracasada premier en la que fue saboteado el generador eléctrico, el “Cine del Fin del Mundo”, capturado por el fotógrafo estonio Kaupo Kikkas, sigue perdido e intacto, no obstante visible en Google Maps, en medio del desierto de Sinaí, sin haber podido proyectar ni una sola película al público.

Este extraño complejo se integró entonces a la lista de las salas de cine abandonadas por el hombre. Por mencionar algunos ejemplos, existen tres conocidos cines que están actualmente solos y en espera a ser remodelados. El primer cine de Estados Unidos abrió en Nueva York el 23 de abril de 1896. El fotógrafo estadounidense Matt Lambros decidió mostrar el abandono y la decadencia de las grandes salas cinematográficas de esta ciudad a través de los vestigios y ruinas que son ahora.
El Cine y Teatro Shor, inaugurado en junio de 1925, tenía capacidad para dos mil 387 personas. Al principio, además de exhibir películas, también funcionaba como teatro.

Otro recinto, el Teatro Kings, con capacidad para tres mil 676 personas, abrió por primera vez sus puertas al público en septiembre de 1929 en Brooklyn. Éste fue abandonado en agosto de 1977, ya que la baja clientela no cubría los altos costos de mantenimiento.
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Por último está el teatro de la calle 46, abierto por primera vez, y con más de 25 mil personas, en octubre de 1927 bajo el nombre “Teatro Universal”. Con dos mil 675 localidades, el arquitecto John Eberson diseñó el primer teatro “atmosférico” de Nueva York, es decir, el interior estaba decorado con fuentes y cercas ambientadas de jardines. En efecto, el techo se cubría con nubes de un azul brillante. Sin embargo, en los años 40, el cine fue abandonado ya que el equipo de proyección se averió. Hasta 1974 el cine de la calle 46 fue vendido a una mueblería que lo usó para almacenar parte de su inventario.
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